Contra la “libertad religiosa” en las escuelas públicas


En la presentación del libro "El Estado laico y sus malquerientes", del maestro Carlos Monsiváis, el 4 de diciembre de 2008 durante la Feria Internacional del Libro (FIL), de Guadalajara.
En la presentación del libro “El Estado laico y sus malquerientes”, del maestro Carlos Monsiváis, el 4 de diciembre de 2008 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

 

 

Carta publicada en Proceso n. 1843, 26 de febrero de 2012, p. 80.

Una lectora cita a Monsiváis

Señor director:

Le agradeceré publicar esta carta en la sección Palabra de Lector.

Ante el creciente rechazo a la reforma del artículo 24 constitucional, que pretende cambiar los conceptos de libertad de creencias y de culto por el de “libertad de religión” –modificación que atentaría contra el Estado laico y nuestro régimen de libertades–, surge la siguiente pregunta: ¿cuál habría sido la postura de Carlos Monsiváis ante dicho cambio constitucional? A manera de antología, cito algunas de las “respuestas” del célebre escritor mexicano:

Carlos Monsiváis, en su libro Autobiografía (publicado en 1966, cuando tenía 28 años) registró los signos de intolerancia religiosa en su paso por la escuela pública: “Pertenezco a una familia esencial, total, férvidamente protestante […]. Las razones migratorias de mi familia, en ese éxodo atroz de los cuarenta (del estado de Zacatecas a la Ciudad de México), fueron religiosas […]. Mi verdadero lugar de formación fue la Escuela Dominical. Allí, en el contacto semanal con quienes aceptaban y compartían mis creencias, me dispuse a resistir el escarnio de una primaria oficial donde los niños católicos denostaban a la evidente minoría protestante, siempre representada por mí…” (pp. 6-7).

Al denunciar la discriminación de que son objeto las minorías religiosas, el maestro Monsiváis se proyecta asimismo: “Provengo de una familia con la religión en el centro y una conciencia muy viva de los significados de la disidencia religiosa en México […]. Entre nosotros era muy profunda y, por así decirlo, histórica la noción de pertenencia, porque te la agudizaba al acoso, el rechazo a tus creencias y a las de los tuyos, y con frecuencia la negación de tu humanidad. Ahora, la libertad de creencias, de cualquier modo y pese a los hostigamientos de la Iglesia católica, es un hecho irreversible. Hay millones de protestantes en México, no veintenas de miles, como en mi niñez […]. En mi caso, la noción de singularidad y de excentricidad religiosa fue tan fuerte que me dio conciencia perdurable de los derechos de las minorías…” (Entrevista a Carlos Monsiváis: Adela Salinas, Dios y los escritores mexicanos, Nueva Imagen, 1997, p. 94).

En relación con la pretensión clerical de insertar el término “libertad religiosa” en el artículo 24 constitucional, Monsiváis apunta: “La insistencia fundamentalista en la libertad religiosa consiste en la devolución de los fueros eclesiásticos y en la educación religiosa en las escuelas públicas” (ídem). “¿Por qué –se pregunta– cuando los obispos católicos y los laicos cercanos a su posición hablan de libertad religiosa, el contexto es la enseñanza católica en las escuelas públicas y no la libertad de profesar el credo que cada uno juzgue conveniente? […] ¿Por qué, pese al crecimiento notorio de las iglesias minoritarias, el Estado y la sociedad las conocen tan mal y tan despreciativamente, como si los que profesan las otras creencias no merecieran ninguno de los derechos humanos?” (Carlos Monsiváis, El Estado laico y sus malquerientes, UNAM, 2008, p. 156-57).

Sobre la exigencia del episcopado mexicano de introducir educación religiosa en las escuelas públicas, el autor es inflexible: “El nivel de intolerancia de la jerarquía católica es inocultable: el hecho de que digan, como lo sostienen con toda impudicia, que la educación laica está muy bien y debe continuar, pero que la educación laica implica educación religiosa en las escuelas públicas, me parece un error que a nombre de una creencia pretende la omisión de las demás…” (Conferencia dictada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 4 de diciembre de 2008).

“Mi experiencia de las repercusiones de la intolerancia religiosa –recuerda el escritor– me hace rechazar el uso oficial de la religión. Por eso agradecí haber estudiado en una escuela pública; agradecí y sigo agradeciendo el laicismo que me permitió una formación cultural sin el prejuicio que me condenaba como herético. Estoy convencido: la educación religiosa en las escuelas públicas sería un retroceso atroz que el país no merece” (Salinas, op. cit., pp. 95-96).

Monsiváis, quien fue defensor a ultranza del Estado laico y del derecho de las minorías, criticó el proyecto clerical de querer imponer una moral religiosa a los mexicanos: “Es reprobable que los jerarcas quieran imponer a la sociedad entera sus convicciones, sus prejuicios, sus fobias, sus manías y sus afanes autoritarios […] a cuenta de la posesión de la verdad…” (ídem).

Estoy convencida de que si Carlos Monsiváis viviera, habría unido su voz a la de un sinnúmero de asociaciones religiosas, organismos de la sociedad civil, intelectuales, académicos y ciudadanos en general, que enérgicamente han exigido al Senado su rechazo a la reforma del artículo 24 constitucional por considerar que con ella se pretende desmantelar el Estado laico, introducir educación religiosa en las escuelas públicas y otorgar privilegios a una asociación religiosa en particular, en detrimento de las libertades sociales y los derechos humanos de las minorías.

Por lo anterior: ¡No a la reforma del artículo 24 constitucional!

A t e n t a m e n t e

Laura Campos Jiménez
Historiadora por la Universidad de Guadalajara

Twitter: @serhistoriadora

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http://www.proceso.com.mx/page_id=278958&a51dc26366d99bb5fa29cea4747565fec=299334, p. 81).

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