Miguel Hidalgo sí murió excomulgado


El pasado 30 de agosto, el arzobispado de México dio a conocer su postura en torno a la excomunión y degradación de los curas Miguel Hidalgo, “Padre de la Patria”, y José María Morelos, “Siervo de la Nación”, respectivamente, en el contexto de los festejos del Bicentenario de la Independencia a celebrarse este año.

El sacerdote Gustavo Watson, director del archivo histórico del arzobispado, declaró que los próceres de la Independencia “no murieron excomulgados, sino en condición de sacerdotes, y por lo mismo es necesario hacer en los libros de historia las correcciones del caso” (La Crónica, 31 de agosto de 2009).

En su obstinación por limpiar su pasado, la jerarquía católica pretende reescribir la historia de México recurriendo a la tergiversación de los hechos; procura deslindarse del juicio de la historia, cuando fue la Iglesia católica quien se opuso y combatió al movimiento de Independencia: condenó a los insurgentes, aplicó juicio inquisitorial a los sacerdotes que simpatizaban con aquéllos, celebró misas con Te Deum las victorias de los realistas y negó la absolución a quienes comulgaban con las ideas de libertad.

Excomuniones de Hidalgo

La jerarquía católica afirma que la excomunión decretada por Manuel Abad y Queipo en 1810 no fue válida, bajo el argumento de que éste era obispo electo de Valladolid, Michoacán, sin la correspondiente consagración episcopal.

Al hablar de la excomunión de Hidalgo, es obligado remitirse a un “conjunto de edictos de excomunión”. No es correcto hablar de uno –como pretende la jerarquía católica– cuando están documentados por lo menos seis, de diferentes obispos, en donde sistemáticamente se descalifica al “Padre de la Patria”; se agregan a aquéllos, el juicio inquisitorial y la degradación sacerdotal de la que fue objeto.

Manuel Abad y Queipo publicó, el 24 de septiembre de 1810, un edicto en el que excomulgaba al Cura de Dolores y a sus partidarios:

“Un sacerdote de Jesucristo […] el Cura de Dolores don Miguel Hidalgo, levantó el estandarte de la rebelión y encendió la tea de la discordia y la anarquía, y seduciendo a una porción de labradores inocentes, les hizo tomar las armas…

En este concepto, y usando de la autoridad que ejerzo como Obispo electo y Gobernador de esta Mitra, declaro que el referido D. Miguel Hidalgo, Cura de Dolores y sus secuaces […] son perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, y que han incurrido en la excomunión mayor del canon* Siquis Suadente Diabolo […] Los declaro excomulgados vitandos, prohibiendo, como prohíbo, el que ninguno les dé socorro, auxilio y favor, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda”.[1]

La anterior excomunión fue ratificada por otros obispos, entre ellos el arzobispo de México, Francisco Javier Lizana y Beaumont. Como hubo quien pusiera en tela de juicio la legitimidad de Abad y Queipo, por haber sido nombrado por la Regencia,[2] el arzobispo Lizana expidió un edicto el 11 de octubre de 1810 en el que declara que la censura del obispo electo era válida e impuesta conforme a los cánones:

“Nos, D. Francisco Javier de Lizana y Beaumont, arzobispo de México […] Habiendo llegado a nuestra noticia que varias personas de esta ciudad de México y otras poblaciones del arzobispado disputan y por ignorancia o malicia han llegado a afirmar no ser válida ni dimanar de autoridad legítima la declaración de haber incurrido en excomunión las personas respectivamente nombradas e indicadas en el Edicto que con fecha de 24 de septiembre último expidió y mandó publicar D. Manuel Abad y Queipo […] por lo cual hacemos saber que dicha declaración está hecha por un superior legítimo con entero arreglo a derecho, y que los fieles cristianos están obligados […] bajo pena de pecado mortal y de quedar excomulgados, a la observancia de lo que la misma declaración previene, la cual hacemos también Nos por lo respectivo al territorio de nuestra jurisdicción […]. Mandamos por el presente Edicto, bajo pena de excomunión mayor ipso facto incurrenda, que no se dispute la mencionada declaración de excomunión hecha y publicada por el obispo electo”. [3]

En este tenor, el jesuita José Gutiérrez Casillas, en su obra Historia de la Iglesia en México ─que cuenta con las debidas licencias eclesiásticas─ aporta un dato concluyente: “Abad y Queipo fue ciertamente dispensado de la irregularidad de su nacimiento, pues era hijo natural. Además la elección como obispo fue válida y legítima”. [4]

El arzobispo de México, días antes de la citada ratificación, había dirigido una exhortación a los habitantes de su diócesis, el 28 de septiembre de 1810, en la que les prohibía “que se unieran a la revolución”,[5] asemejando a Hidalgo con el anticristo: 

 “Al frente de los insurgentes se halla un ministro de Satanás, preconizando el odio y exterminio de sus hermanos y la insubordinación al poder legítimo. Mirad qué precursor del anticristo se ha aparecido en nuestra América para perdernos […] Yo no puedo menos de manifestaros que semejante proyecto no es ni puede ser de quien se llama cristiano […] Si el observar lo que él mismo nos manda os conducirá al cielo, el practicar lo contrario [luchar por la Independencia] os llevará infaliblemente al infierno”.[6]

Los obispos de Guadalajara, Antequera (Oaxaca) y Puebla, siguiendo el ejemplo del arzobispo Lizana, expidieron sus propios edictos de excomunión.

El obispo de Guadalajara, Juan Ruiz y Cabañas, en su edicto del 24 de octubre de 1810, escribió: “…adoptamos y vibramos la misma censura [excomunión] que fulminó el obispo de Valladolid…”.[7] En otra exhortación episcopal, dicho prelado etiquetaba a los insurgentes de “apóstatas, cismáticos, perjuros, sediciosos, seductores y opositores a Dios, la Iglesia y la religión”.[8]

Los obispos Antonio Bergosa y Manuel González del Campillo, de Antequera y Puebla, respectivamente, dictaron sendas excomuniones al interior de sus diócesis.[9] En lo sucesivo, otros documentos episcopales condenaron a los insurgentes, a quienes acusaron de herejes, ladrones, ignorantes, sacrílegos y otros tantos calificativos. Vieron a la insurgencia como una “enfermedad”, y a los insurgentes como “cetáceos, animales mitológicos y encarnaciones de Satanás”.[10]

Manuel López Gallo, en su libro Economía y Política en la historia de México, transcribe una de las “excomuniones”:

“…Que el Padre que creó el hombre le maldiga; que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el bautismo le maldiga; que la Santa Cruz de la cual descendió Cristo triunfante sobre sus enemigos le maldiga; que María Santísima, Virgen siempre y Madre de Dios, le maldiga […] Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en dondequiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia. Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado, parado, trabajando o descansando y sangrando. Sea maldito interior y exteriormente; sea maldito en su pelo, sea maldito en su cerebro y en sus vértebras, en sus sienes, en sus mejillas, en sus mandíbulas, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus hombros, en sus manos y en sus dedos. Sea condenado en su boca, en su pecho, en su corazón, en sus entrañas y hasta en su mismo estómago. Sea maldito en sus riñones, en sus ingles, en sus muslos, en sus genitales, en sus caderas, en sus piernas, sus pies y uñas. Sea maldito en todas sus coyunturas y articulaciones de todos sus miembros; desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies, no tenga un punto bueno. Que el Hijo de Dios viviente con toda su majestad, le maldiga, y que los cielos de todos los poderes que los mueven, se levanten contra él, le maldigan y le condenen, a menos que se arrepienta y haga penitencia. Amén, así sea, Amén”.[11]

El juicio inquisitorial de Hidalgo

El Tribunal de la Inquisición presentó 53 cargos contra Hidalgo, [12] excepto la acusación de concubinato ─en el que incurría la mayor parte de sacerdotes, incluidos los miembros del propio tribunal─ atribuyéndole delitos de todo género “contra la fe”: “herético, apóstata, impío, materialista, deísta, libertino, insurgente, cismático, judaizante, luterano, calvinista, criminal, violador de las leyes divinas y humanas, sacrílego, implacable enemigo del cristianismo y del Estado…”.[13]

El 13 de octubre de 1810, la Inquisición excomulgó a Hidalgo,[14] acusándolo de “intenciones subversivas, malicia, depravación, avaricia, infamia, envidia, proclividad al crimen, animadversión, engaño y perfidia”.[15]

La persecución del tribunal del Santo Oficio hacia los próceres de la Independencia fue más allá de los citados edictos de excomunión; al caer los jefes insurgentes en sus manos, fueron sometidos con saña a denigrantes procesos, acusándoles de todos los males posibles y, por último, victimados, tras infligirles crueles torturas.

Degradación sacerdotal

El proceso degradatorio de Hidalgo se llevó a cabo el 29 de julio de 1811, en Chihuahua. El derecho canónico de la época prohibía, bajo pena de excomunión, privar de la vida a un eclesiástico, por lo que el alto clero tuvo que proceder a la degradación sacerdotal del “Padre de la Patria”. El doctoral de la Iglesia de Durango, Francisco Fernández Valentín,  fue el responsable del acto en comento. Mientras le arrancaba la sotana y el alzacuello, pronunció las siguientes palabras:

“Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo y la nuestra, te quitamos el hábito clerical, te desnudamos del adorno de la religión y te despojamos de todo orden, beneficio y privilegio […] y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con ignominia al estado seglar”.[16]

Fernández Valentín raspó con un cuchillo la piel de la cabeza del reo, las palmas de sus manos, las yemas de sus dedos y cortó parte de su cabello, con el fin de “despojarle” del orden sacerdotal.

Hidalgo fue fusilado en Chihuahua, como generalísimo del ejército insurgente, el 30 de julio de 1811, después de haber sido degradado de sacerdote. El fusilamiento del “Padre de la Patria” fue celebrado el 10 de agosto de 1811 por el clero de México con Te Deum solemne.[17] Como la palabra “escarmiento” y “advertencia” estaban a la orden del día, los cuerpos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron decapitados, y las cabezas conducidas a la ciudad de Guanajuato, en donde fueron clavadas en garfios y colocadas en los cuatro ángulos de la Alhóndiga de Granaditas.[18]

La Institución religiosa que persiguió, juzgó y entregó a la muerte a Hidalgo y compañeros de lucha, con todo su poderío, reconoció la Independencia de México hasta 1836.

Este es el pasado que la Iglesia católica quisiera que el pueblo de México olvidara.

 (Desplegado aparecido en el semanario Proceso, el 1o de enero de 2010, firmado por la Iglesia La Luz del Mundo A. R.).


NOTAS

[1] Gabriel Méndez Plancarte, Hidalgo: Reformador intelectual y libertador de esclavos, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 1982, pp. 108-109. 

[2] José Gutiérrez Casillas S. J., Historia de la Iglesia en México, Porrúa, México, 1974, p. 225.

[3] Antonio Pompa y Pompa, Procesos inquisitorial y militar seguidos a D. Miguel Hidalgo y Costilla, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, pp. 148-149.

[4] Gutiérrez, op. cit., p. 225.

[5] Ídem.

[6] Genaro García, “El clero de México  y la guerra de Independencia”, en Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, Biblioteca Porrúa n. 60, Porrúa, p. 386.

[7] Ídem, p. 114.

[8] Ana Carolina Ibarra, El Cabildo catedral de Antequera, Oaxaca  y el movimiento insurgente, El Colegio de Michoacán, Zamora, 2000, p.214.

[9] Fernando Pérez Memen, El Episcopado y la Independencia de México, Jus, México, p. 81.

[10] Ibarra, op. cit., p. 214.

[11] Manuel López Gallo, Economía y política en la historia de México, Caballito, México, 1965, pp. 110-111.

[12] Jesús Amaya, El Padre Hidalgo y los suyos, Lumen, México, 1952, p. 105.

[13] I. Grigulévich, La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina, Progreso, Moscú, 1984, p. 131.

[14] Claudia Sierra Campuzano, Historia de México a la luz de los especialistas, Esfinge, México, 2001, p. 145.

[15] Grigulévich, op. cit., p. 131.

[16] Luis Rodríguez Nájera, Las Leyes de México y la Iglesia católica romana, Guadalajara, 1968, pp. 28-30.

[17] Grigulévich, op. cit., p. 133.

[18] Ernesto Lemoine, “Nueva España a principios del Siglo XIX”, en Historia de México, Tomo VIII, Salvat, México, 1979, p. 1689.

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10 comentarios

  1. antonio quinto said,

    febrero 21, 2010 a 8:54 am

    Excelente artículo:

    Las palabras y las sentecias tan fuertes, están llenas de ODIO, y me pregunto: ¿como es posible que la igelsia de Jesucristo que inculca el amor a prójimo y el perdón tenga estas ideas? ¿Acaso no sería mejor para la iglesia pedir PERDÓN?

    Los curas de ahora están como Fox, que necesitaba de alguien que corrigiera lo que decía, ahora dicen lo curas de antes que no excomulgaron a Hidalgo, quesque el que lo hizo no tenía autoridá pa´eso, y que por eso no vale!! Mejor que ya no le muevan, ¿que caso tiene? si lo que quieren es corregir la historia, no hace falta, ya cuentan con la complicidad de la historia oficial, basta con no tocar el tema y nadie se entera, “ojos que no ven, corazón que no siente”, pero ellos mismos están removiendo el pasado, y el tiro les puede salir por la culata.

    Mejor que conviertan en santo a Don Miguel, sería interesante, imaginénse cuantos milagros se le podrían atribuír; el primero ser PADRE de un país.

    • raul said,

      mayo 9, 2014 a 7:12 pm

      yo creo que a eso no se le puede llamar cristianismo mas vien, complises del poder reinante, que de la opresion que el poder ejercia, la higlesia no lo miraba, oh se hacia de la vista gorda. y cuando ay protesta entonses escomuniones, maldiciones. y , una ensarta de cosas, ay si miraron. antes no veian, que raro con la higlesia que se dise llamar la higlesia de dios.

  2. Marcela Cundafe said,

    febrero 25, 2010 a 1:31 pm

    Buenisímo el artículo.claro que los mexicanos no deben olvidar esto.

  3. Héctor García C. said,

    abril 29, 2010 a 12:25 pm

    Hidalgo sí fue excomulgado, la prueba de ello -además de las que señalas en aquí- que se llevó a cabo un proceso de des-excomulgación entre sept de 1986 y junio de 1987.
    Revisa los archivos del prof. Arturo Salazar de la Fac. de filosofía y letras de la Univ. de Gto., que datan de esa época, ahí encontrarás un artículo del maestro muy bien documentado. Lo que me extraña un poco es que el clero calle esta situación, ya que hasta cierto punto sería en su descargo.
    Saludos

  4. juan jesus zuñiga castillo said,

    septiembre 5, 2010 a 12:18 am

    antes que nada una felicitacion por la recopilacion de documentos oficiales este hecho historico, diefiero de ello que la iglesia pida olvidarlo,pues dichos documentos pertenecieron a ella, no es dificil el vicio del proceso, para manuel abad y queipo, era la oportunidad de surgir como obispo legitimo y dispensado de su nacimiento natural, al arsobistpo de mexico, y el clero, estuvo obligado a legitimar al obispo elelcto y dispensarlo pues era necesario ratificar la supuesta excomunion, el mismo arsobispo de mexico que hace valida el edicto de manuel abad y queipo, al fianl de el ultimo exhorto dice ” A MENOS QUE SE ARREPIENTA Y HAGA PENITANCIA” lo cual en el documento obligado a firmar en mayo de 1811 habla de su arepentimiento, que si bien al ser obligado entonces no es verdadero arrepentimiento, si da la obligación católica que después de degradar lo sacerdote perdonar sus pecados y dar la comunion para validar dicho arrepentimiento, el cual evidentemente tenia como fin, divulgar que Miguel Hidalgo se arrepintio, y con ello someter sicologicamente a sus seguidores. por lo que entonces murio en comunion con dios y la higlesia catolica. y aunque este timbiriche de trampas por parte del clero es una porqueria, se deve recordar que son docientos años atras, y que la actual iglesia catolica no tiene responsabilidad alguna por lo que no le interesa tapar o esconder nada con respecto a este caso, yo como todo mexicano lamento la muerte de Hidalgo, pero creo tambien que los heroes de independencia como sabedores de las leyes de su tiempo, de la degradacion y destino que les esperaba, por lo que su valor es ahun mas admirable.

  5. Julio said,

    septiembre 7, 2010 a 10:59 am

    IMAGINEMOS QUE PASARIA SI HOY MISMO UN SACERDOTE CON LOS IDEALES DE HIDALGO INICIARA UNA REVOLUCIÓN EN FAVOR DE LOS MAS DESFAVORECIDOS CON EL MEXICO DE HOY EN UNA ACCION IGUALITA A LA DEL RELIGIOSO, SERIA MUERTO Y MALDECIDO POR EL PODER QUE GOBIERNA Y POR AQUELLOS EN QUE ESTAN EN RIESGO SUS INTERESES DE PODER, ENTONCES DEDUSCO QUE SON LAS CONDICIONES DEL PRESENTE LAS QUE MANIPULAN LOS ACTORES QUE IMPERAN EN EL MOMENTO…..

  6. Adan said,

    enero 5, 2012 a 12:33 pm

    Excelente recopilación histórica. Como una humilde aportación me gustaría hacer mención a otro documento que expidió el mal llamado santo oficio de la inquisición contra José María Morelos y Pavon, fechado el 22 de noviembre de 1815, es decir, 4 años después de la muerte de Hidalgo; en dicho documento se hace referencia a Hidalgo como de hereje y efectivamente, hace mención no solo de uno sino de varios juicios de excomunión en contra de él. Este y otros documentos pueden ser consultados en el Portal de la Independencia Mexicana en http://www.agn.gob.mx/independencia/documentos.html . Una vez más mi mas sincera felicitación por esta excelente recopilación.

  7. José de Jesús Esquivel Ávila said,

    mayo 31, 2014 a 2:01 am

    ¡¡¡Felicidades por su Blog!!! Excelente y muy bien documentado.

  8. lizeth said,

    julio 26, 2014 a 6:00 am

    Guaoooo sin palabras y aliento q horror todo lo q la ramera catolica a hecho tine razon El todo poderoso de llamarla la
    Ramera

  9. Victor Araujo said,

    febrero 3, 2015 a 2:23 pm

    ¡¡¡Los Admiro!”!! y reciban un cordial saludo, son profesionales.

    Datos como éstos, impide a los amarillistas cambiar la historia, por que dicen que ahora los buenos son malos y los malos buenos,,,,, gracias.


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