Por la defensa del Estado laico / VII parte

La Jornada Jalisco. 19 de mayo de 2008

Por Jaime Hernández Ortíz


Emilio El Grande

Es indispensable que la sociedad jalisciense conozca en realidad lo que fue el movimiento cristero. Es necesario que se desmitifiquen muchas ideas que el clero católico quiere construir en torno a este movimiento que se presentó principalmente en el Centro-Occidente del país y, según especialistas, hasta en algunas regiones de Veracruz, entre 1926 y 1929.

Lo que menos tuvo este movimiento fue el ser evangelizador y sostener principios cristianos. Se desenvolvió en un catolicismo muy severo y su cuna y principal escenario fue precisamente el mundo ranchero, como sostuvo el historiador Luis González.

Contrario a las pretensiones de Emilio El Grande, de construir con recursos del erario público el Santuario de los Mártires cristeros; afirman quienes escuchan de esto, que el efecto boomerang ya se dejó sentir al interior del patronato; pues al saberse del generoso donativo gubernamental mucha gente ya no está cooperando.

A tono con este tema conviene traer a colación algunas intervenciones del panel El movimiento cristero, que se llevó a cabo en marzo del año pasado en el auditorio principal del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, y en el que participaron Armando González Escoto, sacerdote e historiador de la Iglesia católica de Guadalajara; Constancio Hernández Allende, cronista y ex presidente municipal de Zapopan; Antonio Delgado Cruz, teniente de la Fuerza Aérea y Laura Campos Jiménez, quien además presentó su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México. El evento estuvo moderado por Pedro Olivares, ex consejero de la Comisión Estatal de Derechos Humanos

Falange, precursora del Yunque

Para González Escoto, Anacleto González Flores no fue dirigente de la cristiada, pues “sólo participó cuatro meses”, pero justificó su beatificación de la misma manera que “Miguel Hidalgo y Costilla y Morelos, tomaron las armas y que fueron “canonizados”, al ser héroes de la patria; de igual forma los cristeros se levantaron en contra de un gobierno al que consideraron contrario a sus creencias como los muchachos que se levantaron contra el gobierno en el 68, que paralizaron con marchas la ciudad para hacerse expresar, aunque después los hayan reprimido”. Añadió que San Agustín fue la base teológica para justificar “la guerra justa”; por lo tanto, “una guerra no es de rosas, sino combates y batallas, con descarrilamiento de trenes, robos y todo lo que ocurre en una guerra”. “Hay que reconocer que no hay que satanizar a nadie, es el caso de los conquistadores que han hecho muchas cosas negativas pero dejan beneficios”.

Constancio Hernández Allende señaló que hay que ser objetivos con la historia y que todos los historiadores deben hablar con la verdad, pues la peor historia es la oficialista. Señaló que hay muchos actores cuyos testimonios aún no se conocen y deben estudiarse con imparcialidad. Dijo además que en el movimiento cristero el sector de la Iglesia que compartía el uso de la violencia triunfó, “ahí está el caso del cura Reyes Vega que luego le llamaron el “chicharronero”, por la forma en que quemó a los pasajeros del tren de La Barca “Y hubo entre el propio Ejército generales que vendían armas y municiones al propio movimiento cristero, pero además entre los cristeros hubo traiciones y delatores; ahí está el caso de Rodolfo Loza Márquez, quien se vio traicionado por los obispos en los llamados “arreglos”; eso es “una bofetada en pleno rostro”, dijo Loza y acusó a los obispos de “no representar a nadie”. Añadió que “los cristeros desojeraban a maestros, asesinaron soldados, secuestraron, y algunos curas se quedaban con las mujeres más bonitas; hubo trenes quemados. Por desgracia el pueblo es la principal víctima y es siempre el que pierde”.

Antonio Delgado Cruz justificó la obediencia debida que tiene un soldado al “jefe nato”, es decir, al presidente de la República, Calles”

Laura Campos señaló que el movimiento cristero “no tuvo en realidad la pretensión de defender la libertad religiosa, sino defender los fueros y los privilegios del clero católico al costo que fuera; y hay aspectos que poco se han analizado como el fundamento teológico utilizado por la Iglesia católica para justificar y apoyar el levantamiento armado. También algunos episodios cristeros que a fuerza de manipulación mediática las autoridades del clero han querido que pasen desapercibidos por la gente. Por ello se ha querido borrar y mutilar deliberadamente en los libros de historia a efecto de justificar a los principales dirigentes cristeros, por ello dijo, Anacleto González Flores fundó la “falange de la patria”, precursora lejana del actual Yunque.

Orígenes turbios

Campos Jiménez reseñó parte de su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México: “con el casi naciente Estado mexicano y en la configuración de sus instituciones y en apego al artículo 130 constitucional que tenía siete años de vigente, se destacaba la necesidad de llevar a la práctica la obligación de los sacerdotes a registrase como encargados de los templos y hacer los inventarios correspondientes. De esta manera el 14 de junio de 1926 el presidente constitucional de ese entonces expidió una ley que reformaba el Código Penal para el Distrito Federal y Territorios Federales a efecto de establecer sanciones a quienes incumplieran diversos artículos entre ellos los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitucionales, decreto que se llamó Ley Calles. Pero en un alarde y en abierto desacato a las instituciones y a la legalidad del Estado mexicano el clero católico contestó con la desobediencia y la rebelión. Específicamente el arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y el de Durango José María González adoptaron una posición militante: “no se obedecería la ley y se suspendería el culto en tanto estuviera vigente”; además, dijeron: “emprenderemos una campaña contra esas leyes y contra esos artículos”, por lo que emitieron una carta pastoral que exhortaba a que los niños no acudieran a las escuelas del gobierno, lo que generó entonces el contexto que desarrolló un amplio movimiento de resistencia civil armado que se denominó cristero por su alusión al grito de “¡Viva Cristo Rey!”

Señaló Campos Jiménez que la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fundada el 9 de marzo de 1925, fue en realidad un brazo armado secular de la Iglesia católica, de la que obtuvo apoyo moral, económico y político, y que se preparó ex profeso un año antes. Los líderes que estuvieron a cargo de la dirección del movimiento armado fueron principalmente Anacleto González Flores y Miguel González Loza, quienes tenían como misión el “recuperar” la “libertad religiosa” y “derrocar” al “gobierno tiránico” de Calles y posteriormente el de Obregón. Esta misión implicó el uso de la violencia, la guerrilla, la tortura y hasta asesinatos de maestros rurales.”

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