“Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México”


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Macrolimosna en Jalisco, ¿atentado contra el Estado laico?

Por Laura Campos Jiménez

 

GUADALAJARA, Jalisco (28 de junio de 2008). Uno de los elementos probatorios que adjunté a la queja presentada ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) -oficio 804/2008- por motivo de la llamada “macrolimosna”, fue el libro “Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México”, el cual escribí a fines de 2005, en vísperas de la beatificación de 13 personas vinculadas al movimiento cristero, celebrada en Guadalajara (http://www.lajornadajalisco.com.mx/2008/05/04/index.php?section=politica&article=006n1pol).

En septiembre de ese año, en contraparte, se editó bajo el auspicio del ayuntamiento de Guadalajara, presidido por Emilio González Márquez, el libro “Geografía e historia de Guadalajara”, para niños de tercer año de primaria: La polémica no tardó en desatarse. La edición de este libro fue objeto de críticas por parte de un amplio sector de la sociedad jalisciense: académico, religioso, político y ciudadano.

Entre los cuestionamientos en ciernes, destacaban los errores que de orden pedagógico, histórico, científico y de redacción arrojaba dicho texto. La versión católica y conservadora de varios episodios de la historia de Guadalajara se presentaba bajo un sesgo religioso (discriminatorio a otras confesiones) y no científico, como corresponde a la educación laica que debe impartir el Estado.

En la página 20 del citado libro, por citar un ejemplo, se señala que “el más importante de todos los festejos (en Guadalajara), es el del 12 de octubre, que es la llevada de la virgen de Zapopan a su santuario…”. Con esta aseveración, el citado libro relega a segundo término el día 14 de febrero, fecha del aniversario de la fundación de Guadalajara. Se omitía por completo la presencia de las diferentes Iglesia no católicas, entre ellas La Luz del Mundo, cuya sede mundial se encuentra en esta ciudad.

De acuerdo a la óptica conservadora del ayuntamiento tapatío, el paso del presidente Benito Juárez por Guadalajara no mereció la pena haber sido mencionado; en cambio, la rebelión cristera y sus caudillos -quienes fueron férreos opositores al Estado laico, la Revolución Mexicana y la Constitución de 1917, al grado de justificar y promover la violencia para lograr sus propósitos- se les daba un trato privilegiado. Sin contrapesos históricos, a dichos “mártires” se les describe  como “personajes heróicos que no deben perderse en el olvido (…) tales como Anacleto González Flores…”.

Cabe destacar que González Flores fue el líder intelectual del movimiento cristero en sus inicios y, por tal razón, fue beatificado el domingo 20 de noviembre de 2005, junto con doce personas afines a esta ideología.

Este libro de historia, en suma, no solo es abiertamente discriminatorio y excluyente, sino contrario al espíritu laico de la educación pública, al violentatar la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público y ofender la inteligencia de un sinnúmero de jaliscienses que no comparte el sesgo confesional impreso en sus páginas.

Este fue un experimento piloto que tanto la arquidiócesis de Guadalajara como González Márquez, trataron de impulsar desde el gobierno municipal para implementar la educación religiosa católica en las escuelas públicas, reivindicando así a los líderes del movimiento cristero, a la par de ser promotores de esta causa en las aulas escolares.

El entonces alcalde, fiel a su costumbre, desdeñó la voz ciudadana y cerró sus oídos a la crítica, empecinado en promover y reivindicar una visión católica -de tintes integristas- de la historia regional.

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González Márquez, meses después, sacó a la luz un tiraje de 3 mil ejemplares del libro “Obras completas de Anacleto González Flores”, con un prólogo del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, donde el ahora beato cristero era promovido como modelo de civismo para los jaliscienses.

En “Obras completas…”, un texto financiado por el ayuntamiento, Anacleto González Flores “definía” a la gran trilogía adversa al catolicismo: El protestantismo, que “hace esfuerzos desesperados por penetrar en todas partes, por llegar al corazón de las masas, por arrebatarnos a la juventud y por invadirlo todo”, la masonería y la Revolución Mexicana que, según él, es una “aliada fiel” de las dos (Anacleto González Flores, Plebiscito de los Mártires, en Obras de Anacleto González Flores, Ayuntamiento de Guadalajara, 2005, p. 320).

La punta de lanza empleada para reivindicar al movimiento cristero en Jalisco, fue el ayuntamiento de Guadalajara, encabezado por González Márquez, un confeso sinarquista que dirigió en 1988 el extinto Partido Demócrata Mexicano y quien es señalado por el periodista Álvaro Delgado como integrante de la organización secreta, de corte neo cristero, denominada “El Yunque”.

Ante este proceso de reivindicación cristera y ante los pocos contrapesos demostrados para rebatir el supuesto “pacifismo” de los nuevos beatos cristeros, aunado a lo que la embestida al Estado laico representaba, me di a la tarea -como historiadora de carrera- de organizar y describir el perfil de estos personajes que en pocos años -pocos de verdad- estarían en el ojo del huracán de la opinión pública nacional a raíz de la “macrolimosna”, pese a que la gran mayoría de los mexicanos siga teniendo un conocimiento nulo de la participación de la jerarquía católica -y sus ahora beatos- en la revuelta cristera de los años 20 en nuestro país (Cf. Proceso, n. 1516, 20 de noviembre de 2005, p. 48).

Este pequeño libro, “Los nuevos beatos cristeros”, salió a la luz en el mes de diciembre de 2005(http://www.jornada.unam.mx/2005/12/05/004o1pol.php, http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=20680). Muy pronto, muchos lectores pudieron constatar que los nuevos beatos cristeros no fueron personajes pacifistas y mucho menos piadosos, como sus apologistas trataron de hacer de creer, ya que en muchos casos tuvieron que recurrir a la violencia y el terrorismo con el propósito de lograr los objetivos que proseguía la jerarquía eclesiástica de la época (Cf. El Informador, 21 de abril de 1927, p.1, 23).

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Dos años y medio después de los sucesos anteriores, el día 23 de marzo de 2008, me enteré a través de un noticiario local que Emilio González Márquez, ahora gobernador de Jalisco, había entregado al cardenal Juan Sandoval Íñiguez un donativo de 30 millones de pesos para financiar la construcción del santuario dedicado a los beatos cristeros con dinero del erario… ¡No lo podía creer! ¡No era posible que un Estado laico financiara, con dinero público, un recinto religioso para honrar personajes que combatieron al Estado laico…! ¡Esa no era la función de un Estado!

Se trataba, sin duda alguna, de una flagrante violación al Estado laico, La Constitución Política y la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público por parte del gobernador, quien trasladaba sus creencias personales a la esfera pública de una forma abrupta y estridente; era un acto de discriminación hacia las minorías religiosas, a las comunidades abatidas por la pobreza en Jalisco y a las personas que respetan el Estado laico (que no son pocas como algunos creen). Mas temprano que tarde, interpuse una queja en contra del gobernador de Jalisco por esta ilegalidad (queja completa ante la CEDHJ), agregando mi libro “Los nuevos beatos cristeros”, que adjunto al inicio del presente texto.

Los medios locales (Proceso Jalisco, La Jornada Jalisco, Público, Mural, El Occidental, Notisistema, Canal 6, Canal 8, Semanario Crítica, El Respetable.com y Marcatextos.com), comenzaron a dar especial cobertura a la nota de  la “macrolimosna”, asumiendo una actitud crítica e insumisa: notas periodísticas, cuestionamientos y opinión. Después de dos semanas, el asunto de la “macrolimosna” iría permeando poco a poco en la Ciudad de México.

En un desplegado aparecido en el semanario Proceso, bajo el título: “Gobernadores violan la Constitución y la Ley”, reconocidos intelectuales mexicanos señalaban que “el respeto a las minorías es la escencia de los sistemas democráticos” (desplegado en PDF). Carlos Monsiváis escribía su crónica semanal bajo el título: “Del Estado laico a las macrolimosnas” (Proceso, n. 1642, 20 de abril de 2008, pp. 52-54), en donde advertía sobre los “emblemas del desprecio iletrado por el Estado laico” (ensayo completo en PDF). De igual manera, decenas de columnistas, editorialistas y moneros hicieron lo conducente. La presión social comenzó a cundir a escala nacional.

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Han transcurrido tres meses desde que iniciara este penoso suceso, y la “macrolimosna”, venturosamente, echó reversa a un camino sin retorno… 7 mil quejas ante la CEDHJ, dos marchas ciudadanas, una ofensa lastimosa del gobernador a sus críticos, periodistas honestos, una auditoría federal solicitada por el Congreso de la Unión, seis recursos de revisión ante el Instituo de Transparencia, una denuncia ante la PGR por parte del PRD local y el Movimiento en Defensa del Dinero Público y el Estado laico (respectivamente), un amparo presentado por la asociación civil “Conciencia Cívica” en contra del donativo y un Juez de Distrito citando a comparecer a todos los implicados en este caso, sin excluir al cardenal Juan Sandoval…

Toda esta presión ciuidadana forzó al arzobispado de Guadalajara a la devolución del cheque recibido… ¡Una victoria irreversible del Estado laico en Jalisco! Este es un triunfo de la sociedad jalisciense, como bien lo señaló y sistematizó el periodista Rubén Martín:

1. Debate sobre el laicismo. Una consecuencia involuntaria de la macrolimosna es que se reabrió el debate sobre las relaciones Estado-iglesias. Permitió discutir de nuevo las esferas de competencia de ambas instituciones; la proyección de las creencias personales de los servidores públicos; la conveniencia o no de que la autoridad civil avale a ciertas iglesias en sus cultos públicos. Se reabrió además el tema sobre la Cristiada, los mártires y el peso que ha tenido la Iglesia católica en la entidad.

2. Declive de la influencia de la Iglesia católica. Este tema mostró que la Iglesia católica no puede aspirar a tener el peso y la influencia que tenía en el pasado. Los intentos de la jerarquía para apoyar su justificación del donativo, su llamado a salir a las calles y proyectar las creencias religiosas en la esfera pública (editoriales en El Semanario), fracasaron. El donativo no fue siquiera avalado por la mayoría de fieles. El resultado de esta coyuntura permite vislumbrar un declive de la influencia de la jerarquía de la Iglesia católica en la sociedad jalisciense, o al menos que debe hacerse una distinción importante entre lo que piensa y quiere la jerarquía y lo que quieren y piensan los fieles.

3. Derrota del integrismo católico. El donativo era más que una aportación económica. Como bien señaló Fernando M. González, la edificación del Santuario tiene un significado importante para cierta corriente católica, pues representa una reescritura de la historia local desde el punto de vista cristero. En este esfuerzo iban juntos el gobernador y el cardenal, y el Santuario era la materialización de esta alianza. A su vez, la macrolimosna mostró de una manera cada vez más explícita la cercanía de Emilio González con su Iglesia, luego de asistir a varios eventos de culto público, y hacer otras donaciones. Todo esto como parte de un proyecto más amplio que es la llegada de un grupo de derecha católica (yunquista) al poder público estatal, desde donde pretenden llevar a cabo sus objetivos de construir el reino de Dios en la tierra. El fracaso del donativo representa una derrota importante para la consumación de este proyecto político-religioso neoconservador.

4. El control de la información. La macrolimosna abrió un ciclo informativo que creció al conocerse la reunión de Emilio González en el Consulado de Estados Unidos en 2005 y con la mentada de madre. Era inevitable que esta información afectara al gobernador. El equipo del mandatario creyó que podía controlar la información gracias al dinero que han dado a Televisa y TV Azteca; cuando ya no pudo pararse la difusión de esta información, algunos funcionarios presionaron para que no se pasaran algunas notas o no se cubrieran ciertos temas, chantajeando a empresas de medios con modificar la publicidad oficial. No sirvió de nada. La información sobre el donativo circuló y motivó a la difusión creativa de nuevos productos, como los videos en You Tube. Sobra decir que la justificación oficial de que el donativo era para apoyar el turismo religioso jamás tuvo adeptos. Muchos pensaron, en cambio, que se trató de un pago de favores a la Iglesia por los apoyos electorales de 2006.

5. Derrota de Juan Sandoval y Emilio González. El regreso del donativo es el Waterloo del cardenal. Desde que llegó al arzobispado de Guadalajara su influencia en los servidores públicos, clase política y empresarios iba en ascenso. Se hacía casi todo lo que pedía. Hasta ahora. El regreso del donativo mostró que incluso los deseos de un hombre poderoso como Sandoval tienen límites. Junto con el cardenal, perdió Emilio González: en su imagen, en su proyecto político y en su ambición de ser candidato presidencial. Es cierto que el mandatario de Jalisco es más conocido ahora a escala federal, pero en términos negativos y no positivos.

6. Triunfo de la sociedad laica. Con el regreso del donativo gana la sociedad laica de Jalisco; la sociedad que respeta las creencias religiosas individuales pero creé que éstas no deben regir en la esfera pública. Gana la sociedad que no quiere que el cardenal influya de manera determinante en algunos servidores y que no se mezclen los asuntos públicos con los religiosos. No es un triunfo personal de ningún reportero, abogado o dirigente de agrupación civil, como piensan. A su vez, esta coyuntura debe replantear la extendida y falsa idea de Jalisco como una región conservadora y bajo la esfera de la Iglesia católica. Debajo de los poderes establecidos hay una efervescencia social de la que pocos toman nota. En fin, el triunfo de esta sociedad laica es un hasta aquí al “desmadre” que traían Emilio González y Juan Sandoval (Milenio, 26 de junio de 2008).

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Los 30 millones más 563 mil 553 pesos con 96 centavos de intereses, fueron devueltos por el arzobispado de Guadalajara  y entregados por Juan Hernández (en la fotografía), tesorero de la Fundación Pro Construcción del Santuario de los Mártires al Gobierno de Jalisco.

Comparto estos sencillos testimonios, por la sola satisfacción del deber cumplido como jalisciense y ciudadana. Ni más ni menos.

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Pd. Agradezco desde este espacio el gentil comentario del periodista Juan Carlos G. Partida, titular de la columna Ágora de La Jornada Jalisco, quien el día de hoy hace una especial mención de este blog: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2008/07/02/index.php?section=opinion&article=004o1pol. Gracias, Juan Carlos.

camposjmz@gmail.com

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Reprueba donativos de Emilio (Queja ante la CEDHJ).


                                            

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Por la defensa del Estado laico


La Jornada Jalisco. 26 de mayo de 2008

Por Jaime Hernández Ortíz

El fracaso

El fracaso de la megamarcha convocada por la Iglesia católica para defender la macrolimosna revela, como la punta del iceberg, el tamaño del costo político, moral y de pérdida de creyentes que sufrirá esta iglesia en los próximos años. ¡Ni siquiera respondieron los curas que llevaron a la gubernatura a Emilio González Márquez!

Aunque no lo reconozca el clero católico, la sociedad jalisciense es cada vez más informada, exigente y, por lo tanto, más diversificada. Ahora es más tolerante a otras expresiones religiosas –signo de una verdadera libertad religiosa– y ya no cree tan fácilmente todo lo que le cuentan sus sacerdotes.

Por ello es lamentable que, al estilo de las más viejas usanzas corporativas y clientelares –con cuotas de asistencia y hasta indulgencias plenas–, se haya presionado desde las parroquias a sus creyentes a asistir en procesión hacia el Santuario de los Mártires Cristeros en defensa del limosnazo.

Es más, cuando se difunda la obra en otras latitudes –por aquello del “turismo religioso”– que el santuario es resultado del generoso apoyo del gobierno de Jalisco y un gobernador mentador de madres, la gente no vendrá al lugar y optará por ir a otros lados. El dinero donado, por decirlo de algún modo, por ser público, ya está maldito. “Tu dinero perezca contigo”, le dijo el apóstol Pedro al que quería comprar dones de Dios (He. 8:20), hecho que se llama Simonía aún dentro de la Iglesia católica, y en el campo civil se llama peculado. El clero, a través de su “brazo civil”, o sea el patronato, debería regresar el dinero público. Pero bueno, como son grandes intereses económicos antes que convicciones éticas y religiosas, allá ellos. Con la pérdida de feligresía lo habrán de pagar.

A falta de auténticos personajes comprometidos con la patria y los derechos civiles y políticos propios de un Estado moderno, el clero católico ha ido construyendo historias incompletas y manipuladas de lo que fue en realidad el movimiento cristero.

Rebelión y revuelta 

El movimiento cristero ha sido llamado a veces como “revolución cristera”; pero en realidad no tuvo las características de una auténtica revolución, con fines de democracia, justicia y libertad sociales y de modificación de estructuras. Fue más bien, como dice la historiadora Lourdes Celina Vázquez Parada, una revuelta; y otros investigadores, una rebelión. Fue un movimiento con un aparente respaldo popular –que no siempre hace legítimo un hecho–, con ideales escatológicos católicos y propósitos de franca oposición a las nacientes instituciones de la Revolución y la Constitución mexicana, considerada, en ese entonces, una de las más avanzadas del mundo. Fue en realidad una guerra a la que se pretende maquillar los actos de barbarie, rapiña, inmoralidades y arteros crímenes.

Para Vázquez Parada, Testimonios sobre la Revolución Cristera, la guerra cristera “fue una lucha desigual y fratricida que alcanzó a cubrir tres cuartas partes del territorio nacional con 50 mil creyentes levantados en armas”; que con el paso del tiempo fue descrita por el clero católico y algunos creyentes católicos como: “acontecimientos milagrosos, mezclados con historias de aparecidos y tesoros enterrados. En este ambiente católico, las versiones de los cristeros se magnificaban y aparecían como milagros. Se les comparaba con los primeros cristianos perseguidos por el imperio romano y sacrificaban en los coliseos, escondidos en las catacumbas y entregando su vida por la defensa de la religión… Indiscutiblemente la causa de la guerra fue que Calles mandó cerrar los templos porque quería acabar con la Iglesia católica. A esta visión se añadía, en la conciencia católica del conflicto, una versión triunfalista de la guerra gracias a un milagro; el respaldo y simpatía del pueblo a la causa cristera y el abastecimiento de sus tropas gracias al apoyo popular: el enemigo, el Ejército, se percibía como algo ajeno a la comunidad católica: de fuera, gobiernistas, y se les calificaba de ateos y comunistas”.

Y añade: “A distancia, la Cristiada se percibe como una guerra y gloriosa, pero cuando se la examina de cerca, se nota que se trató de una lucha cruel y confusa que causó mucho sufrimiento”.

Matar con derecho

Según la historiadora Laura Campos, la Liga Nacional por la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR) fue alentada por la jerarquía eclesiástica y por el propio Papa Pío XI, quien bendijo la revuelta cristera (Encíclica Iniquis Afflictisqu, aflicción inicua, 18/11/1926): “Los obispos, los sacerdotes y los fieles de México se han levantado y han opuesto un muro alrededor de la casa de Israel y se han organizado en guerra. Por cierto, los obispos mexicanos, por unánime consentimiento, debían probar todos los medios posibles (…) Los miembros de la LNDLR, que se ha propagado por toda la República, trabajan concorde (sic) y asiduamente para que los católicos bien ordenados e instruidos presenten un frente irresistible a sus adversarios”.

Por ello, diversos curas tomaron parte en la rebelión armada, como José Reyes Vega, Aristeo Pedroza y muchos otros que “ministraban apoyo espiritual” a la tropa. Roberto Planchet, apologista cristero, dijo entonces: “La virtud no está en morir, sino en saber morir. El mal no está en matar, sino en hacerlo sin razón y sin derecho”.

Y dice Campos: “A través de capellanías, los sacerdotes católicos (combatientes y no combatientes) alentaban y explotaban el sentimiento religioso de miles de cristeros, induciéndolos a continuar en la lucha armada para alcanzar la “noble causa” que la jerarquía católica proseguía, que en realidad era la de recuperar sus antiguos fueros y privilegios, al costo que fuera.”

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Por la defensa del Estado laico / VII parte


La Jornada Jalisco. 19 de mayo de 2008

Por Jaime Hernández Ortíz


Emilio El Grande

Es indispensable que la sociedad jalisciense conozca en realidad lo que fue el movimiento cristero. Es necesario que se desmitifiquen muchas ideas que el clero católico quiere construir en torno a este movimiento que se presentó principalmente en el Centro-Occidente del país y, según especialistas, hasta en algunas regiones de Veracruz, entre 1926 y 1929.

Lo que menos tuvo este movimiento fue el ser evangelizador y sostener principios cristianos. Se desenvolvió en un catolicismo muy severo y su cuna y principal escenario fue precisamente el mundo ranchero, como sostuvo el historiador Luis González.

Contrario a las pretensiones de Emilio El Grande, de construir con recursos del erario público el Santuario de los Mártires cristeros; afirman quienes escuchan de esto, que el efecto boomerang ya se dejó sentir al interior del patronato; pues al saberse del generoso donativo gubernamental mucha gente ya no está cooperando.

A tono con este tema conviene traer a colación algunas intervenciones del panel El movimiento cristero, que se llevó a cabo en marzo del año pasado en el auditorio principal del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, y en el que participaron Armando González Escoto, sacerdote e historiador de la Iglesia católica de Guadalajara; Constancio Hernández Allende, cronista y ex presidente municipal de Zapopan; Antonio Delgado Cruz, teniente de la Fuerza Aérea y Laura Campos Jiménez, quien además presentó su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México. El evento estuvo moderado por Pedro Olivares, ex consejero de la Comisión Estatal de Derechos Humanos

Falange, precursora del Yunque

Para González Escoto, Anacleto González Flores no fue dirigente de la cristiada, pues “sólo participó cuatro meses”, pero justificó su beatificación de la misma manera que “Miguel Hidalgo y Costilla y Morelos, tomaron las armas y que fueron “canonizados”, al ser héroes de la patria; de igual forma los cristeros se levantaron en contra de un gobierno al que consideraron contrario a sus creencias como los muchachos que se levantaron contra el gobierno en el 68, que paralizaron con marchas la ciudad para hacerse expresar, aunque después los hayan reprimido”. Añadió que San Agustín fue la base teológica para justificar “la guerra justa”; por lo tanto, “una guerra no es de rosas, sino combates y batallas, con descarrilamiento de trenes, robos y todo lo que ocurre en una guerra”. “Hay que reconocer que no hay que satanizar a nadie, es el caso de los conquistadores que han hecho muchas cosas negativas pero dejan beneficios”.

Constancio Hernández Allende señaló que hay que ser objetivos con la historia y que todos los historiadores deben hablar con la verdad, pues la peor historia es la oficialista. Señaló que hay muchos actores cuyos testimonios aún no se conocen y deben estudiarse con imparcialidad. Dijo además que en el movimiento cristero el sector de la Iglesia que compartía el uso de la violencia triunfó, “ahí está el caso del cura Reyes Vega que luego le llamaron el “chicharronero”, por la forma en que quemó a los pasajeros del tren de La Barca “Y hubo entre el propio Ejército generales que vendían armas y municiones al propio movimiento cristero, pero además entre los cristeros hubo traiciones y delatores; ahí está el caso de Rodolfo Loza Márquez, quien se vio traicionado por los obispos en los llamados “arreglos”; eso es “una bofetada en pleno rostro”, dijo Loza y acusó a los obispos de “no representar a nadie”. Añadió que “los cristeros desojeraban a maestros, asesinaron soldados, secuestraron, y algunos curas se quedaban con las mujeres más bonitas; hubo trenes quemados. Por desgracia el pueblo es la principal víctima y es siempre el que pierde”.

Antonio Delgado Cruz justificó la obediencia debida que tiene un soldado al “jefe nato”, es decir, al presidente de la República, Calles”

Laura Campos señaló que el movimiento cristero “no tuvo en realidad la pretensión de defender la libertad religiosa, sino defender los fueros y los privilegios del clero católico al costo que fuera; y hay aspectos que poco se han analizado como el fundamento teológico utilizado por la Iglesia católica para justificar y apoyar el levantamiento armado. También algunos episodios cristeros que a fuerza de manipulación mediática las autoridades del clero han querido que pasen desapercibidos por la gente. Por ello se ha querido borrar y mutilar deliberadamente en los libros de historia a efecto de justificar a los principales dirigentes cristeros, por ello dijo, Anacleto González Flores fundó la “falange de la patria”, precursora lejana del actual Yunque.

Orígenes turbios

Campos Jiménez reseñó parte de su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México: “con el casi naciente Estado mexicano y en la configuración de sus instituciones y en apego al artículo 130 constitucional que tenía siete años de vigente, se destacaba la necesidad de llevar a la práctica la obligación de los sacerdotes a registrase como encargados de los templos y hacer los inventarios correspondientes. De esta manera el 14 de junio de 1926 el presidente constitucional de ese entonces expidió una ley que reformaba el Código Penal para el Distrito Federal y Territorios Federales a efecto de establecer sanciones a quienes incumplieran diversos artículos entre ellos los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitucionales, decreto que se llamó Ley Calles. Pero en un alarde y en abierto desacato a las instituciones y a la legalidad del Estado mexicano el clero católico contestó con la desobediencia y la rebelión. Específicamente el arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y el de Durango José María González adoptaron una posición militante: “no se obedecería la ley y se suspendería el culto en tanto estuviera vigente”; además, dijeron: “emprenderemos una campaña contra esas leyes y contra esos artículos”, por lo que emitieron una carta pastoral que exhortaba a que los niños no acudieran a las escuelas del gobierno, lo que generó entonces el contexto que desarrolló un amplio movimiento de resistencia civil armado que se denominó cristero por su alusión al grito de “¡Viva Cristo Rey!”

Señaló Campos Jiménez que la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fundada el 9 de marzo de 1925, fue en realidad un brazo armado secular de la Iglesia católica, de la que obtuvo apoyo moral, económico y político, y que se preparó ex profeso un año antes. Los líderes que estuvieron a cargo de la dirección del movimiento armado fueron principalmente Anacleto González Flores y Miguel González Loza, quienes tenían como misión el “recuperar” la “libertad religiosa” y “derrocar” al “gobierno tiránico” de Calles y posteriormente el de Obregón. Esta misión implicó el uso de la violencia, la guerrilla, la tortura y hasta asesinatos de maestros rurales.”

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González Márquez, promotor del odio


La Crónica de Hoy. 8 de mayo de 2008

Por Raúl Trejo Delabre

Un millón de pesos diarios. Esa es la cantidad que el gobernador de Jalisco ha regalado a instituciones y empresas privadas desde que tomó posesión de ese cargo, en marzo del año pasado. Los 90 millones de pesos que decidió donar a la iglesia católica para la construcción de un santuario cerca de Tlaquepaque constituyen el obsequio más cuantioso y polémico, pero no el único, que Emilio González Márquez ha otorgado con dinero público.

Donativos a las televisoras, transferencias a firmas privadas, un regalito que mandó hacer para entregarle al Papa en El Vaticano y gratificaciones varias a fundaciones identificadas con grupos católicos, son parte del derroche del cual se ufana el gobernador de Jalisco. Se trata de 420 millones de pesos hasta fines de abril. El reportero Alejandro Almazán hizo el detallado recuento de esos gastos en la edición más reciente de la revista emeequis.

A quienes han cuestionado la discrecionalidad con que gasta dinero que no es suyo, sino de los ciudadanos, el gobernador González Márquez respondió el 23 de abril con la ordinariez que ha sido profusamente comentada en todo el país. Las mentadas de madre le han sido revertidas por muchos de sus conciudadanos en diversos actos públicos realizados para reclamarle no sólo por lenguaraz, sino por abusar de su cargo al frente del gobierno jalisciense.

También debido a la presunción de uso inadecuado de recursos públicos los donativos del gobernador, especialmente los 90 millones de pesos que prometió al llamado Santuario de los Mártires, han sido causa de una averiguación que la Cámara de Diputados solicitó, por unanimidad, la semana pasada. Esa indagación, que les fue requerida a las secretarías de Gobernación y de la Función Pública, tiene sustento en la normatividad para el ejercicio de recursos a cargo de los gobiernos estatales y, además, en la legislación para las corporaciones eclesiásticas.

Aunque dice que es para alentar al turismo, el donativo de 90 millones de pesos estará destinado a respaldar la construcción de un recinto religioso (“el más grande de América Latina”, se ufana la jerarquía de la iglesia católica en Jalisco) en el cerro del Tesoro, cerca de la capital tapatía. Quizá al gobernador González Márquez y a quienes con tanto fanatismo como el suyo defienden esa donación les resultaría útil atender al artículo 3 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público expedida en 1992:

El Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo en lo relativo a la observancia de las leyes, conservación del orden y la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna. Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa”.

Evidentemente la entrega de una suma de dinero, del monto que fuese pero especialmente si asciende a la cantidad que González Márquez autorizó para sus amigos de la Diócesis de Guadalajara, constituye un gesto de favoritismo. Cualquier otra corporación eclesiástica podría considerarse con derecho a recibir un regalito similar para no padecer discriminación por parte del gobernador de Jalisco.

Con ese donativo, González Márquez confirma la subordinación que tiene respecto del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, el jactancioso patriarca de la iglesia católica en Jalisco. La proclividad de ese personaje para lucrar políticamente con el falseamiento de asuntos públicos se ha confirmado con las versiones distorsionadas que ha propalado acerca del asesinato de su antecesor, el arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo.

Así también, la construcción del llamado Santuario de los Mártires dista de ser un proyecto para favorecer al turismo en Jalisco. Se trata de una obra para respaldar a los segmentos más conservadores de la iglesia católica. Es decir, el gobernador González Márquez no solamente ha transgredido la Ley de Asociaciones Religiosas al destinar dinero público a una corporación eclesiástica. Además apoya, con recursos del Estado, a una de las facciones más retardatarias de la iglesia católica. Eso es jugar con fuego.

Los mártires a los que se pretende recordar con el presunto santuario no se distinguieron por sus obras piadosas, ni por contribución alguna a la doctrina de la iglesia católica. Se trata de fieles que se alzaron en armas contra el Estado mexicano con motivo de las restricciones al ejercicio de los ritos religiosos que impuso el gobierno de Calles a fines de los años 20 del siglo pasado.

El encono entre defensores y antagonistas de la iglesia católica constituyó una fase de auténticos desgarramientos en la sociedad mexicana hace ocho décadas. En ambas partes de ese diferendo hubo fanatismo y excesos, en ocasiones de notable violencia y arbitrariedad. Con la construcción del Santuario en Tlaquepaque el clero de Jalisco reanima esas discrepancias y lo hace de la peor manera, exaltando a personajes respecto de los cuales existen juicios históricos bastante contradictorios.

Los llamados mártires de Jalisco fueron víctimas pero, antes que nada, corresponsables de la conflagración social y política que anidó en ese y otros estados en los años de la guerra cristera. Entre la docena de militantes católicos que recientemente fueron beatificados y en cuyo honor se quiere erigir el nuevo monumento, destacan José Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza. El primero de ellos apuntaló en Jalisco uno de los bastiones más intolerantes y –literalmente– belicosos de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa. Gómez Loza lo respaldó y según diversos testimonios participó en acciones de violencia como el asalto, el 19 de abril de 1927, al ferrocarril que iba a la ciudad de México.

La historiadora Laura Campos Jiménez, en su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México, relata que Gómez Loza respaldó a los sacerdotes José Reyes Vega, Jesús Angulo y Aristeo Pedroza así como al guerrillero Victoriano Ramírez, apodado “El Catorce”, que descarrilaron el tren a 7 kilómetros de La Barca, en Jalisco.

Al día siguiente, 20 de abril de 1927, El Universal Gráfico reseñó: “El criminal acto que hizo víctimas no sólo a la escolta, que se batió heroicamente, sino a una parte del pasaje, fue consumado por la gavilla capitaneada por los curas Vega, Pedroza y Angulo, el licenciado Loza y el cabecilla apodado ‘El Catorce’. La escolta sucumbió ante la superioridad numérica de los levantados y la fiereza de estos que hizo víctimas, en forma espantosa y con una crueldad subleva, a una parte del pasaje”.

Campos Jiménez explica: “La gavilla de cristeros que llevó a cabo este salvaje atraco, tuvo conocimiento de primera mano a través de Miguel Gómez Loza (ahora beato) que la sucursal Guadalajara del Banco de México, enviaría por ferrocarril una importante suma de dinero a México el citado 19 de abril, el cual habrían de asaltar y hurtar”.

Allí mismo se transcribe el testimonio del miliciano cristero Luis Rivero del Val: “Los cristeros se apostaron bien parapetados en ambos lados de la vía, dominando el convoy. El destacamento a cuyo cuidado iban los pertrechos se diseminó por todos los carros y ocupó las ventanillas, desde las cuales hicieron fuego incesantemente, sin importarles la seguridad del pasaje, el cual tirado contra el piso de los mismos carros, quedó expuesto a las balas de los atacantes. El combate duró casi tres horas, hasta que sucumbió el último hombre de la escolta, que dicho sea en su honor, se portó con fiera valentía. Una vez dominada la situación subieron los rebeldes al tren, se apoderaron de las armas, pertrechos y dinero que en él se conducían… posteriormente regaron los carros con el combustible de la máquina y les prendieron fuego”.

Lo hicieron con todo y muchos de sus ocupantes. El Universal Gráfico del 21 de abril informó: “Subieron los rebeldes sin escuchar a las mujeres que pedían piedad. Bajaron del tren los pasajeros que pudieron hacerlo, pero se quedaron los niños y heridos. Los asaltantes, sin miramiento alguno, regaron de chapopote los carros y les prendieron fuego, consumiéndose por completo y oyéndose en medio de la hoguera los gritos de quienes se quemaban vivos”.

La investigación de Campos Jiménez ofrece otros ejemplos de la saña de quienes luego serían beatificados por la iglesia católica. Seguramente de la otra parte también hubo excesos. Así fue, deplorable y absurdamente, la guerra cristera.

Esas cenizas son las que remueve el “santuario” de Sandoval Íñiguez. Esos abusos de los cristeros en Jalisco son los que respalda el gobernador Emilio González Márquez. El gobernador de Jalisco no solamente utiliza dinero público para respaldar una causa particular. Además a esa causa la singularizan la división y el odio entre los mexicanos.

trejoraul@gmail.com

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