El cardenal Sandoval, la indiferencia religiosa y el Estado laico en México


Francisco Ramírez Acuña besa el anillo episcopal del Cardenal Juan Sandoval.

Francisco Ramírez Acuña besa el anillo episcopal del Cardenal Juan Sandoval.

Por Laura Campos Jiménez

Bajo el título “Crecen paganas las nuevas generaciones”[1], quedaron registradas las declaraciones del cardenal Juan Sandoval Iñiguez en torno a la “indiferencia religiosa” que, en su opinión, se vive actualmente en nuestro país: “En nuestros días, las nuevas generaciones crecen prácticamente paganas, sin ningún conocimiento o formación religiosa”.[2]

En esa declaración, el cardenal Sandoval reconoce la existencia de una crisis al interior de la Iglesia católica y a una membresía vulnerable que, en su gran mayoría, desconoce los dogmas eclesiásticos en los que debería fundamentar sus creencias. 

Las declaraciones del arzobispo de Guadalajara ante tal problemática, en donde no tiene espacio la autocrítica , hablan por sí solas: 

Comenzamos –declara– con una constatación: La ignorancia religiosa del pueblo católico. Entre nosotros es enorme, grave y extrema la ignorancia de nuestra propia religión. Generalmente se vive una fe que han transmitido nuestros mayores y que es, por lo tanto, una fe de tradición; una fe apoyada en celebraciones multitudinarias, en manifestaciones de religiosidad popular, en peregrinaciones, etcétera, mas no es una fe que se haya asumido con convencimiento personal porque no se conoce; no se conocen a fondo sus dogmas, la enseñanza de la Iglesia y demás”.[3] 

Si se agregan a los anteriores conceptos las conclusiones del IV Plan Diocesano de Pastoral 2001-2004, publicados por la arquidiócesis de Guadalajara, el panorama es menos alentador: “Algunos tienen para con la Iglesia un sentido de desapego o extrañeza, de pertenencia de bajo nivel: lo mínimo indispensable o sólo lo que se antoja y cuando se antoja” (parágrafo 106).

Desbandada religiosa

El fenónemo del “indiferentismo religioso” no es un hecho reciente ni se trata de un caso aislado, como lo plantea Sandoval. Hace 30 años, monseñor Antonio Sahagún López, quien era uno de los obispos auxiliares de Guadalajara,  señaló que el católico bautizado lo es sólo por “costumbre”, y que no llega al nivel de practicante: “En México, no llega ni al uno por ciento el número de quienes viven el cristianismo; son católicos, nada mas de nombre”.[4]   

El fenómeno del “indiferentismo” camina en el mismo sentido de la “desbandada religiosa”; las estadísticas así lo confirman. En América Latina, de acuerdo a cifras publicadas por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), alrededor de 12 mil personas abandonan cada día las filas la iglesia. De 1970 a 1990, 40 millones de latinoamericanos dejaron de ser católicos.[5] De acuerdo a la doctora Patricia Fortuny, “cada día que pasa, cientos de mexicanos abandonan el catolicismo tradicional y oficial y otros más abandonan totalmente las creencias religiosas”.[6]

A pesar de que el mayor porcentaje de católicos en América se concentra en México y Brasil, datos recientes revelan que el catolicismo sigue decreciendo en estos países. En México, la desbandada religiosa es una constante.

En 1950, el 98.21 % de las personas mayores de cinco años declaró ser católico, mientras que en el año 2000, el 88.73 % dijo profesar este credo, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). Datos extraoficiales, sin embargo, señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo, y han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. A este respecto, y siendo menos conservador, el propio cardenal Sandoval afirmaba en 1997, que “para el año 2000 podría haber 30% de mexicanos no católicos”.[7]

En Guadalajara, por su parte, entre 1980 y 1990, un total de 189,381 personas dejaron de profesar la religión católica, de manera oficial.[8] A nivel nacional, la CEM ha reconocido que tan solo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos, son practicantes (el 6.7% de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social.  

                  

Radiografía eclesiástica

No obstante que la grey católica decrece porcentualmente, es un hecho que la jerarquía católica en México está imposibilitada para atenderla personalmente. En primer lugar, porque la mayor parte de esa feligresía tiene escaso o ningún interés en acercarse a los clérigos para ser formada en la fe que dice tener. Por otro lado, quienes sí tienen ese interés (el 6.7% de la población), no alcanzan a ser atendidos dado el insuficiente número de sacerdotes (13 mil 380 en México), situación, por otro lado, que no parece tener solución porque las vocaciones sacerdotales no crecen a la par de la supuesta demanda del pueblo católico.

Los insuficientes sacerdotes en activo son de edad avanzada (57. 3 años en promedio) y su pronto retiro agravará aún más el mencionado déficit. No es, entonces, la “indiferencia religiosa” el único elemento responsable de socavar los cimientos de una estructura eclesiástica erosionada, quien sigue viendo, de manera inevitable, el éxodo de fieles a otras alternativas religiosas.

El panorama antes planteado puede resumirse de la siguiente manera:

  1. Poco a poco la Iglesia católica está perdiendo terreno en el mundo, y sobre todo en sus antiguos feudos en el viejo continente.
  2. Los jóvenes se alejan cada vez más de la Iglesia, y los católicos en general dejan de ser practicantes.  
  3. A nivel mundial, las órdenes religiosas van disminuyendo.
  4. Las encíclicas del Papa o muchos de sus llamados, son prácticamente ignorados por los feligreses.
  5. La feligresía católica sigue otras pautas de conducta y de moral, que son ajenas a los dictados de su jerarquía.
  6. En muchísimas parroquias del mundo –escribe el jesuita Salvador Freixedo– “el 80 por 100 de los católicos no acude al templo, ni se interesan por la llamada ‘vida parroquial’”.[9]
  7. La mayor parte de los creyentes católicos no considera que los obispos representen sus intereses e incluso llegan a estar en desacuerdo con ellos.
  8. La jerarquía católica ha perdido su capacidad de influir sobre la conciencia de sus fieles, aunque mantengan una presencia pública y se les invite a actos oficiales.

Otro de los problemas que incuban al “indiferentismo religioso” es la existencia en el país de cerca de dos mil sacerdotes católicos casados, y el hecho de que la CEM no sabe que hacer con ellos y con el problema colateral que ello representa; hoy, alrededor de 90% de las mujeres que abortan y toman la píldora anticonceptiva, son católicas. La escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y los escándalos sexuales suscitados al interior del clero, han causado desencanto en grandes sectores de la sociedad. Se podría enumerar aquí una larga lista de “causas y efectos” que la jerarquía católica se ha negado a reconocer, pese a que ésta persista en el afán de encontrar –sin éxito– a los “responsables” de sus desaciertos y fracasos.  

  

***  

Iglesia católica y Estado laico  

 La jerarquía católica mexicana sigue interviniendo abiertamente en política, aunque un amplio sector de la sociedad se pronuncie en desacuerdo con esta injerencia y perciba que la actual estrategia episcopal (apoyada en el Gobierno Federal y en los medios de comunicación a su servicio), sea un continuo y sistemático ataque al Estado laico, con lo cual estaría buscando la forma de recuperar los privilegios que la élite jerárquica disfrutó sin contrapesos hasta la época de la Reforma en el siglo XIX.

La jerarquía católica, ante este panorama, está enfocando sus baterías (cabildeos, negociaciones, alianzas, etcétera), para lograr que el artículo 24 constitucional sea modificado. El cambio constitucional que la CEM pretende, se encuentra en el apartado que habla sobre “libertad de creencia y culto”, el cual sería suplido por el de “libertad religiosa”. Desde esta óptica, los jerarcas recuperarían y ampliarían diversos privilegios, entre los que destacan:

Introducción de educación religiosa católica en las escuelas públicas; subvención estatal para los ministros de culto y para sus actividades litúrgicas; la operación de capellanías militares en las instalaciones castrenses; el control directo de medios de comunicación electrónicos, entre otros pliegos petitorios.

Las anteriores pretensiones no solo quebrantarían el Estado laico, sino que amenazan con querer implantar una moral religiosa a la sociedad, cuando nuestro país es plural, secular y democrático, y no quiere el regreso a un Estado confesional o a etapas oscurantistas ya superadas.

En otras palabras, la jerarquía católica pretende trasladar el culto, la instrucción religiosa y el confesionario, a las escuelas públicas, ante su evidente fracaso en el terreno de la catequesis en nuestro país y la consiguiente desbandada religiosa, como atinadamente lo reconocen el cardenal Sandoval y los obispos mexicanos en su conjunto. Paradójicamente, las declaraciones aquí señaladas se presentan en un país que se autoproclama como el principal “bastión del catolicismo” para el Estado Vaticano.

Buscar los orígenes de la desbandada, indiferencia e ignorancia religiosas en nuestro país, no es difícil. Los elementos antes analizados nos pueden dar una aproximacíón para entender la debacle moral, pastoral y catequética (confesa), que experimenta la Iglesia católica en la actualidad. Lo nefasto y reprobable es que, ante el fracaso moral en comento, los pastores de la grey católica encabecen una fanática cruzada contra de las minorías religiosas, el Estado laico y sus valores libertarios, los cuales son ejes rectores en una sociedad pluralista que, hoy día, se precia de ser democrática.

***  

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2010/03/29/index.php?section=politica&article=003n1pol


NOTAS  

[1] El Occidental, 12 de septiembre de 2005, p. 10ª.  

[2] Idem.  

[3] Semanario, edición 441, 17 de julio de 2005, p.3.  

[4] Excélsior, 30 de enero de 1979, p. 1ª.  

[5] Proceso, 6 de mayo de 1996, p. 27.  

[6] Patricia Fortuny, Creyentes y creencias en Guadalajara, p. 26.  

[7] El Occidental, 13 de octubre de 1997, p. 16ª.  

[8] Cf. INEGI.  

[9] Salvador Freixedo, Mi Iglesia Duerme, p. 18.

 

 

12 comentarios

  1. septiembre 6, 2010 a 3:12 pm

    Sandoval Íñiguez ya debería ser jubilado: da lástima ajena las babosadas que irreflexivamente dice. Ojalá que el Estado laico sea una realidad en el México del siglo 21.

  2. Antonio Sánchez said,

    abril 8, 2011 a 1:52 am

    Mexico está declarado como un Estado Laico, es decir un Estado en el que se respeta y se valora la religión, por tanto, “amor y paz en Dios a los hombres de buena voluntad y a toda la humanidad.”

    Felicito a la autora por los ensayos y artículos que presenta en este blog. Los católicos que nos sentimos indignados por el proceder de nuestros pastores, creemos firmemente que la crítica no sólo es indispensable sino que, como unguento, puede paliar la corrupción y podredumbre que se vive al interior de mi religión.

    Reza un popular refrán: “la verdad no peca, pero incomoda”.

    Mi correo: ocotlanadgentes@hotmail.com

    • Antonio Sánchez said,

      abril 13, 2011 a 10:48 pm

      A un servidor, Antonio Sanchez de Ocotlán, no le agrada escuchar lo que dice nuestro pastor, el cardenal Juan Sandoval, pues en muchas de sus homilías o en su columna de El Semanario falta impúdicamente a la verdad.

      Soy un laico comprometido, sin embargo, en honor a la verdad, veo la desilución de muchos de los grupos parroquiales, agentes de pastoral, movimientos ecelsiales, etcétera, que ven cómo muchos católicos han abandonado la religión al ver el testimonio de prepotencia y alejamiento del Pueblo de los obispos.

      La autora de este artículo sabe lo que escribe, y da a concer sus ideas objetivas sobre la corrupción eclesiástica tan manifiesta en las últimas décadas.

      Dijo Jesús: “Amor y paz en Dios a los hombres de buena voluntad y a toda la humanidad.”

      Atentamente,

      Antonio Sánchez
      Misión eclesial Ad Gentes
      Correo: ocotlanadgentes@hotmail.com

  3. Antonio Sánchez said,

    abril 16, 2011 a 11:26 pm

    Bendito sea Dios que me calumnien, quien es? no se quien sea, pero me estan calumniando, pero de todos modos así calumnian a los sacerdotes y a los obispos, todos estos escritores antieclesiasticos o quien sabe quien sea en realidad. Y así calumniaron a Jesús para triunfar sobre el, pero no les salió, así no me preocupo por las calumnias que haya contra mi, pues no les sale, Dios nos libra de todo esto. Bendito sea Dios por pasar un poco de la cruz que mi Jesús amado tuvo y que María nuestra amada madre también la tuvo, y así también los Santos han tenido, y que muchos sacerdotes y obispos también tienen.“Amor y paz en Dios a los hombres de buena voluntad y a toda la humanidad.”

  4. jose hector jimenez said,

    enero 22, 2012 a 4:55 pm

    Me parece muy interesante su lucha contra el intento del clero catolico por revertir las disposiciones constitucionales para tener una intervencion directa con el gobierno federal y asi poder incrementar su fuerza y participar en decisiones gubernamentales que afecten la libertad de creencias en Mexico

    • Eliseo Rivera P said,

      febrero 22, 2012 a 12:01 am

      Boletín 46/2012 que emite la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal el 1 de febrero de 2012

      Posted on 02/02/2012 by Administrador

      Necesario que el Senado revise el dictamen de reforma al Artículo 24 a fin de garantizar el Estado Laico.

      • La acción del Estado no debe estar definida por una creencia religiosa o moral particular

      Ante el próximo dictamen del Senado respecto de la reforma al Artículo 24 de la Constitución Mexicana, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) considera necesario que el Senado revise cuidadosamente el contenido y alcance de esta iniciativa de modificación constitucional, a la luz de la defensa del Estado laico y las instituciones que tutelan los derechos de todas las personas, sin discriminación e independientemente de las doctrinas morales que se profesen de manera libre y responsable.

      La laicidad del Estado mexicano, es decir, la obligación de comprometerse con el respeto irrestricto del pluralismo moral y la no oficialización de ninguna religión o moralidad en particular, asentada en el Artículo 24 constitucional, constituye el marco para la impartición de una educación cívica que orienta a las personas hacia la construcción de una cultura de respeto a los derechos humanos, las diferencias y el diálogo democrático basado en la pluralidad social y la no discriminación como valores fundamentales de la democracia.

      Para la CDHDF, la laicidad también implica que las normas y criterios con que el Estado rige su acción no deben estar definidos por una creencia religiosa o moral particular. La laicidad es una forma de garantizar y proteger el derecho de todas las personas a decidir de manera libre acerca de religión, sus preferencias sexuales, su identidad de género o conducta moral.

      Pero, más importante, la laicidad constituye un freno a cualquier tentativa de oficializar una visión religiosa o moral, la cual, incluso siendo la que profesa la mayor parte de la población, no debe tener carácter obligatorio.

      Fuente:
      Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
      http://www.cdhdf.org.mx/index.php/comunicacion
      Fecha de consulta:
      2 de febrero de 2012

  5. Eliseo Rivera P said,

    febrero 4, 2012 a 12:27 am

    Debemos pugnar todos los Mexicanos,porque se incerte en el artículo 40 de la constitución politíca mexicana;que México es un Estado Laíco y Democrático

    • Eliseo Rivera P said,

      febrero 8, 2012 a 8:32 am

      Luchemos porque nuestros hijos y nietos sigan teniendo una educación libre de dogmatismos e ideologías religiosas traídas del extranjero; digamos si al estado laíco y, un rotundo no a la reforma del artículo 24 de nuestra constitución política mexicana.

      • Eliseo Rivera P said,

        febrero 8, 2012 a 12:08 pm

        sacerdote violador

        TEPIC, Nay.

        El Juzgado Segundo de Distrito de esta entidad, negó el amparo al sacerdote católico Heider Jaimes Orduz, acusado por los delitos de violación y corrupción de menores, al contrario, confirmó un nuevo auto de formal prisión en su. El Juzgado requirió que se hiciera un “enlace lógico jurídicas” de las declaraciones de los ofendidos, “para la acreditación del cuerpo del delito de violación”, y no sólo una trascripción de sus versiones. El sacerdote está acusado de los delitos de corrupción de tres menores y de violación de uno de ellos, de 14 años de edad, cometidos en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de Zapopan, en la colonia Puerta de La Laguna. Jaimes se encuentra detenido desde la primera semana de marzo, después de que se embriagó con los tres adolescentes y el más joven de ellos lo identificó como el atacante sexual.

  6. Eliseo Rivera P said,

    febrero 8, 2012 a 10:40 am

    El clero mexicano busca recuperar para la iglesia católica el monopolio económico y el poder político que tuvo hasta mediados del siglo XIX. El historiador Silva Herzog escribió al respecto: “El problema más grave en México, en cuanto a la propiedad territorial desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, consistía en las grandes y numerosas fincas del clero en aumento año tras año y sin cabal aprovechamiento… enormes riquezas estancadas sin ninguna o casi ninguna circulación”. La iglesia, no sólo poseía más de la mitad de las tierras del país, sino que también estaba estrechamente aliada a los hombres más ricos, a los hacendados, al gobierno y al ejército que dominaban a la nación y las leyes. Fue el gran poder que se opuso con las armas, de manera violenta, a los liberales encabezados por Benito Juárez, Lerdo, Ocampo.
    Por ese motivo, a través de la historia, la iglesia ha representado un verdadero peligro en la política mexicana. Cuando en 1856 se decretó la Ley de desamortización de los gigantescos latifundios (tierras muertas que no producían) que controlaba en todo el país, la iglesia no solamente desautorizó al gobierno, sino que organizó una gran guerra de tres años contra los liberales. Fue precisamente por esa actitud por la que Juárez se vio obligado a decretar la ley que separó a la iglesia del Estado y mediante a Ley de nacionalización expropió las tierras que la iglesia y el ejército querían conservar para sí. Después de las Leyes de Reforma la iglesia buscó la revancha armada en muchas ocasiones hasta que el gobierno de Carlos Salinas, a fines de 1991, le abrió nuevamente las puertas, mismas que con Fox y Calderón, ha querido ampliar en nombre de la libertad.
    Desde octubre de 1978 fue electo un nuevo Papa y a los tres meses, en enero de 1979 iniciará sus visitas papales en México. En mayo de1990 realizó su segunda visita al país –cuando ya gobernaba Carlos Salinas- para asegurar el establecimiento de relaciones México-Vaticano y el otorgamiento de amplios derechos políticos para el clero. El Papa realizaría su tercer viaje el 1992 para agradecer a Salinas el abierto apoyo a la iglesia católica mexicana, pero una enfermedad le hizo posponer el viaje que al fin realizó en agosto del siguiente año. De hecho tomó a México –país ideal por su enorme devoción-como su “centro de operaciones” para extender el catolicismo en América. En 1999 hará su cuarto viaje, en 2002 realizaría su quinta gira, misma que aprovechó para que el presidente Fox le besara el anillo. La sexta visita, que debió realizarse en octubre de 2004, fue cancelada.
    En 1991 el presidente Salinas había recuperado ampliamente el poder con el apoyo del PAN y la iglesia, después que tres años antes se lo había disputado Cuauhtémoc Cárdenas. Salinas aprovechó esa fuerza para instruir a Donaldo Colosio, presidente del PRI, y a Mariano Palacios, presidente de la Fundación Cambio XXI, para que redactaran e hicieran aprobar una ley que beneficiara a la iglesia. Fue el 10 de diciembre cuando se presentó el documento al Congreso y, en ese mismo momento, el presidente Salinas estaba reunido con 100 obispos en Los Pinos entregándoles el mismo documento. Con ellos estaban, además de Salinas, Córdoba Montoya, Gutiérrez Barrios, Colosio Murrieta y Patricio Chirinos. Los legisladores priístas y panistas aprobaron y aplaudieron esa nueva relación con el Vaticano que también selló el maridaje de PRI con el PAN.
    El investigador y periodista brasileño Alan Riding escribió en 1985 que la iglesia en México es una fuerza poderosa que no solo trabaja en el nivel de las comunidades rurales por medio de unos diez mil sacerdotes en 53 diócesis, sino también por medio de organizaciones relacionadas con la iglesia como serían la Acción Católica, el Movimiento Familiar Cristiano y la Unión Nacional de Padres de Familia. En las últimas dos décadas, el movimiento conservador Opus Dei ha adquirido influencia en círculos empresariales, al tiempo que dos partidos de oposición, el Partido Acción Nacional y el Partido Demócrata Mexicano, son abiertamente católicos. Como puede verse, la iglesia no pierde el tiempo y aprovecha todas las coyunturas para avanzar. El Estado y la iglesia llegaron a un “modus vivendi”; el Estado se sirve de la iglesia que apacigua y ésta vive bajo la sombra y protección del Estado.
    . En resumen, ¿qué es lo que quiere ahora el clero después de más de seis años del gobierno del Fox y después de impulsar con todas sus fuerzas a Felipe Calderón? Ellos se expresan sin el menor rubor: La iglesia quiere fundamentalmente que se modifique el artículo 24 constitucional, que garantiza la libertad de culto y de creencia. Queremos que ese concepto se amplíe por el de libertad religiosa, como lo estipulaba la ONU, y donde se abarca todo el derecho humano a la expresión, asociación, gestión y servicio de una fe. Queremos que en todas las escuelas públicas se dé instrucción religiosa, que se respete el derecho de los padres a que sus hijos sean educados conforme a su fe, que los ministros de culto puedan postularse a cargos de elección popular. ¿Será que el clero esté luchando por el respeto de todos sus derechos, pero al mismo tiempo evitar cumplir con sus deberes?
    En los últimos años, sobre todo a partir de que en los Estados Unidos se descubrió que algunos jerarcas del alto clero católico estaban implicados en pederastia, se desató en México una gran cantidad de denuncias contra el jefe de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, y una cantidad de de Jefes de la iglesia acusados de corrupción y pederastia, así como contra encubridores entre los que destaca el Cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México. No existe poder civil que castigue a esos delincuentes de sotana que se respaldan en fueros eclesiásticos. Debería quedar claro que para participar en política se requiere echar a la basura todo tipo de fuero. Cualquier cura o militar que quiera hacer campaña debe automáticamente convertirse en civil y no poder hablar en nombre de institución alguna. Por su historia, la iglesia sí es un peligro para México.

  7. Eliseo Rivera Parada said,

    febrero 16, 2012 a 10:36 am

    México”, requiere un “ejército de hombres y mujeres libres, que desde todos sus rincones defiendan el pensamiento crítico y liberal”es decir que luchen porque en realidad el pais sea un estado laico

  8. Eliseo Rivera P said,

    febrero 22, 2012 a 3:39 pm

    ENEMIGOS DE LA INDEPENDENCIA

    p A diferencia de los siglos XVI y XVII, cuando la Inquisición estuvo dedicada principalmente a la caza de todo género de renegados imaginarios o reales de la religión católica y de hechiceras y blasfemos [279•17 , en el siglo XVIII se propuso ante todo extirpar la facción 280 política representada por los adeptos de los enciclopedistas franceses, primero, y por los partidarios de la revolución francesa y de la independencia de las colonias, después.

    p El primer luchador por la independencia de las colonias que se consumió en la hoguera de la Inquisición fue Guillermo Lombardo Guzmán. Nació en 1616 en Irlanda. Su verdadero nombre era William Lampart. De joven, ese católico fanático huyó a España, donde cambió su nombre por el de Lombardo Guzmán y en 1640, con el permiso de las autoridades españolas que se mostraban benévolas con él, pasó a instalarse permanentemente en México. Allí ideó el temerario plan de proclamar la independencia de esa colonia y declararse “rey de América” y “emperador” de los mexicanos. El conspirador trató de atraerse a los oficiales de la guarnición local, pero fue delatado y recluid9 en la cárcel.

    p A juzgar por los papeles de la causa instruida por la Inquisición, el bizarro irlandés se proponía manumitir a los esclavos, permitirles el ejercicio de “oficios honrosos” e igualarlos en derechos (como asimismo a los negros, mulatos e indios) con los criollos. Además, tenía la intención de autorizar el comercio libre con Francia, Holanda, Inglaterra y Portugal.

    p Los inquisidores mantuvieron a Lombardo Guzmán en la cárcel durante seis años, sometiéndolo a refinadas torturas, pero no consiguieron doblegar a ese hombre de una voluntad y firmeza poco comunes. Más aun, logró fugarse de su calabozo e incluso penetrar al día siguiente, a las 3 de la mañana, en el dormitorio del virrey para entregarle una protesta escrita contra las criminales acciones de los verdugos de la Inquisición. Los esbirros no tardaron en dar con la pista del fugitivo y éste volvió a caer en manos de sus torturadores. Los diez años siguientes de tormentos fueron tan estériles para los inquisidores como los seis anteriores: Guzmán sustentaba firmemente sus “facciosos” puntos de vista. El 19 de noviembre de 1659 fue expuesto a la vejación en un auto de fe y quemado después, en la ciudad de México.

    p En el siglo XVIII, la Inquisición ya no tuvo que vérselas con unos cuantos individuos, sino con numerosos adversarios del régimen colonial, adeptos de los enciclopedistas franceses cuyas obras penetraban por vías 281 diversas y en una cantidad relativamente grande en las posesiones ultramarinas de España. El Santo Oficio se daba cuenta de lo peligrosas que eran esas obras para los colonizadores. En varios edictos y disposiciones de la Inquisición colonial, las obras de Rousseau, Voltaire, Condillac, Rayanal, D’Alembert y otros filósofos e ilustradores franceses se calificaban de “contrarias a la tranquilidad de esos Estados y reinos”, de “subversivas y cismáticas”, dirigidas contra todos los reyes y autoridades, especialmente “contra los monarcas católicos cristianos”; se decía que eran “capaces” de conducir a los pueblos a “la anarquía más desordenada y, para colmo, culpables de proclamar los criminales “principios de la igualdad universal y de la libertad de todos los hombres” [281•18 . En 1803, la Inquisición de Nueva España prohibió la traducción española de El contrato social de Rousseau, con el pretexto de que ese libro incitaba a los vasallos fieles de su majestad a sublevarse para acabar con la onerosa dominación de los reyes, acusándolos de despotismo odioso e instigando a los habitantes a romper los lazos y cadenas de la dignidad eclesiástica y de la Inquisición [281•19 .

    p El Santo Oficio arremetió con particular furor contra las obras literarias de ilustradores franceses que denunciaban sus crímenes. En la decisión que prohibía el libro francés Cronología sucinta de la historia de España y Portugal, secuestrada en 1777, los inquisidores mexicanos declararon, al polemizar con su autor anónimo, que los cristianos no consideraban de ninguna manera crueles o excesivos los espectáculos ígneos de castigo de los herejes; al contrario, siendo dóciles y acatando a sus guías, aceptaban esos espectáculos, los ensalzaban y se alegraban de ellos, considerando que no eran sólo un instrumento de castigo de la herejía y de los herejes, sino también un acto de fe… [281•20 Los autores de opiniones 282 contrarias eran excomulgados, y sus obras se entregaban a las llamas.

    p En el último cuarto del siglo XVIII, las ideas liberadoras empezaron a ganar adeptos en el clero colonial. Algunos sacerdotes criollos, que representaban la intelectualidad local, bajo la influencia de libros “ subversivos” extranjeros, de la guerra por la independencia de las colonias inglesas en Norteamérica y de la revolución francesa de 1789, se identificaron con el espíritu patriótico y propugnaron la separación de España. Esos sacerdotes fueron objeto de persecuciones eclesiásticas particularmente feroces.

    p Entre los patriotas reprimidos por la Inquisición figuró el antiguo jesuita Juan José Godoy, nacido en 1728 en Mendoza (virreinato del Río de la Plata). Disuelta la Compañía de Jesús en 1767, Godoy huyó de Hispanoamérica a Inglaterra, y de allí se trasladó a los Estados Unidos, donde abogó por la independencia de las colonias españolas. El arzobispo Antonio Caballero y Góngora, entonces virrey de Nueva Granada, con la ayuda de provocadores logró gue Godoy regresara al territorio español y entregó al rebelde al tribunal de la Inquisición de Cartagena para que lo reprimiera. Después de someterlo a interrogatorios y torturas durante más de cinco años fue deportado a Cádiz (en 1787) y recluido en la fortaleza de Santa Catalina, donde murió.

    p De milagro escapó a las mazmorras de la Inquisición el patriota venezolano Francisco Miranda, precursor del movimiento por la independencia, que con el rango de teniente coronel desempeñaba el cargo de ayudante del gobernador de Cuba. En 1783, el tribunal inquisitorial de Cartagena dispuso detenerlo, pero el comisario de la Inquisición en La Habana comunicó que el delincuente se había pasado a los EE.UU., por cuyo motivo no se esperaba que sería castigado como merecía [282•21 .

    p El 13 de diciembre de 1789, la Inquisición de Cartagena prohibió la lectura y divulgación de los Derechos del Ciudadano y del Hombre, proclamados por la revolución francesa.

    p En 1794, el “santo” tribunal de México detuvo a dos 283 franceses—el capitán Jean Mane Murget y el médico Joseph Fran9ois Morel—, acusados de hacer propaganda revolucionaria. Ambos fueron torturados y se suicidaron.

    p En 1797 se arrestó en la misma ciudad al monje franciscano Juan Ramírez de Orellano de 53 años, acusado de aprobar la ejecución del rey y la reina franceses, de llamar tiranos a los monarcas y de atribuir la explotación despiadada de las colonias a los soberanos españoles. “Los franceses—decía Ramírez—nos abren los ojos, porque estábamos aletargados”. En los interrogatorios, este preso de la Inquisición declaró, como se desprende de un acta llegada hasta nosotros, que al llevar a cabo la revolución, los franceses se mostraron como salvadores del género humano; que Voltaire era el Papa de ese siglo y, al hablar de los 40.000 sacerdotes emigrados de la Francia revolucionaria, exclamó: “¡Vea usted cuánta polilla había en el reino de Francia!” [283•22 .

    p No se sabe cuál fue la sentencia de la Inquisición ni que le ocurrió a Ramírez después.

    p La política represiva de la Inquisición y de las autoridades españolas encaminada a aplastar el movimiento patriótico no pudo conjurar la explosión inevitable en las colonias. El año 1810 se singularizó por el comienzo de las insurrecciones liberadoras en todos los dominios de España. En México encabezó la lucha de los patriotas el sacerdote criollo Miguel Hidalgo. Las autoridades eclesiásticas y seculares coloniales lo acusaron de haber declarado la guerra “a Dios, a la sagrada religión y a la patria”. Las mismas inculpaciones figuraron en el Edicto de la Inquisición del 13 de octubre de 1810, dirigido contra ese patriota, que le imputaba todos los delitos posibles de lesa fe. El fiscal del Santo Oficio lo acusó de “hereje formal, apóstata de nuestra Sagrada Religión, ateísta, materialista, deísta, libertino, sedicioso, cismático, judaizante, luterano, calvinista, reo de lesa Majestad divina y humana, blasfemo, enemigo implacable del cristianismo y del Estado”. A los inquisidores poco les importaba el hecho de que muchas de esas acusaciones se excluyeran mutuamente. El edicto tuvo por objeto denigrar lo más posible a Hidalgo ante los creyentes. Después de presentarle ese fárrago de acusaciones, 284 la Inquisición proclamó excomulgado al patriota mexicano y le amenazó con todos los demás castigos empleados por la Iglesia contra los infractores del orden público, “contra los que dan causa y ocasión a la guerra civil y anarquía en las sociedades católicas, contra los que admiten a su comunión a los públicos excomulgados, vitandos, contra los perjuros, sacrilegos y herejes, como lo es este reo” [284•23 .

    p Hidalgo refutó las invectivas de la Inqusición en el Manifiesto a la nación, afirmando que él mismo y sus partidarios no eran enemigos de la religión, reconocían exclusivamente la “religión católica apostólica romana” y se proponían conservarla “en todas sus partes”.

    p“Abrid los ojos, americanos -dijo-, no os dejéis seducir de nuestros enemigos. Ellos no son católicos sino por política. Su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión. ¿Creéis acaso, que no puede ser verdadero católico el que no esté sujeto al déspota español? ¿De dónde nos ha venido este nuevo dogma, este nuevo atrículo de fe?”

    p La Inquisición no tardó mucho en responder. En un nuevo edicto, descargó sobre Hidalgo una nueva andanada de maldiciones, tildándolo de doble, impostor, hereje deshonesto, ateísta cruel y agnóstico [284•24 .

    p A comienzos de julio de 1811, los españoles prendieron al valeroso patriota y, por temor a la ira popular, se apresuraron a acabar con él.

    p En el interrogatorio, las autoridades eclesiásticas lo acusaron de simpatizar con el judaismo y de pertenecer a todo género de sectas criminales, incluyendo las de Nestorio, de Marciano y de Jobiniano, así como de ser “verdadero sectario de la Libertad Francesa, libertino, sedicioso, cismático, y revolucionario, como después se ha acreditado, constituyéndose Capitán General de los Insurgentes” [284•25 . Hidalgo fue privado de su dignidad sacerdotal y fusilado cerca de Chihuahua, el 13 de julio de 1811.

    p Con motivo de la represión de Hidalgo y otros patriotas, los inquisidores y el capítulo eclesiástico de la 285 ciudad de México rezaron un tedeum en honor “de la sabiduría infinita de Dios, que ha salvado el reino de los monstruos criminales que atentaron contra la digna y preciosa vida de su excelencia el señor virrey”.

    p Como queda dicho, las Cortes de Cádiz acordaron en 1813 prohibir el tribunal de la Inquisición y disolverlo en España y en sus posesiones de ultramar. Por lo que respecta a las colonias, gobernadas por los partidarios del régimen antiguo, esa resolución quedó sobre el papel. Es cierto que los inquisidores se vieron precisados a actuar con mayor cautela, pero sus temores no duraron mucho. En 1814, Fernando VII, que había regresado de Francia, anuló la Constitución de Cádiz y puso en marcha nuevamente el odioso tribunal, reanudándose por tanto sus fechorías habituales en las colonias.

    p Después de la muerte de Hidalgo encabezó la lucha por la independencia de México otro sacerdote, el mestizo José María Morelos. Teniendo en cuenta que la Inquisición acusaba de ateísmo a los patriotas, Morelos declaró el catolicismo religión dominante de México y cuidó con particular esmero del cumplimiento de los ritos religiosos en el ejército patriótico. Pero esto no pudo salvarlo de acusaciones análogas a las formuladas contra su predecesor. Los eclesiásticos, solidarios con los españoles, declararon que era un ateísta y anticristo “con cuernos y cascos”.

    p El 2 de noviembre de 1815, Morelos cayó prisionero de los españoles. Al enterarse de ello, el inquisidor general Flores ofreció inmediatamente sus servicios al virrey Calleja diciendo que la participación del tribunal de la Inquisición (en la condenación de Morelos.—/. G.) podría ser muy útil y favorable para el honor y la gloria de Dios y los intereses del rey y el Estado, así como, posiblemente, el medio más eficaz para poner término a la insurección, conseguir el inapreciable bien de ver apaciguado el reino y hacer que los insurgentes abjurasen de sus errores.

    p Morelos fue entregado a la Inquisición. El fiscal del Santo Oficio sólo tardó tres días en confeccionar una extensa acusación de 26 puntos, en la que tildaba al dirigente del movimiento patriótico de hereje y propagador de herejía, acosador y perseguidor del clero superior, profanador de los sacramentos eclesiásticos, 286 cismático, libertino, hipócrita, enemigo contumaz de Cristo, admirador de los herejes Hobbes, Helvetius, Voltaire, Lutero y de otros semejantes autores leprosos, materialistas y ateístas, traidores de Dios, del rey y el Papa.

    p El tribunal de la Inquisición condenó a Morelos a presidio perpetuo. Los inquisidores manifestaron así una hipocresía repugnante, porque sabían que, de todas maneras, el penitenciado no escaparía a la pena de muerte. En efecto, entregaron a su preso al consejo de guerra, que lo condenó al fusilamiento. Fue ejecutado 14 días después de caer en manos de los españoles. Dos semanas bastaron a la Inquisición y a las autoridades seculares para llevar a cabo dos procesos—el eclesiástico y el laico—y aniquilar a su víctima.

    p Los patriotas abolieron inmediatamente los tribunales de la Inquisición donde habían logrado adueñarse del poder. El primer tribunal suprimido fue el de Cartagena, el 12 de noviembre de 1811, por decreto de la Junta de gobierno patriótica; al día siguiente de proclamarse la independencia, los inquisidores y su personal fueron deportados a España.

    p El Congreso de Venezuela declaró en 1812 “extinguido para siempre y en todas las provincias de Venezuela el Tribunal de la Inquisición” [286•26 . Pero en 1814, el general Pablo Morillo, jefe de un cuerpo de ejército punitivo, restableció la Inquisición en Nueva Granada y Venezuela, donde existió hasta 1821, año en que esos países se sacudieron definitivamente el yugo español y el Congreso de la Gran Colombia la suprimió en forma terminante. Lo mismo sucedió con los tribunales inquisitoriales de todas las demás antiguas colonias de España en América.

    p En Cuba y Puerto Rico, la actividad de los inquisidores tardó en cesar hasta 1834, cuando fueron disueltos los tribunales del Santo Oficio en España. Así se extinguió sin pena ni gloria esa institución tenebrosa, en cuyas mozmorras y hogueras sucumbieron como mártires miles de personas inocentes, entre ellas muchos luchadores por la Independencia.

    p La Inquisición actuó en América durante casi tres 287 siglos, defendiendo los intereses de los explotadores coloniales. Además de aniquilar a los disidentes y quemar a patriotas dignos y valerosos, corrompió las almas de los creyentes, inculcándoles que la traición, el espionaje y la denuncia eran una virtud, y la tortura, un atributo legítimo de la justicia.

    El Santo Oficio causó un daño tremendo al desarrollo espiritual de la sociedad colonial, pero sufrió un franco descalabro incluso desde el punto de vista de los intereses que inspiraban sus crímenes incontables. No sólo fue incapaz de mejorar las costumbres, de extirpar los pecados “leves” contra la fe católica -blasfemia, bigamia inobservancia de los ritos religiosos, creencia en la hechicería, etc.—, sino que tampoco pudo conjurar la propagación de las ideas liberadoras. A fines del período colonial, tanto la cúspide española de las colonias como el clero en su conjunto, comprendidos los propios inquisidores, estaban enfangados en todos los vicios posibles, de lo que hablan de manera elocuente los numerosos relatos de contemporáneos, los informes de virreyes y otros documentos irrefutables.

    * * *

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    Notes

    [279•17] J. Toribio Medina investigó 1.474 asuntos tramitados en los mismos siglos por el Tribunal de la Inquisición de Lima. Su análisis ofrece el cuadro siguiente: casos de bigamia, 297; de judaismo, 243; de hechicería, 172; de lujuria, 140; intentos de seducir a mujeres en el confesonario, 109; blasfemia, 90; protestantismo, 65; pecados mundanos, 45; otras acusaciones diversas, 306. (J. Toribio Medina. Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima, v. II, p. 452).

    [281•18] Véase M. L. Pérez-Marchand. Dos etapas ideológicas del siglo XVIII en México a través de los papeles de la Inquisición. México, 1945, pp. 122–123.

    [281•19] Citado según J. Toribio Medina, Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México. México, 1952, p. 293.

    [281•20] Citado según González Casanova. El misoneísmo y ¡a Modernidad Cristiana en el siglo XV111. México, 1948, p. 77.

    [282•21] Véase J. Toribio Medina. La imprenta en Bogotá y la Inquisición en Cartagena de Indias. Bogotá, 1952, p. 351.

    [283•22] Véase B. Lewin. La Inquisición en Hispanoamérica, pp. 257—258.

    [284•23] Véase B. Lewin. La Inquisición en Hisponoarmérica, pp. 268 y 269.

    [284•24] Ibíd., pp. 271–272.

    [284•25] Los procesos militar e inquisitorial del Padre Hidalgo y de otros caudillos insurgentes. Introducción y suplementos de L. González Obregón. México, pp. 259–262.

    [286•26] Citado según C. Felice Cardot. El impacto de la “Inquisición” en Venezuela y en la Gran Colombia (1811—1930). “Boletín de la Academia Nacional de la Historia”. 1966, M° 196, p. 481.

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