Héroes y cristeros


 

Por Juan Carlos G. Partida

El noticiero del lunes por la noche en el local canal 4 de Televisa nos ofreció una serie de perlas de esas tan comunes en la cosecha del cardenal San Juandoval Íñiguez. Resulta que recientemente la Iglesia La Luz del Mundo publicó varios desplegados en medios impresos en los que afirmaba que Miguel Hidalgo y Costilla, conocido mío desde la primaria como padre de la patria, murió excomulgado por la Iglesia católica, la cual está empeñada en limpiar su pasado reescribiendo la historia (como hace unos días aquí señalamos en el tema de los “santos mártires cristeros”) y ha negado tal ex comunión.

“Haya sido lo que haya sido, cuando estuvo preso en Chihuahua antes de morir lo confesaron, lo auxiliaron, le dieron la comunión, lo sepultaron ahí en una glesia. ¿Si hubiera estado excomulgado le hubieran dado la confesión y lo hubieran sepultado en una iglesia? Son falsedades”, dijo el cardenal, quien agregó: “Y si lo excomulgaron no fue porque se levantó en armas, que quede claro, fue porque ya levantado en armas fue y anduvo violando conventos, para sacar los bienes o para ultrajar a las religiosas. Fue por violar conventos, por eso, no por la independencia”.

Como dijo una cosa, dijo otra, es cierto, pero queda claro que el afán sigue siendo subirse al barco conmemorativo por el bicentenario del nacimiento de México como país (supuestamente) libre, señalando el patriotismo que ha caracterizado a esa institución religiosa pese a todas las evidencias históricas que señalan que fue todo lo contrario, al estar primero del lado de los colonizadores, después de los conservadores que buscaban regresar el virreinato y siempre contra el Estado laico, con todas las muertes que eso significó entre sus fieles.

Se entiende que los intereses eclesiales deben buscar siempre el mejor acomodo en cada época histórica, como también ha sido su tradición. Pero dado el pasado y el presente de su jerarquía, lo mejor es que mantuvieran un poco de congruencia con lo que siempre han sido y no dar pie para quedar otra vez evidenciados.

(La Jornada Jalisco, 6 de enero de 2009, Ágora: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2010/01/06/index.php?section=opinion&article=004o1pol).

 

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Las contradicciones del cardenal 

Por Laura Campos Jiménez

El cardenal Sandoval, al afirmar que Miguel Hidalgo no fue excomulgado por iniciar y encabezar el movimiento insurgente sino por “ultrajar religiosas” , se contradice a si mismo y exhibe ignorancia en el terreno histórico.

La excomunión de Hidalgo está plenamente demostrada, pues se han publicado los documentos de su proceso, mismos que diversos autores, desde Toribio Medina (en su Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisicion) hasta el conservador Lucas Alamán, reprodujeron y comentaron.

El historiador Lucas Alamán, quien fue ideólogo del conservaurismo y enemigo de Hidalgo, reconoció ese hecho, al afirmar en su Historia de Mejico que

“Las armas de la Iglesia se empleaban también con el mayor empeño para reprimir la revolución. Luego de que el obispo electo de Michoacán, Abad y Queipo, tuvo conocimiento de ella, publicó el 24 de septiembre un edicto, en el que calificaba a Hidalgo y sus compañeros de perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, declaró que habían incurrido en la excomunión mayor […]por haber atentado contra la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya, aprisionándolos y manteniéndolos arrestados; prohibió, bajo la misma pena de excomunion mayor,  que se les diese socorro, auxilio y favor, y exhortaba y requería, bajo la misma pena, al pueblo que había sido seducido y seguía al cura con título de soldados y compañeros de armas, a que lo desamparasen y se restituyesen a sus hogares, dentro de tercer día desde el que tuviesen noticia de aquel edicto” (Lucas Alamán, Historia de Mejico, Jus, México, 1972, pp. 250-1).

Las excomuniones de las que fue objeto Hidalgo (de los arzobispos, obispos y la Inquisición), fueron por encabezar el movimiento insurgente. Si bien es cierto que éstas fulminaciones eran esencialmente políticas, su propósito principal era desacreditarlo ante el pueblo como  “hereje”, “cismático”, “sacrílego”, etcétera, en el momento en que era líder de dicho movimiento.

De las 53 acusaciones que el Tribunal del Santo Oficio imputó a Hidalgo, no se documenta la relativa a “ultrajes” a religiosas. Si Sandoval tiene un edicto de excomunión que indique este delito, que lo presente y aporte a la historiografía un aspecto inédito del prócer.

Al ser esto imposible de demostrar, Sandoval simplemente está incurriendo en el truco de desviar el tema, o refutar un punto que no es el que está en disputa (esto se llamaba antiguamente ignoratio elenchi: ignorancia de la refutación). No solo exhibe su ignorancia en el terreno histórico, sino también miente pretendiendo confundir a la opinión pública.
  
El punto no es si Hidalgo murió excomulgado, sino que había sido excomulgado como una medida de la jerarquía católica para combatir la revolución de Independencia que él encabezaba.

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