El Estado laico y la libertad de creencias


José Paoli (izquierda), Jorge Carpizo, Luis R. González, María de los Ángeles Moreno y Roberto Blancarte.

Por Laura Campos Jiménez

El pasado 21 y 22 de abril, se llevó a cabo el seminario “Estado laico y libertad de Creencias”, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y el movimiento “Ciudadanos en defensa del Estado laico”, cuya sede fue la Antigua Escuela de Jurisprudencia, en la Ciudad de México.

El análisis y las conclusiones de este seminario, giraron en torno a la necesaria consolidación del Estado laico en nuestro país, la realidad actual del laicismo mexicano y sus recientes embates por parte del conservadurismo y la Iglesia católica institucional. Entre los participantes a dicho evento, destacó la presencia de legisladores, académicos y periodistas:

María de los Ángeles Moreno (Senado); Pablo Gómez (Senado); Pedro Joaquín Coldwell (Senado); Roberto Blancarte (Colmex); Bernardo Barranco (Sociólogo de las religiones), Jorge Carpizo (UNAM); Octavio Rodríguez Araujo, (UNAM); Arnaldo Córdova (UNAM); Pablo Salazar (UNAM); Miguel Ángel Granados Chapa (Periodista); entre otros.

Fueron moderadores: Beatríz Pages, Rodolfo Echeverría, Luis Raúl González y Héctor Fix.

 

Leer las ponencias y conclusiones del seminario

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Historia y laicismo en México


Dra. Patricia Galeana

Por Patricia Galeana

La cultura de la intolerancia religiosa se estableció en México desde la conquista española. En España el Estado se había cohesionado en torno de la religión católica, con la expulsión de musulmanes y judíos. La Inquisición se erigió para perseguir al que pensara diferente. La alianza entre la corona española y la iglesia católica se selló mediante el establecimiento del Regio Patronato.

La iglesia, como aliada del imperio español, condenó a la insurgencia; excomulgó a sus miembros y se negó a reconocer la Independencia, hasta quince años después de consumada. Los papas Pío VII, León XII, Pío VIII y Gregorio XVI siguieron increpando al pueblo de México, para que aceptara el dominio español, hasta 1836. Después, el Pontificado se negó a firmar un concordato con los gobiernos mexicanos, no obstante que todas sus Constituciones, desde la de 1814, la federalista de 1824 reestablecida en 1847 y las dos centralistas (1836 y 1843), establecían un Estado confesional e intolerancia religiosa y por tanto reconocían a la iglesia como un poder constitucional.

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En dos décadas se acentuó la deserción de la feligresía católica


 

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2010/03/29/

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La Jornada Jalisco, 29 de marzo de 2009, p. 3.

En dos décadas se acentuó la deserción de la feligresía católica

Por Juan Carlos G. Partida

En 1950, el 98.21 por ciento de las personas mayores de cinco años en México declaró ser católico, mientras que en el año 2000, el 88.73 por ciento dijo profesar este credo, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). En Guadalajara, por su parte, entre 1980 y 1990, un total de 189 mil 381 personas dejaron de profesar la religión católica, de manera oficial, de acuerdo a la historiadora Laura Campos Jiménez.

“Datos extraoficiales señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo y han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. A este respecto, y siendo menos conservador, el propio cardenal Sandoval afirmaba en 1997, que ‘para el año 2000 podría haber 30 por ciento de mexicanos no católicos’”, dice la especialista en su ensayo El cardenal Sandoval, la indiferencia religiosa y el Estado laico en México.

“En este texto planteo, desde mi punto de vista, cuál es el móvil de la jerarquía eclesiástica en su pugna contra el Estado laico mexicano: la desbandada religiosa, el secularismo actual y la pérdida de influencia y poder en la sociedad contemporánea”, agrega.

Campos Jiménez dice que a nivel nacional, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha reconocido que tan sólo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos, son practicantes (el 6.7 por ciento de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social.

En el ensayo trata de presentar las razones por las que ha crecido la deserción de fieles católicos. Un fenómeno reconocido desde hace varios años por el propio Sandoval Íñiguez, quien afirma que los jóvenes de estas generaciones “crecen como paganos”, al carecer de formación religiosa.

“Ante tales aseveraciones, resulta discutible el hecho de que el arzobispo de Guadalajara no presente ninguna autocrítica o análisis imparcial en donde ofrezca respuestas claras sobre los orígenes del “indiferentismo religioso” que, como él mismo reconoce, se vive en la actualidad, sin asumir, por otro lado, algún grado de responsabilidad ante tal situación”, dice la historiadora por la Universidad de Guadalajara.

Explica que el “indiferentismo religioso” y “desbandada religiosa” caminan en un mismo sentido. Y luego ejemplifica: En América Latina, de acuerdo a cifras publicadas por la CEM, alrededor de 12 mil personas abandonan cada día las filas de la iglesia católica. De 1970 a 1990, 40 millones de latinoamericanos dejaron de ser católicos.

Dinosaurios, sotanas y matrimonio

La cascada de datos continúa en el trabajo de la especialista, quien afirma que no obstante que la grey católica decrece porcentualmente, es un hecho que la jerarquía católica en México está imposibilitada para atenderla personalmente.

“En primer lugar, porque la mayor parte de la citada feligresía, tiene escaso o ningún interés en acercarse a los clérigos para ser formada en la fe que dice tener. Por otra parte, quienes sí tienen ese interés (el 6.7 por ciento de la población), no alcanzan a ser atendidos dado el insuficiente número de sacerdotes (13 mil 380 en México), cuestión, por otro lado, que no parece tener solución porque las vocaciones sacerdotales no crecen a la par de la supuesta demanda del pueblo católico”.

Un dato revelador es que el promedio de edad de los sacerdotes en activo es de 57.3 años en promedio, lo que agrava sin parar el déficit actual. No se trata entonces sólo de la indiferencia religiosa, sino de la propia imposibilidad de la jerarquía eclesiástica “que sigue viendo, de manera inevitable, el éxodo de fieles a otras alternativas religiosas”.

Campos Jiménez también señala el mito que significa el retiro sexual al que deben someterse los sacerdotes, pues en el país existen “cerca de dos mil curas católicos casados, y el hecho de que la CEM no sabe que hacer con ellos y con el problema colateral que este hecho representa”.

“Hoy, alrededor de 90 por ciento de las mujeres que abortan y toman la píldora anticonceptiva, son católicas. La escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y los escándalos sexuales suscitados al interior del clero, han causado desencanto en grandes sectores de la sociedad.

 

Por la “libertad religiosa”

La historiadora se muestra extrañada que la jerarquía católica mexicana, pese al evidente estado descrito en el anterior contexto, continúe su abierta intervención en política, con la participación por supuesto de los propios políticos.

“Aunque un amplio sector de la sociedad se pronuncie en desacuerdo con esta injerencia y perciba que la actual estrategia episcopal (apoyada en el gobierno federal y en los medios de comunicación que tradicionalmente están a su servicio), sea un continuo y sistemático ataque al Estado laico, con lo cual estaría buscando la forma de recuperar los privilegios que la élite jerárquica disfrutó sin contrapesos hasta la época de la Reforma en el siglo XIX”.

Considera que ante tal panorama, la jerarquía católica enfoca sus cabildeos, negociaciones, alianzas y ex comuniones para lograr que el artículo 24 constitucional sea modificado, en el apartado sobre libertad de creencia y culto para suplirlo por el de libertad religosa.

Ello permitiría introducir la educación católica en las escuelas públicas, subvención estatal para los ministros de culto y para sus actividades litúrgicas; la operación de capellanías militares en las instalaciones castrenses, el control directo de medios de comunicación electrónicos, entre otros pliegos petitorios.

“La jerarquía católica pretende trasladar el culto, la instrucción religiosa y el confesionario a las escuelas públicas, ante su evidente fracaso en el terreno de la catequesis en nuestro país y la consiguiente desbandada religiosa, como atinadamente lo reconocen el cardenal Sandoval y los obispos mexicanos en su conjunto”, concluye la historiadora.

La Jornada Jalisco, 29 de marzo de 2010, p. 3 (haga click).

Ensayo: El cardenal Sandoval, el indiferentismo religioso y el Estado laico en México (haga click)

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El Informador, 30 de marzo de 2010, p. 2B (haga click).

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La influencia decreciente de Juan Sandoval

                                                                                                                                                                                                

Por Juan Carlos G. Partida

Pasada una de las épocas principales de la Iglesia católica durante el año, queda muy claro que la crisis de esta agrupación cristiana en Jalisco está en severa caída libre porque ni sus muy tradicionales representaciones del vía crucis logran recuperar el fervor de antaño, perdido en el paganismo de las nuevas generaciones que con tanta tristeza reconoce el cardenal San Juandoval Iñiguez. 

Los datos de las unidades de Protección Civil de que no se reunieron más de 25 mil asistentes durante los llamados días santos en la Judea en Vivo que se realiza en San Martín de las Flores, son un síntoma que no puede ocultarse. Máxime cuando se trata de un hecho que cada año es más notorio ante la baja de espectadores. 

“Yo no ví, pero yo sé que van muchos. No te creas, a la mejor fue un canchanchán de Protección Civil y tú le creíste”, dijo el purpurado cuando se le cuestionaron los motivos de la baja afluencia, una respuesta muy al estilo científico de la Iglesia católica y su reconocimiento siglos después de comprobado de que la tierra si es redonda o que gira alrededor del sol. 

Ante la evidencia de cómo baja la feligresía, lo que no quiere decir que disminuya la fe en Jesús como el representante trinitario del poder divino, lo mejor es irnos a datos oficiales de otros canchanchanes. Por ejemplo en 1950, el 98.21 por ciento de las personas mayores de cinco años en México declaró ser católico, mientras que en el año 2000, el 88.73 por ciento dijo profesar este credo, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). 

En Guadalajara, por su parte, entre 1980 y 1990, un total de 189 mil 381 personas dejaron de profesar la religión católica, de manera oficial, de acuerdo a la historiadora Laura Campos Jiménez, una estudiosa  de la Arquidiócesis que preside San Juandoval. 

“Datos extraoficiales señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo y han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. A este respecto, y siendo menos conservador, el propio cardenal Sandoval afirmaba en 1997, que ‘para el año 2000 podría haber 30 por ciento de mexicanos no católicos’”, dice la especialista en su ensayo El cardenal Sandoval, la indeferencia religiosa y el Estado laico en México.

Campos Jiménez dice que a nivel nacional, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha reconocido que tan solo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos, son practicantes (el 6.7 por ciento de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social.

“Ante tales aseveraciones, resulta discutible el hecho de que el arzobispo de Guadalajara no presente ninguna autocrítica o análisis imparcial en donde ofrezca respuestas claras sobre los orígenes del “indiferentismo religioso” que, como él mismo reconoce, se vive en la actualidad, sin asumir, por otro lado, algún grado de responsabilidad ante tal situación”, dice la historiadora por la Universidad de Guadalajara.

Explica que el “indiferentismo religioso” y “desbandada religiosa” caminan en un mismo sentido. Y luego ejemplifica: En América Latina, de acuerdo a cifras publicadas por la CEM, alrededor de 12 mil personas abandonan cada día las filas de la iglesia católica. Esto se representa al recordar que de 1970 a 1990, 40 millones de latinoamericanos dejaron de ser católicos.

Si la curia jalisciense insiste en querer ignorar lo que es tan evidente y que se ha mostrado no solo en las judeas, sino en celebraciones tan importantes como las peregrinaciones a las parroquias de San Juan de los Lagos, Zapopan o Talpa, es evidente que no llegarán a ningún lado y permitirán que la deserción y la decepción por la propia actuación de los miembros de la Iglesia y sus dirigentes, crezca con resultados aún más trágicos para quienes viven de la fe ciudadana.

Por eso extraña que aún ante el evidente desencanto, ante la influencia cada vez menos trascendente de la Iglesia sobre sus supuestos seguidores, aún continúen teniendo potestad sobre los anquilosados políticos jaliscienses sin importar color partidista o filiación personal. Por algo será que aún temen a las ex comuniones dictadas desde la vena de los intereses terrenales.

http://elrespetable.com/item-la-influencia-decreciente-de-juan-sandoval

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“La función social de la historia”, en el análisis de Enrique Florescano


 

El historiador Enrique Florescano, en la Cátedra Julio Cortázar.

El historiador Enrique Florescano, en la Cátedra Julio Cortázar.

Por Laura Campos Jiménez

El historiador Enrique Florescano, de visita en Guadalajara, impartió las charlas “Memoria e Historia” e “Historia y Ficción”, en el Centro de Estudios de Literatura Latinoamericana “Julio Cortázar”, el pasado 24 y 25 de marzo.

El día 26, el historiador veracruzano dictó la conferencia magistral “La función social de la historia”, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

En este diálogo, el autor del libro “Memoria mexicana” destacó la importancia del papel que ha jugado el historiador en la sociedad en todas las épocas.

Uno de los aspectos analizados en estas charlas, fue el de la memoria colectiva de los pueblos como fuente primaria del quehacer histórico: “La memoria es la relación viva del presente con el pasado, mientras que la historia es una representación del pasado […] Conocer el desarrollo histórico de los pueblos equivale a situarnos en nuestra propia circunstancia histórica”, refirió el reconocido académico.

En otro momento, el doctor Florescano definió el perfil que, según su opinión, debe reunir el historiador contemporáneo:

El historiador debe recoger el gran ámbito de la historia para hacer más rica, más expresiva y más clara su obra […] Debe utilizar bien la composición, la trama, el lenguaje y el estilo para que su obra llegue más al público. Eso lo vienen haciendo los historiadores desde hace mucho tiempo, pero siempre basados en la fuerza y la sustentación del documento, de la investigación histórica.

Al día de hoy, muchas corrientes de investigación histórica han abandonado el lenguaje hermético, especializado del historiador, sin abandonar el rigor, las fuentes y los métodos del historiador. Uno puede escribir de una manera más elegante, atractiva, pero sin dejar de fundamentar esa obra en los datos duros que constituye la base de la investigación histórica.

La historiografía académica, separada de la realidad social

En la ponencia “Memoria e historia”, Enrique Florescano reveló, a manera de reflexión, que existe un divorcio tácito entre el historiador y la sociedad:

La comunidad académica en general de historiadores -comentó-, está ocupada en sus problemas de ascenso, de reconocimiento, etcétera; esto es una realidad, desafortunadamente […] Si lo analizamos en profundidad y vemos el mecanismo interno que articula a las instituciones académicas, vamos a encontrar cosas muy semejantes a lo que vemos en la mecánica de los partidos políticos, cada uno en su distinto nivel: hay una separación de la realidad social de la academia y esto ha afectado a que no se lee la historia que interesa a la población sino, más grave aún, al dejar un vacío éste es ocupado por otros que usurpan y aprovechan esa coyuntura precisa.

Los medios de comunicación han sustituido la función social de la historia, que sería divulgar a un sector mucho más amplio que el grupo de historiadores la interpretación del pasado. Creo que eso está ocurriendo por la poca consecuencia o responsabilidad social del historiador, es decir, el historiador de nuestros días, sea en Europa, Estados Unidos, México o Hispanoamérica, cada vez se ha encerrado en el círculo de los historiadores y adopta a veces, un lenguaje hermético o especial de su área, de su especialización, y esto hace que no haya comunicación con quienes no son historiadores y hay entonces una brecha, una separación, un foso, entre la investigación histórica-académica y el público en general.

Esto es grave, porque está ocurriendo de forma más generalizada, y está haciendo perder al historiador el gran público que está interesado en la historia. En el mundo, en la ciencia y en la historia hay vacíos, hay quienes llenan ese vacío. En general, lo está llenando el cronista. A veces como estos historiadores no tienen el título de la Universidad como maestro o doctor de historia, son minusvalorados o despreciados incluso por el historiador profesional; pero muchos de ellos tienen un gran público y muchos tienen éxito.

La televisión, la prensa y el radio, son ahora los grandes difusores que esa historia que el historiador profesional no difunde. Estos medios están supliendo la función social del historiador.

 

“La historia es más adecuada que ninguna otra disciplina para formar ciudadanos”

La ponencia magistral que Enrique Florescano dictó en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara, se dividió en nueve bloques, en la que el investigador y académico habló de la historia como un “registro de la temporalidad”, como un recurso para encontrarse con lo extraño y remoto y como una “reconstrucción crítica del pasado”.

La importancia de la historia y su enseñanza, dijo, radica en que “el conocimiento es indispensable para preparar a niños y jóvenes para que vivan en sociedad. Que conozcan el presente a partir del pasado que lo ha construido”. En la parte final de su discurso, el doctor Florescano refirió que “la historia es más adecuada que ninguna otra disciplina para formar ciudadanos”.

Entregan reconocimiento al historiador jalisciense José María Muriá


Por Juan Manuel Rivas

Guadalajara, Jalisico (15/02/2010).- El día de ayer en sesión solemne del Ayuntamiento de Guadalajara en donde estuvieron representantes de los tres Poderes de Gobierno, el presidente municipal Aristóteles Sandoval hizo entrega del reconocimiento con la medalla Ciudad de Guadalajara al historiador José María Muría, quien agradeció a las autoridades locales el que le hayan tomado en cuenta para este reconocimiento representativo de los jaliscienses.

“En estos momentos, aquí en el corazón de Jalisco y ante la luz tapatía del atardecer que siempre hecho de menos en mi andar por el mundo no puedo menos que recordar también a unos pocos que ya se han ido y mucho les quedé a deber”, mencionó José María Muriá después de haber recibido el mencionado reconocimiento.

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Perfil


José María Muriá nació en 1942, en la Ciudad de México, pero desde joven ha radicado en Guadalajara. Estudió Historia en la Universidad de Guadalajara (UdeG) y es doctor por El Colegio de México. Ha sido investigador, director de archivos, profesor de diversas instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), político, articulista en diversos periódicos y es autor de una gran cantidad de libros, algunos dedicados al Estado.

Es fundador de la revista Estudios Jaliscienses y de 1991 a 2005 fue presidente de El Colegio de Jalisco. En 2007 fue nombrado maestro emérito por El Colegio de Jalisco y ha recibido diversos reconocimientos en el país.

Fuente: El Occidental, 15 de febrero de 2010

Héroes y cristeros


 

Por Juan Carlos G. Partida

El noticiero del lunes por la noche en el local canal 4 de Televisa nos ofreció una serie de perlas de esas tan comunes en la cosecha del cardenal San Juandoval Íñiguez. Resulta que recientemente la Iglesia La Luz del Mundo publicó varios desplegados en medios impresos en los que afirmaba que Miguel Hidalgo y Costilla, conocido mío desde la primaria como padre de la patria, murió excomulgado por la Iglesia católica, la cual está empeñada en limpiar su pasado reescribiendo la historia (como hace unos días aquí señalamos en el tema de los “santos mártires cristeros”) y ha negado tal ex comunión.

“Haya sido lo que haya sido, cuando estuvo preso en Chihuahua antes de morir lo confesaron, lo auxiliaron, le dieron la comunión, lo sepultaron ahí en una glesia. ¿Si hubiera estado excomulgado le hubieran dado la confesión y lo hubieran sepultado en una iglesia? Son falsedades”, dijo el cardenal, quien agregó: “Y si lo excomulgaron no fue porque se levantó en armas, que quede claro, fue porque ya levantado en armas fue y anduvo violando conventos, para sacar los bienes o para ultrajar a las religiosas. Fue por violar conventos, por eso, no por la independencia”.

Como dijo una cosa, dijo otra, es cierto, pero queda claro que el afán sigue siendo subirse al barco conmemorativo por el bicentenario del nacimiento de México como país (supuestamente) libre, señalando el patriotismo que ha caracterizado a esa institución religiosa pese a todas las evidencias históricas que señalan que fue todo lo contrario, al estar primero del lado de los colonizadores, después de los conservadores que buscaban regresar el virreinato y siempre contra el Estado laico, con todas las muertes que eso significó entre sus fieles.

Se entiende que los intereses eclesiales deben buscar siempre el mejor acomodo en cada época histórica, como también ha sido su tradición. Pero dado el pasado y el presente de su jerarquía, lo mejor es que mantuvieran un poco de congruencia con lo que siempre han sido y no dar pie para quedar otra vez evidenciados.

(La Jornada Jalisco, 6 de enero de 2009, Ágora: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2010/01/06/index.php?section=opinion&article=004o1pol).

 

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Las contradicciones del cardenal 

Por Laura Campos Jiménez

El cardenal Sandoval, al afirmar que Miguel Hidalgo no fue excomulgado por iniciar y encabezar el movimiento insurgente sino por “ultrajar religiosas” , se contradice a si mismo y exhibe ignorancia en el terreno histórico.

La excomunión de Hidalgo está plenamente demostrada, pues se han publicado los documentos de su proceso, mismos que diversos autores, desde Toribio Medina (en su Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisicion) hasta el conservador Lucas Alamán, reprodujeron y comentaron.

El historiador Lucas Alamán, quien fue ideólogo del conservaurismo y enemigo de Hidalgo, reconoció ese hecho, al afirmar en su Historia de Mejico que

“Las armas de la Iglesia se empleaban también con el mayor empeño para reprimir la revolución. Luego de que el obispo electo de Michoacán, Abad y Queipo, tuvo conocimiento de ella, publicó el 24 de septiembre un edicto, en el que calificaba a Hidalgo y sus compañeros de perturbadores del orden público, seductores del pueblo, sacrílegos y perjuros, declaró que habían incurrido en la excomunión mayor […]por haber atentado contra la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya, aprisionándolos y manteniéndolos arrestados; prohibió, bajo la misma pena de excomunion mayor,  que se les diese socorro, auxilio y favor, y exhortaba y requería, bajo la misma pena, al pueblo que había sido seducido y seguía al cura con título de soldados y compañeros de armas, a que lo desamparasen y se restituyesen a sus hogares, dentro de tercer día desde el que tuviesen noticia de aquel edicto” (Lucas Alamán, Historia de Mejico, Jus, México, 1972, pp. 250-1).

Las excomuniones de las que fue objeto Hidalgo (de los arzobispos, obispos y la Inquisición), fueron por encabezar el movimiento insurgente. Si bien es cierto que éstas fulminaciones eran esencialmente políticas, su propósito principal era desacreditarlo ante el pueblo como  “hereje”, “cismático”, “sacrílego”, etcétera, en el momento en que era líder de dicho movimiento.

De las 53 acusaciones que el Tribunal del Santo Oficio imputó a Hidalgo, no se documenta la relativa a “ultrajes” a religiosas. Si Sandoval tiene un edicto de excomunión que indique este delito, que lo presente y aporte a la historiografía un aspecto inédito del prócer.

Al ser esto imposible de demostrar, Sandoval simplemente está incurriendo en el truco de desviar el tema, o refutar un punto que no es el que está en disputa (esto se llamaba antiguamente ignoratio elenchi: ignorancia de la refutación). No solo exhibe su ignorancia en el terreno histórico, sino también miente pretendiendo confundir a la opinión pública.
  
El punto no es si Hidalgo murió excomulgado, sino que había sido excomulgado como una medida de la jerarquía católica para combatir la revolución de Independencia que él encabezaba.

El “México Cristero” de Calderón


Vi Evento Mundial de las Familias 

“Los gobiernos civiles no deben tener religión, porque siendo su deber proteger la libertad que los gobernados tienen de practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de alguna”.

 

Benito Juárez

 

 

Por Laura Campos Jiménez

 

Desafortunada, por decir lo menos, resultó la apología religiosa que el presidente Felipe Calderón pronunció el pasado 14 de enero, durante la inauguración del VI Encuentro Mundial de las Familias, en donde violentó –de manera sistemática– la Constitución Política, la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público y el carácter laico del Estado mexicano.

Durante su ingreso al citado evento, Calderón fue recibido por asistentes que corearon: “Nuestro Presidente católico…”, convicción que durante su discurso confirmó: Sean ustedes bienvenidos –dijo– a esta tierra de María de Guadalupe y de San Juan Diego y también de los mártires de la persecución…”.[1]

Recordó que su “santo patrono” es San Felipe de Jesús y su formación y educación se forjó con maristas, con las Misioneras del Espíritu Santo, las hermanas del Verbo Encarnado y las Guadalupanas del Plancarte. Las hermanas de la Asunción, añadió, “son ahora quienes educan a mis hijos”.[2]

Ante tales afirmaciones, en las cuales no existen dejos de ingenuidad o de ignorancia, comparto con ustedes las siguientes reflexiones.

El Méjico Cristero de Calderón

México es “tierra de los mártires de la persecución…”. Con esta frase sinarquista, Calderón dejó en claro no solo sus convicciones religiosas (las cuales trasladó a la esfera pública), sino que dejó entrever la agenda política de su gobierno en materia eclesiástica, en la cual estaría contemplada –en vísperas del Centenario de la Revolución Mexicana en 2010– una visión de la historia afín a los intereses de la jerarquía católica, en la que se incluiría la “heroicidad” y el “olor de santidad” de los citados beatos cristeros.[3]

El discurso presidencial evidenció, de manera subrepticia, que en México sigue pendiente la absolución y reivindicación histórica tanto del movimiento cristero, como de sus líderes y de su proyecto de nación, el cual fue desvelado hace décadas por Vicente Lombardo Toledano en su libro La constitución de los cristeros.[4]

En su panegírico discurso, el Presidente Calderón honró a personajes que en los años 20 lucharon contra el Estado laico, llamándoles “mártires…”; entre los cuales se puede documentar el caso del líder intelectual del movimiento cristero, Anacleto González Flores (1888-1927) –consagrado beato por el papa Juan Pablo II en 2005–, quien fue un enemigo declarado de Francisco I. Madero y de la Revolución Mexicana.

En efecto, el ahora beato se refería despectivamente al primero de ellos como el “enano de Parras”,[5] mientras que a la segunda la consideraba como “…Una verdadera orgía de cafres […] La Revolución es una ebria, y su embriaguez es de barbarie, de salvajismo, de retroceso a la edad de las cavernas…”.[6] En una de sus obras, El plebiscito de los mártires, Anacleto González escribe sobre la gran “trilogía” adversa al catolicismo: “El protestantismo, que hace esfuerzos desesperados por penetrar en todas partes, por llegar al corazón de las masas, por arrebatarnos a la juventud y por invadirlo todo, la masonería y la revolución que –según él– es una ‘aliada fiel’ de las dos”.[7]  

González Flores llamaba a la escuela laica un “extremo de ignominia, de decaimiento y de postración”, a la cual deberían oponerse los padres de familia, y hablaba de la educación oficial como de la “perversión de alma de la niñez y de la juventud”. Según el “mártir”, “…El contacto con la escuela laica, con los textos, con los alumnos, con los profesores, en fin, con la atmósfera envenenada de los establecimientos oficiales de instrucción, contrarresta todos los esfuerzos que se hacen en el templo, en el hogar y en cualquier parte para orientar a la niñez y a la juventud […] Y a pesar de esto, tranquilamente envían a sus hijos a las escuelas laicas”.[8]

De acuerdo al historiador Moisés González Navarro, Anacleto estaba tan metido en la guerra, que se autoproclamó y fue reconocido jefe civil del movimiento cristero; “era el líder intelectual de los ‘fanáticos en armas’, redactaba proclamas y los proveía de parque, víveres y dinero, y en más de un combate se comprobó su presencia con las armas en la mano”.[9] La filosofía de este beato, ciertamente, no era el pacifismo:

Cuando el Comité Episcopal aceptó la lucha armada, Anacleto no sería un elemento de discordia; todo lo contrario, se prestó a seguir dirigiendo la campaña, ahora en el plano bélico […] Se plegó a la orden de iniciar la defensa armada, no puso ningún pretexto para llevar adelante esta nueva etapa. Con relación al movimiento armado, era jefe.[10]

“Los cristeros son también enormemente crueles: desorejan maestros, violan a profesoras delante de sus alumnos, vuelan trenes, fusilan civiles, torturan […] La guerra cristera es un episodio trágico y lamentable para el Estado y para la jerarquía católica, a la que los cristeros acusan de haberlos vendido”, señala Carlos Monsiváis en su más reciente libro.[11] En este tenor, se puede tener una idea general de la mentalidad y el accionar en contra del Estado mexicano, por parte de los cristeros del siglo XX, a quienes honró con encomio el Presidente Calderón.

Sobre los episodios nada piadosos de los cristeros y los orígenes de esta revuelta de tintes religiosos, se pueden consultar las obras de escritores como Francisco Martín Moreno (México Acribillado, Alfaguara 2009) y Edgar González Ruiz (La última cruzada: de los cristeros a Fox, Grijalbo 2001; Los otros cristeros, BUAP 2004), quienes dan cuenta de la participación de la jerarquía eclesiástica durante este conflicto (1926-1929), y la barbarie y fanatismo con que se condujeron los soldados de “Cristo Rey” –quienes recibieron la bendición e impulso del papa Pío XI a través de la encíclica Iniquis Afflictisque, del 18 de noviembre de 1926 y en diversas cartas pastorales de los obispos mexicanos– en una de las etapas más aciagas de la historia de nuestro país.[12]

 
 

Cristeros en misa de tropa. 12 de diciembre de 1928, Coalcomán, Mich.

Cristeros en misa de tropa. 12 de diciembre de 1928, Coalcomán, Mich.

 “Si creen distinto, no son mexicanos” 

“Bienvenidos a la tierra de María de Guadalupe…”, expresó Calderón a los asistentes al encuentro de familias. Definió, sin contrapesos, que México es “territorio guadalupano”, arropando el viejo discurso católico que pretende excluir de nacionalidad a quien no comparte esta religión y que siempre ha querido que se identifique mexicanidad con catolicismo.

Esta afirmación, de suyo, es discriminatoria y excluyente. Una de las funciones y razón de ser del Estado laico, “es la de proteger a las minorías religiosas, así como a aquellos individuos que, no siendo creyentes, desean hacer respetar su libertad de conciencia”.[13] El acto en comento, por su propia naturaleza, es una falta de respeto del Presidente de la República a quienes no practican el catolicismo y rechazan recibir el tratamiento de ciudadanos de segunda por motivo de sus creencias. Vivimos en un país heterogéneo, democrático, laico, plural y secularizado, en donde resulta insostenible afirmar que para ser mexicano se necesita ser guadalupano.

México, en contraparte, es cada vez menos católico y así lo demuestran diversos estudios. Cada día que pasa, cientos de mexicanos abandonan el catolicismo tradicional y oficial y otros más abandonan totalmente las creencias religiosas.[14] En el año 2000, el 88.73 % de la población dijo profesar el catolicismo, aunque cifras extraoficiales indican que cerca de 25 millones de mexicanos han dejado de serlo y han elegido otra opción religiosa o han dejado de ser creyentes.[15].

 

A nivel nacional, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha reconocido que tan solo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos son practicantes (el 6.7% de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social. En base a las cifras anteriores,  es imposible hablar de una nación monolítica en términos religiosos y socio-culturales: El mito de un monopolio religioso en nuestro país, ha sido derruido.

El 3 de mayo de 2006, cerca de 200 albañiles recibieron por parte de Felipe Calderón – entonces candidato presidencial por el PAN–  una camiseta estampada con su nombre y unas estampas de la virgen de Guadalupe, acompañadas del texto: “Mi oración por México”. Antes de retirarse del lugar, el político panista firmó y regaló imágenes religiosas como “recuerdo” de su visita.[16] En una de esas “estampitas”, se leía: “A nombre de la morenita del Tepeyac, le dedico la presente estampita a…”.[17] 

 
 

Proceso, n. 1540, 7 de mayo de 2006, p. 25.

Calderón en campaña. Marketing religioso y proselitismo político. Fotografía: Proceso, n. 1540, 7 de mayo de 2006, p. 25.

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El Doble discurso: las promesas incumplidas

El martes 21 de marzo de 2006, Felipe Calderón –siendo candidato presidencial– encabezó en Nezahualcóyotl la ceremonia del bicentenario del nacimiento de Benito Juárez, en donde hizo promesas al electorado que no habría de cumplir:

 

“Traicionaría a Juárez quien pretendiera dividir la República en regiones, en creencias religiosas o en clases sociales. Falta a la memoria de Juárez quien siembra el odio de unos mexicanos hacia otros mexicanos por el simple hecho de no pensar igual que sí mismo […] El héroe oaxaqueño significa la separación de los asuntos de la Iglesia y del Estado. En pleno siglo XXI vemos que muchas naciones y muchos pueblos no alcanzan todavía esta valiosa separación y viven sumidos en odios religiosos y en violencia. Yo seré un presidente que gobierne para todos los mexicanos sin exclusiones y con absoluto respeto a los principios del Estado laico […] Gobernaré como él, respetando el Estado laico y los derechos de todos”.[18]

En esa ocasión, el político panista empeñó su palabra al advertir que “su gobierno mantendría inalterada la actual condición del Estado mexicano y que se empeñaría en impartir una educación pública laica”.[19] 

El 31 de mayo de 2006, el candidato Calderón se reunió con integrantes de la comunidad judía en nuestro país, ante quienes se comprometió, una vez más, a fortalecer el Estado laico: “No se debe confundir religión y política. No debe trasladarse el credo propio a la actividad del servicio público, tiene que distinguirse”, señaló.

Años atrás, sin embargo, en “Educación religiosa”, un artículo que publicó en el diario unomasuno  justo cuando comenzó su gestión como diputado federal en la segunda parte del sexenio de Carlos Salinas, Felipe Calderón exigía una reforma constitucional para garantizar la educación religiosa (católica) en las escuelas públicas, porque los católicos “han tenido que vivir una suerte de clandestinidad educativa, social y política”.[20] Inclusive Calderón proponía que el Estado apoyara económicamente la educación religiosa.

En este tenor, el 17 de noviembre de 2006 (en una reunión a puertas cerradas con la CEM, siendo ya presidente electo), Calderón asumió ante la jerarquía católica el compromiso de “luchar” por que el artículo 24 de la Constitución se modifique: la frase “libertad de culto y de creencias” sería reemplazada por “libertad religiosa”.[21]

Cabe precisar que la “libertad” que exige al Gobierno Federal la jerarquía católica mexicana, incluye el acceso de ésta a los medios de comunicación, educación religiosa en escuelas públicas, asistencia religiosa en centros penitenciarios, de salud y asistenciales, subvenciones al clero, capellanías militares, entre otros.[22]

El compromiso de Calderón, en consecuencia, no es con el Estado laico, la democracia y la pluralidad religiosa, sino con los intereses políticos de una jerarquía eclesial que, impulsada desde El Vaticano, pretende recuperar y ampliar sus antiguos privilegios, aún violando la ley, en un país laico, que vive un proceso irreversible de secularización.

Me queda claro, en conclusión, que el discurso presidencial del pasado 14 de enero, es la declaración formal de guerra en contra del Estado laico, las minorías religiosas y los derechos seculares de todas las personas. Es el pliegue de la derecha en el poder hacia la Iglesia católica institucional para gestionar e implantar la agenda política de la segunda. Ante esto, de manera resolutoria, millones de mexicanos decimos: No pasarán…

El triunfo de la reacción, es moralmente imposible...

El triunfo de la reacción, es moralmente imposible...


NOTAS

[1] La Jornada, 15 de enero de 2009, p. 3.

[2] Ídem.

[3] La doctora Patricia Galeana, encargada de los trabajos del Bicentenario de la Independencia del 2010, advirtió en su momento sobre las intenciones de la Conferencia del Episcopado Mexicano de intervenir en estos festejos: “La Iglesia católica no tiene por qué participar en esta conmemoración, porque México es un Estado laico” (Milenio, 28 de marzo de 2008).

[4] Cf. Vicente Lombardo Toledano, La Constitución de los cristeros, Librería Popular, México, 1963, 197 p. En esta obra, Lombardo Toledano reproduce y comenta la constitución que los algunos líderes cristeros habían redactado y que entraría en vigencia en el momento en que el Presidente Calles fuera derrocado. El texto en comento era, virtualmente, una regresión a la primera mitad del siglo XIX.

[5] Alfonso Taracena, La Verdadera Revolución Mexicana (1901-1911), Porrúa, México, 1991, pp. 410-411.

[6] Ídem.

[7] Anacleto González Flores, “El Plebiscito de los Mártires”, en Obras de Anacleto González Flores, Ayuntamiento de Guadalajara, Guadalajara, 2005, p. 320.

[8] Idem.

[9] Moisés González Navarro, Cristeros y agraristas en Jalisco, Tomo III, El Colegio de Jalisco, México, 2ooo, p. 380.

[10] Ismael Flores Hernández, Anacleto, líder católico, Folia Universitaria, UAG, México, 2005, p. 81.

[11] Carlos Monsiváis, El Estado laico y sus malquerientes, UNAM, México, 2006, p. 105.

[12] Cf. Laura Campos Jiménez, Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México, Tablas de Moisés, México, 2005. Esta obra se encuentra en archivo PDF en versión electrónica: https://lauracampos.wordpress.com/2008/06/28/los-nuevos-beatos-cristeros-cronica-de-una-guerra-santa-en-mexico/

[13] Roberto Blancarte, El Poder: Salinismo e Iglesia católica. ¿Una nueva convivencia?, Grijalbo, México, 1991,  p. 56.

[14] Cf. Patricia Fortuny, Creyentes y creencias en Guadalajara, CIESAS/INAH, México,2000, p. 26

[15] El cardenal Juan Sandoval auguró, en 1997, que para el año 2000 podría haber 30% de mexicanos no católicos. Cf. El Occidental, 13 de octubre de 1997, p. 16ª.

[16] Reforma, 4 de mayo de 2006.

[17] Cf. Carlos Monsiváis, “A nombre de la morenita del Tepeyac, le dedico la presente estampita a…”, en Proceso, n. 1540, 7 de mayo de 2006, pp. 24-26.

[18] La Jornada, 22 de marzo de 2006.

[19] Ídem.

[20] Felipe Calderón Hinojosa, “Educación religiosa”, en unomasuno, 2 de diciembre de 1991.

[21] La Jornada, 18 de noviembre de 2006.

[22] Ídem.

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Columnas relacionadas con el VI Evento Mundial de las Familias y el Estado laico mexicano (haga clik en los enunciados):

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El Presidente y su patrono. Jesús Silva-Herzog Márquez.

El católico señor Calderón. Luis Linares Zapata

Defender el Estado laico. Lorenzo Córdova Vianello

El foxismo de Calderón. Roberto Blancarte

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Presentación del nuevo libro de Carlos Monsiváis


Archivo fotográfico, recortes periodísticos y discursos completos de esta presentación en el siguiente link: (haga click aquí). 

Por  

Juan Carlos G. Partida

GUADALAJARA, JALISCO, 4 de diciembre.- En la mera tierra de los santos mártires cristeros y los donativos panistas del erario para lo que aquí se ha dado en llamar fomento al turismo religioso, Carlos Monsiváis presentó su libro El Estado laico y sus malquerientes.

Y en una tierra donde también hace cuatro años se dio una de las más cruentas violaciones a los derechos humanos en la historia reciente de Jalisco el 28 de mayo del 2004, también y en compañía de Elena Poniatowska, presentó El 68. La tradición de la resistencia, obra en la cual hace un recuento del movimiento estudiantil que dijo debería estar incluido en los libros de texto.

“No sé cómo concluir la homilía. La concluyo exhortándoles a que vuelvan a su casa, se arrepientan y al sentirse ya sanos y salvos, vuelvan a su racionalidad laica”, terminó su primera presentación de este jueves.

Previo a la intervención de Monsiváis, la historiadora Laura Campos presentó varios de los signos que han caracterizado a la administración panista actual, encabezada por Emilio González Márquez. Mostró fotografías tomadas hace unas semanas de la estatua de Benito Juárez tirada en el suelo del parque de la Solidaridad, al oriente de Guadalajara, espacio público que depende directamente del gobierno estatal. También se recordó el tema de la macrolimosna por 90 millones de pesos que González Márquez intentó entregar a la Arquidiócesis para la construcción del santuario cristero promovido por el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, intención que fue detenida por una fuerte reacción social.

El autor dijo que le parecía que tratar de justificar la entrega de recursos públicos hacia obras de la Iglesia católica le parecía una verdadera blasfemia, al suponer por ejemplo que en lugar de peregrinos los que van a Talpa atraídos por la virgen son turistas.

“Esta idea de que todo se justifica por el turismo religioso es un tanto sacrílega, como cuando el cardenal (Sandoval Iñiguez) sostiene que es importante esta donación porque el santuario de los mártires propicia el desarrollo del turismo religioso; todavía no se inaugura, por qué no se esperan a que se inaugure y entonces ya vemos qué tanto propicia el turismo y qué tanto de devoción, porque que yo sepa el turismo puede ser de gente devota pero lo primero que quieren ver son las maravillas, y como ya los efectos especiales eliminaron a los milagros, ahora se trata de ver las maravillas que le permiten al esteta, al artista que hay en todo turista, la posibilidad de contemplar con regocijo lo que fue creado para la edificación del espíritu”, agregó.

Con El Estado laico y sus malquerientes, Monsiváis dijo que su propósito era una especie de alegato, que el libro fue pensado para eso.

“Es como una historización de lo que ha sido el estado laico, de cuántas luchas han tenido que darse para conseguirlo, de su afirmación, y ya desde el siglo XX de la manera en que la secularización se impone y hace irretornable el camino de lo monocorde fideísta (es una frase bonita, la voy a anotar), del monopolio de la fe como la única garantía de la armonía social”.

A pesar de los embates contra el Estado laico que se enumeraron a lo largo de la conferencia, Monsiváis dijo que no creía que el laicismo como derecho nacional estuviera en riesgo, solamente en la medida en que existe toda una operación de entrega de dinero “yo diría incluso más conspicua en Guanajuato que en Jalisco” para obras pías, incluida la construcción de iglesias y la entrega de posiciones básicas en puestos de gobierno a gente de la derecha.

“Yo no tendría inconveniente en que lo fueran, pero cuando digo de la derecha es gente profundamente incapaz de entender la modernidad. Y que se sepa este país –con todas las dificultades– sigue siendo un país moderno. Por eso el finado Carlos Abascal sostuvo, como secretario de Gobernación –lo digo con todo respeto a él pero no sé si a sus argumentos–, que la religión católica garantizaba una ética social, y ahí sí era imposible compartir el punto de vista porque entonces a quién representaba el secretario de Gobernación: a una ética que no valía porque no estaba sustentada en la fe, entonces era la duplicidad y el simulacro lo que se estaba predicando”, señaló.

Se refirió además a que la crisis económica agudizará las creencias religiosas, pero justo es un momento en el que también se requiere la más rigurosa racionalidad, para lo cual debe estar muy presente lo que ha sido el Estado laico, sus conquistas que no pueden ser erradicadas porque han puntualizado el desarrollo de la civilización.

“Se trata de entender por qué una y otra vez han fracasado los intentos de eliminar el laicismo: Quieren prohibir las minifaldas, al domingo siguiente hay una manifestación de jóvenes con minifaldas y archivan el proyecto; quieren prohibir El crimen del padre Amaro y consiguen tal éxito para la película que el consejo episcopal dice que es la última vez que intentarán amonestar.

 FOTOGALERIA (haga click aquí). 

 

“Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México”


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Macrolimosna en Jalisco, ¿atentado contra el Estado laico?

Por Laura Campos Jiménez

 

GUADALAJARA, Jalisco (28 de junio de 2008). Uno de los elementos probatorios que adjunté a la queja presentada ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) -oficio 804/2008- por motivo de la llamada “macrolimosna”, fue el libro “Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México”, el cual escribí a fines de 2005, en vísperas de la beatificación de 13 personas vinculadas al movimiento cristero, celebrada en Guadalajara (http://www.lajornadajalisco.com.mx/2008/05/04/index.php?section=politica&article=006n1pol).

En septiembre de ese año, en contraparte, se editó bajo el auspicio del ayuntamiento de Guadalajara, presidido por Emilio González Márquez, el libro “Geografía e historia de Guadalajara”, para niños de tercer año de primaria: La polémica no tardó en desatarse. La edición de este libro fue objeto de críticas por parte de un amplio sector de la sociedad jalisciense: académico, religioso, político y ciudadano.

Entre los cuestionamientos en ciernes, destacaban los errores que de orden pedagógico, histórico, científico y de redacción arrojaba dicho texto. La versión católica y conservadora de varios episodios de la historia de Guadalajara se presentaba bajo un sesgo religioso (discriminatorio a otras confesiones) y no científico, como corresponde a la educación laica que debe impartir el Estado.

En la página 20 del citado libro, por citar un ejemplo, se señala que “el más importante de todos los festejos (en Guadalajara), es el del 12 de octubre, que es la llevada de la virgen de Zapopan a su santuario…”. Con esta aseveración, el citado libro relega a segundo término el día 14 de febrero, fecha del aniversario de la fundación de Guadalajara. Se omitía por completo la presencia de las diferentes Iglesia no católicas, entre ellas La Luz del Mundo, cuya sede mundial se encuentra en esta ciudad.

De acuerdo a la óptica conservadora del ayuntamiento tapatío, el paso del presidente Benito Juárez por Guadalajara no mereció la pena haber sido mencionado; en cambio, la rebelión cristera y sus caudillos -quienes fueron férreos opositores al Estado laico, la Revolución Mexicana y la Constitución de 1917, al grado de justificar y promover la violencia para lograr sus propósitos- se les daba un trato privilegiado. Sin contrapesos históricos, a dichos “mártires” se les describe  como “personajes heróicos que no deben perderse en el olvido (…) tales como Anacleto González Flores…”.

Cabe destacar que González Flores fue el líder intelectual del movimiento cristero en sus inicios y, por tal razón, fue beatificado el domingo 20 de noviembre de 2005, junto con doce personas afines a esta ideología.

Este libro de historia, en suma, no solo es abiertamente discriminatorio y excluyente, sino contrario al espíritu laico de la educación pública, al violentatar la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público y ofender la inteligencia de un sinnúmero de jaliscienses que no comparte el sesgo confesional impreso en sus páginas.

Este fue un experimento piloto que tanto la arquidiócesis de Guadalajara como González Márquez, trataron de impulsar desde el gobierno municipal para implementar la educación religiosa católica en las escuelas públicas, reivindicando así a los líderes del movimiento cristero, a la par de ser promotores de esta causa en las aulas escolares.

El entonces alcalde, fiel a su costumbre, desdeñó la voz ciudadana y cerró sus oídos a la crítica, empecinado en promover y reivindicar una visión católica -de tintes integristas- de la historia regional.

***

González Márquez, meses después, sacó a la luz un tiraje de 3 mil ejemplares del libro “Obras completas de Anacleto González Flores”, con un prólogo del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, donde el ahora beato cristero era promovido como modelo de civismo para los jaliscienses.

En “Obras completas…”, un texto financiado por el ayuntamiento, Anacleto González Flores “definía” a la gran trilogía adversa al catolicismo: El protestantismo, que “hace esfuerzos desesperados por penetrar en todas partes, por llegar al corazón de las masas, por arrebatarnos a la juventud y por invadirlo todo”, la masonería y la Revolución Mexicana que, según él, es una “aliada fiel” de las dos (Anacleto González Flores, Plebiscito de los Mártires, en Obras de Anacleto González Flores, Ayuntamiento de Guadalajara, 2005, p. 320).

La punta de lanza empleada para reivindicar al movimiento cristero en Jalisco, fue el ayuntamiento de Guadalajara, encabezado por González Márquez, un confeso sinarquista que dirigió en 1988 el extinto Partido Demócrata Mexicano y quien es señalado por el periodista Álvaro Delgado como integrante de la organización secreta, de corte neo cristero, denominada “El Yunque”.

Ante este proceso de reivindicación cristera y ante los pocos contrapesos demostrados para rebatir el supuesto “pacifismo” de los nuevos beatos cristeros, aunado a lo que la embestida al Estado laico representaba, me di a la tarea -como historiadora de carrera- de organizar y describir el perfil de estos personajes que en pocos años -pocos de verdad- estarían en el ojo del huracán de la opinión pública nacional a raíz de la “macrolimosna”, pese a que la gran mayoría de los mexicanos siga teniendo un conocimiento nulo de la participación de la jerarquía católica -y sus ahora beatos- en la revuelta cristera de los años 20 en nuestro país (Cf. Proceso, n. 1516, 20 de noviembre de 2005, p. 48).

Este pequeño libro, “Los nuevos beatos cristeros”, salió a la luz en el mes de diciembre de 2005(http://www.jornada.unam.mx/2005/12/05/004o1pol.php, http://www.adital.com.br/site/noticia2.asp?lang=ES&cod=20680). Muy pronto, muchos lectores pudieron constatar que los nuevos beatos cristeros no fueron personajes pacifistas y mucho menos piadosos, como sus apologistas trataron de hacer de creer, ya que en muchos casos tuvieron que recurrir a la violencia y el terrorismo con el propósito de lograr los objetivos que proseguía la jerarquía eclesiástica de la época (Cf. El Informador, 21 de abril de 1927, p.1, 23).

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Dos años y medio después de los sucesos anteriores, el día 23 de marzo de 2008, me enteré a través de un noticiario local que Emilio González Márquez, ahora gobernador de Jalisco, había entregado al cardenal Juan Sandoval Íñiguez un donativo de 30 millones de pesos para financiar la construcción del santuario dedicado a los beatos cristeros con dinero del erario… ¡No lo podía creer! ¡No era posible que un Estado laico financiara, con dinero público, un recinto religioso para honrar personajes que combatieron al Estado laico…! ¡Esa no era la función de un Estado!

Se trataba, sin duda alguna, de una flagrante violación al Estado laico, La Constitución Política y la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público por parte del gobernador, quien trasladaba sus creencias personales a la esfera pública de una forma abrupta y estridente; era un acto de discriminación hacia las minorías religiosas, a las comunidades abatidas por la pobreza en Jalisco y a las personas que respetan el Estado laico (que no son pocas como algunos creen). Mas temprano que tarde, interpuse una queja en contra del gobernador de Jalisco por esta ilegalidad (queja completa ante la CEDHJ), agregando mi libro “Los nuevos beatos cristeros”, que adjunto al inicio del presente texto.

Los medios locales (Proceso Jalisco, La Jornada Jalisco, Público, Mural, El Occidental, Notisistema, Canal 6, Canal 8, Semanario Crítica, El Respetable.com y Marcatextos.com), comenzaron a dar especial cobertura a la nota de  la “macrolimosna”, asumiendo una actitud crítica e insumisa: notas periodísticas, cuestionamientos y opinión. Después de dos semanas, el asunto de la “macrolimosna” iría permeando poco a poco en la Ciudad de México.

En un desplegado aparecido en el semanario Proceso, bajo el título: “Gobernadores violan la Constitución y la Ley”, reconocidos intelectuales mexicanos señalaban que “el respeto a las minorías es la escencia de los sistemas democráticos” (desplegado en PDF). Carlos Monsiváis escribía su crónica semanal bajo el título: “Del Estado laico a las macrolimosnas” (Proceso, n. 1642, 20 de abril de 2008, pp. 52-54), en donde advertía sobre los “emblemas del desprecio iletrado por el Estado laico” (ensayo completo en PDF). De igual manera, decenas de columnistas, editorialistas y moneros hicieron lo conducente. La presión social comenzó a cundir a escala nacional.

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Han transcurrido tres meses desde que iniciara este penoso suceso, y la “macrolimosna”, venturosamente, echó reversa a un camino sin retorno… 7 mil quejas ante la CEDHJ, dos marchas ciudadanas, una ofensa lastimosa del gobernador a sus críticos, periodistas honestos, una auditoría federal solicitada por el Congreso de la Unión, seis recursos de revisión ante el Instituo de Transparencia, una denuncia ante la PGR por parte del PRD local y el Movimiento en Defensa del Dinero Público y el Estado laico (respectivamente), un amparo presentado por la asociación civil “Conciencia Cívica” en contra del donativo y un Juez de Distrito citando a comparecer a todos los implicados en este caso, sin excluir al cardenal Juan Sandoval…

Toda esta presión ciuidadana forzó al arzobispado de Guadalajara a la devolución del cheque recibido… ¡Una victoria irreversible del Estado laico en Jalisco! Este es un triunfo de la sociedad jalisciense, como bien lo señaló y sistematizó el periodista Rubén Martín:

1. Debate sobre el laicismo. Una consecuencia involuntaria de la macrolimosna es que se reabrió el debate sobre las relaciones Estado-iglesias. Permitió discutir de nuevo las esferas de competencia de ambas instituciones; la proyección de las creencias personales de los servidores públicos; la conveniencia o no de que la autoridad civil avale a ciertas iglesias en sus cultos públicos. Se reabrió además el tema sobre la Cristiada, los mártires y el peso que ha tenido la Iglesia católica en la entidad.

2. Declive de la influencia de la Iglesia católica. Este tema mostró que la Iglesia católica no puede aspirar a tener el peso y la influencia que tenía en el pasado. Los intentos de la jerarquía para apoyar su justificación del donativo, su llamado a salir a las calles y proyectar las creencias religiosas en la esfera pública (editoriales en El Semanario), fracasaron. El donativo no fue siquiera avalado por la mayoría de fieles. El resultado de esta coyuntura permite vislumbrar un declive de la influencia de la jerarquía de la Iglesia católica en la sociedad jalisciense, o al menos que debe hacerse una distinción importante entre lo que piensa y quiere la jerarquía y lo que quieren y piensan los fieles.

3. Derrota del integrismo católico. El donativo era más que una aportación económica. Como bien señaló Fernando M. González, la edificación del Santuario tiene un significado importante para cierta corriente católica, pues representa una reescritura de la historia local desde el punto de vista cristero. En este esfuerzo iban juntos el gobernador y el cardenal, y el Santuario era la materialización de esta alianza. A su vez, la macrolimosna mostró de una manera cada vez más explícita la cercanía de Emilio González con su Iglesia, luego de asistir a varios eventos de culto público, y hacer otras donaciones. Todo esto como parte de un proyecto más amplio que es la llegada de un grupo de derecha católica (yunquista) al poder público estatal, desde donde pretenden llevar a cabo sus objetivos de construir el reino de Dios en la tierra. El fracaso del donativo representa una derrota importante para la consumación de este proyecto político-religioso neoconservador.

4. El control de la información. La macrolimosna abrió un ciclo informativo que creció al conocerse la reunión de Emilio González en el Consulado de Estados Unidos en 2005 y con la mentada de madre. Era inevitable que esta información afectara al gobernador. El equipo del mandatario creyó que podía controlar la información gracias al dinero que han dado a Televisa y TV Azteca; cuando ya no pudo pararse la difusión de esta información, algunos funcionarios presionaron para que no se pasaran algunas notas o no se cubrieran ciertos temas, chantajeando a empresas de medios con modificar la publicidad oficial. No sirvió de nada. La información sobre el donativo circuló y motivó a la difusión creativa de nuevos productos, como los videos en You Tube. Sobra decir que la justificación oficial de que el donativo era para apoyar el turismo religioso jamás tuvo adeptos. Muchos pensaron, en cambio, que se trató de un pago de favores a la Iglesia por los apoyos electorales de 2006.

5. Derrota de Juan Sandoval y Emilio González. El regreso del donativo es el Waterloo del cardenal. Desde que llegó al arzobispado de Guadalajara su influencia en los servidores públicos, clase política y empresarios iba en ascenso. Se hacía casi todo lo que pedía. Hasta ahora. El regreso del donativo mostró que incluso los deseos de un hombre poderoso como Sandoval tienen límites. Junto con el cardenal, perdió Emilio González: en su imagen, en su proyecto político y en su ambición de ser candidato presidencial. Es cierto que el mandatario de Jalisco es más conocido ahora a escala federal, pero en términos negativos y no positivos.

6. Triunfo de la sociedad laica. Con el regreso del donativo gana la sociedad laica de Jalisco; la sociedad que respeta las creencias religiosas individuales pero creé que éstas no deben regir en la esfera pública. Gana la sociedad que no quiere que el cardenal influya de manera determinante en algunos servidores y que no se mezclen los asuntos públicos con los religiosos. No es un triunfo personal de ningún reportero, abogado o dirigente de agrupación civil, como piensan. A su vez, esta coyuntura debe replantear la extendida y falsa idea de Jalisco como una región conservadora y bajo la esfera de la Iglesia católica. Debajo de los poderes establecidos hay una efervescencia social de la que pocos toman nota. En fin, el triunfo de esta sociedad laica es un hasta aquí al “desmadre” que traían Emilio González y Juan Sandoval (Milenio, 26 de junio de 2008).

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Los 30 millones más 563 mil 553 pesos con 96 centavos de intereses, fueron devueltos por el arzobispado de Guadalajara  y entregados por Juan Hernández (en la fotografía), tesorero de la Fundación Pro Construcción del Santuario de los Mártires al Gobierno de Jalisco.

Comparto estos sencillos testimonios, por la sola satisfacción del deber cumplido como jalisciense y ciudadana. Ni más ni menos.

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Pd. Agradezco desde este espacio el gentil comentario del periodista Juan Carlos G. Partida, titular de la columna Ágora de La Jornada Jalisco, quien el día de hoy hace una especial mención de este blog: http://www.lajornadajalisco.com.mx/2008/07/02/index.php?section=opinion&article=004o1pol. Gracias, Juan Carlos.

camposjmz@gmail.com

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Reprueba donativos de Emilio (Queja ante la CEDHJ).


                                            

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Por la defensa del Estado laico


La Jornada Jalisco. 26 de mayo de 2008

Por Jaime Hernández Ortíz

El fracaso

El fracaso de la megamarcha convocada por la Iglesia católica para defender la macrolimosna revela, como la punta del iceberg, el tamaño del costo político, moral y de pérdida de creyentes que sufrirá esta iglesia en los próximos años. ¡Ni siquiera respondieron los curas que llevaron a la gubernatura a Emilio González Márquez!

Aunque no lo reconozca el clero católico, la sociedad jalisciense es cada vez más informada, exigente y, por lo tanto, más diversificada. Ahora es más tolerante a otras expresiones religiosas –signo de una verdadera libertad religiosa– y ya no cree tan fácilmente todo lo que le cuentan sus sacerdotes.

Por ello es lamentable que, al estilo de las más viejas usanzas corporativas y clientelares –con cuotas de asistencia y hasta indulgencias plenas–, se haya presionado desde las parroquias a sus creyentes a asistir en procesión hacia el Santuario de los Mártires Cristeros en defensa del limosnazo.

Es más, cuando se difunda la obra en otras latitudes –por aquello del “turismo religioso”– que el santuario es resultado del generoso apoyo del gobierno de Jalisco y un gobernador mentador de madres, la gente no vendrá al lugar y optará por ir a otros lados. El dinero donado, por decirlo de algún modo, por ser público, ya está maldito. “Tu dinero perezca contigo”, le dijo el apóstol Pedro al que quería comprar dones de Dios (He. 8:20), hecho que se llama Simonía aún dentro de la Iglesia católica, y en el campo civil se llama peculado. El clero, a través de su “brazo civil”, o sea el patronato, debería regresar el dinero público. Pero bueno, como son grandes intereses económicos antes que convicciones éticas y religiosas, allá ellos. Con la pérdida de feligresía lo habrán de pagar.

A falta de auténticos personajes comprometidos con la patria y los derechos civiles y políticos propios de un Estado moderno, el clero católico ha ido construyendo historias incompletas y manipuladas de lo que fue en realidad el movimiento cristero.

Rebelión y revuelta 

El movimiento cristero ha sido llamado a veces como “revolución cristera”; pero en realidad no tuvo las características de una auténtica revolución, con fines de democracia, justicia y libertad sociales y de modificación de estructuras. Fue más bien, como dice la historiadora Lourdes Celina Vázquez Parada, una revuelta; y otros investigadores, una rebelión. Fue un movimiento con un aparente respaldo popular –que no siempre hace legítimo un hecho–, con ideales escatológicos católicos y propósitos de franca oposición a las nacientes instituciones de la Revolución y la Constitución mexicana, considerada, en ese entonces, una de las más avanzadas del mundo. Fue en realidad una guerra a la que se pretende maquillar los actos de barbarie, rapiña, inmoralidades y arteros crímenes.

Para Vázquez Parada, Testimonios sobre la Revolución Cristera, la guerra cristera “fue una lucha desigual y fratricida que alcanzó a cubrir tres cuartas partes del territorio nacional con 50 mil creyentes levantados en armas”; que con el paso del tiempo fue descrita por el clero católico y algunos creyentes católicos como: “acontecimientos milagrosos, mezclados con historias de aparecidos y tesoros enterrados. En este ambiente católico, las versiones de los cristeros se magnificaban y aparecían como milagros. Se les comparaba con los primeros cristianos perseguidos por el imperio romano y sacrificaban en los coliseos, escondidos en las catacumbas y entregando su vida por la defensa de la religión… Indiscutiblemente la causa de la guerra fue que Calles mandó cerrar los templos porque quería acabar con la Iglesia católica. A esta visión se añadía, en la conciencia católica del conflicto, una versión triunfalista de la guerra gracias a un milagro; el respaldo y simpatía del pueblo a la causa cristera y el abastecimiento de sus tropas gracias al apoyo popular: el enemigo, el Ejército, se percibía como algo ajeno a la comunidad católica: de fuera, gobiernistas, y se les calificaba de ateos y comunistas”.

Y añade: “A distancia, la Cristiada se percibe como una guerra y gloriosa, pero cuando se la examina de cerca, se nota que se trató de una lucha cruel y confusa que causó mucho sufrimiento”.

Matar con derecho

Según la historiadora Laura Campos, la Liga Nacional por la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR) fue alentada por la jerarquía eclesiástica y por el propio Papa Pío XI, quien bendijo la revuelta cristera (Encíclica Iniquis Afflictisqu, aflicción inicua, 18/11/1926): “Los obispos, los sacerdotes y los fieles de México se han levantado y han opuesto un muro alrededor de la casa de Israel y se han organizado en guerra. Por cierto, los obispos mexicanos, por unánime consentimiento, debían probar todos los medios posibles (…) Los miembros de la LNDLR, que se ha propagado por toda la República, trabajan concorde (sic) y asiduamente para que los católicos bien ordenados e instruidos presenten un frente irresistible a sus adversarios”.

Por ello, diversos curas tomaron parte en la rebelión armada, como José Reyes Vega, Aristeo Pedroza y muchos otros que “ministraban apoyo espiritual” a la tropa. Roberto Planchet, apologista cristero, dijo entonces: “La virtud no está en morir, sino en saber morir. El mal no está en matar, sino en hacerlo sin razón y sin derecho”.

Y dice Campos: “A través de capellanías, los sacerdotes católicos (combatientes y no combatientes) alentaban y explotaban el sentimiento religioso de miles de cristeros, induciéndolos a continuar en la lucha armada para alcanzar la “noble causa” que la jerarquía católica proseguía, que en realidad era la de recuperar sus antiguos fueros y privilegios, al costo que fuera.”

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Por la defensa del Estado laico / VII parte


La Jornada Jalisco. 19 de mayo de 2008

Por Jaime Hernández Ortíz


Emilio El Grande

Es indispensable que la sociedad jalisciense conozca en realidad lo que fue el movimiento cristero. Es necesario que se desmitifiquen muchas ideas que el clero católico quiere construir en torno a este movimiento que se presentó principalmente en el Centro-Occidente del país y, según especialistas, hasta en algunas regiones de Veracruz, entre 1926 y 1929.

Lo que menos tuvo este movimiento fue el ser evangelizador y sostener principios cristianos. Se desenvolvió en un catolicismo muy severo y su cuna y principal escenario fue precisamente el mundo ranchero, como sostuvo el historiador Luis González.

Contrario a las pretensiones de Emilio El Grande, de construir con recursos del erario público el Santuario de los Mártires cristeros; afirman quienes escuchan de esto, que el efecto boomerang ya se dejó sentir al interior del patronato; pues al saberse del generoso donativo gubernamental mucha gente ya no está cooperando.

A tono con este tema conviene traer a colación algunas intervenciones del panel El movimiento cristero, que se llevó a cabo en marzo del año pasado en el auditorio principal del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, y en el que participaron Armando González Escoto, sacerdote e historiador de la Iglesia católica de Guadalajara; Constancio Hernández Allende, cronista y ex presidente municipal de Zapopan; Antonio Delgado Cruz, teniente de la Fuerza Aérea y Laura Campos Jiménez, quien además presentó su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México. El evento estuvo moderado por Pedro Olivares, ex consejero de la Comisión Estatal de Derechos Humanos

Falange, precursora del Yunque

Para González Escoto, Anacleto González Flores no fue dirigente de la cristiada, pues “sólo participó cuatro meses”, pero justificó su beatificación de la misma manera que “Miguel Hidalgo y Costilla y Morelos, tomaron las armas y que fueron “canonizados”, al ser héroes de la patria; de igual forma los cristeros se levantaron en contra de un gobierno al que consideraron contrario a sus creencias como los muchachos que se levantaron contra el gobierno en el 68, que paralizaron con marchas la ciudad para hacerse expresar, aunque después los hayan reprimido”. Añadió que San Agustín fue la base teológica para justificar “la guerra justa”; por lo tanto, “una guerra no es de rosas, sino combates y batallas, con descarrilamiento de trenes, robos y todo lo que ocurre en una guerra”. “Hay que reconocer que no hay que satanizar a nadie, es el caso de los conquistadores que han hecho muchas cosas negativas pero dejan beneficios”.

Constancio Hernández Allende señaló que hay que ser objetivos con la historia y que todos los historiadores deben hablar con la verdad, pues la peor historia es la oficialista. Señaló que hay muchos actores cuyos testimonios aún no se conocen y deben estudiarse con imparcialidad. Dijo además que en el movimiento cristero el sector de la Iglesia que compartía el uso de la violencia triunfó, “ahí está el caso del cura Reyes Vega que luego le llamaron el “chicharronero”, por la forma en que quemó a los pasajeros del tren de La Barca “Y hubo entre el propio Ejército generales que vendían armas y municiones al propio movimiento cristero, pero además entre los cristeros hubo traiciones y delatores; ahí está el caso de Rodolfo Loza Márquez, quien se vio traicionado por los obispos en los llamados “arreglos”; eso es “una bofetada en pleno rostro”, dijo Loza y acusó a los obispos de “no representar a nadie”. Añadió que “los cristeros desojeraban a maestros, asesinaron soldados, secuestraron, y algunos curas se quedaban con las mujeres más bonitas; hubo trenes quemados. Por desgracia el pueblo es la principal víctima y es siempre el que pierde”.

Antonio Delgado Cruz justificó la obediencia debida que tiene un soldado al “jefe nato”, es decir, al presidente de la República, Calles”

Laura Campos señaló que el movimiento cristero “no tuvo en realidad la pretensión de defender la libertad religiosa, sino defender los fueros y los privilegios del clero católico al costo que fuera; y hay aspectos que poco se han analizado como el fundamento teológico utilizado por la Iglesia católica para justificar y apoyar el levantamiento armado. También algunos episodios cristeros que a fuerza de manipulación mediática las autoridades del clero han querido que pasen desapercibidos por la gente. Por ello se ha querido borrar y mutilar deliberadamente en los libros de historia a efecto de justificar a los principales dirigentes cristeros, por ello dijo, Anacleto González Flores fundó la “falange de la patria”, precursora lejana del actual Yunque.

Orígenes turbios

Campos Jiménez reseñó parte de su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México: “con el casi naciente Estado mexicano y en la configuración de sus instituciones y en apego al artículo 130 constitucional que tenía siete años de vigente, se destacaba la necesidad de llevar a la práctica la obligación de los sacerdotes a registrase como encargados de los templos y hacer los inventarios correspondientes. De esta manera el 14 de junio de 1926 el presidente constitucional de ese entonces expidió una ley que reformaba el Código Penal para el Distrito Federal y Territorios Federales a efecto de establecer sanciones a quienes incumplieran diversos artículos entre ellos los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitucionales, decreto que se llamó Ley Calles. Pero en un alarde y en abierto desacato a las instituciones y a la legalidad del Estado mexicano el clero católico contestó con la desobediencia y la rebelión. Específicamente el arzobispo de Guadalajara Francisco Orozco y el de Durango José María González adoptaron una posición militante: “no se obedecería la ley y se suspendería el culto en tanto estuviera vigente”; además, dijeron: “emprenderemos una campaña contra esas leyes y contra esos artículos”, por lo que emitieron una carta pastoral que exhortaba a que los niños no acudieran a las escuelas del gobierno, lo que generó entonces el contexto que desarrolló un amplio movimiento de resistencia civil armado que se denominó cristero por su alusión al grito de “¡Viva Cristo Rey!”

Señaló Campos Jiménez que la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fundada el 9 de marzo de 1925, fue en realidad un brazo armado secular de la Iglesia católica, de la que obtuvo apoyo moral, económico y político, y que se preparó ex profeso un año antes. Los líderes que estuvieron a cargo de la dirección del movimiento armado fueron principalmente Anacleto González Flores y Miguel González Loza, quienes tenían como misión el “recuperar” la “libertad religiosa” y “derrocar” al “gobierno tiránico” de Calles y posteriormente el de Obregón. Esta misión implicó el uso de la violencia, la guerrilla, la tortura y hasta asesinatos de maestros rurales.”

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González Márquez, promotor del odio


La Crónica de Hoy. 8 de mayo de 2008

Por Raúl Trejo Delabre

Un millón de pesos diarios. Esa es la cantidad que el gobernador de Jalisco ha regalado a instituciones y empresas privadas desde que tomó posesión de ese cargo, en marzo del año pasado. Los 90 millones de pesos que decidió donar a la iglesia católica para la construcción de un santuario cerca de Tlaquepaque constituyen el obsequio más cuantioso y polémico, pero no el único, que Emilio González Márquez ha otorgado con dinero público.

Donativos a las televisoras, transferencias a firmas privadas, un regalito que mandó hacer para entregarle al Papa en El Vaticano y gratificaciones varias a fundaciones identificadas con grupos católicos, son parte del derroche del cual se ufana el gobernador de Jalisco. Se trata de 420 millones de pesos hasta fines de abril. El reportero Alejandro Almazán hizo el detallado recuento de esos gastos en la edición más reciente de la revista emeequis.

A quienes han cuestionado la discrecionalidad con que gasta dinero que no es suyo, sino de los ciudadanos, el gobernador González Márquez respondió el 23 de abril con la ordinariez que ha sido profusamente comentada en todo el país. Las mentadas de madre le han sido revertidas por muchos de sus conciudadanos en diversos actos públicos realizados para reclamarle no sólo por lenguaraz, sino por abusar de su cargo al frente del gobierno jalisciense.

También debido a la presunción de uso inadecuado de recursos públicos los donativos del gobernador, especialmente los 90 millones de pesos que prometió al llamado Santuario de los Mártires, han sido causa de una averiguación que la Cámara de Diputados solicitó, por unanimidad, la semana pasada. Esa indagación, que les fue requerida a las secretarías de Gobernación y de la Función Pública, tiene sustento en la normatividad para el ejercicio de recursos a cargo de los gobiernos estatales y, además, en la legislación para las corporaciones eclesiásticas.

Aunque dice que es para alentar al turismo, el donativo de 90 millones de pesos estará destinado a respaldar la construcción de un recinto religioso (“el más grande de América Latina”, se ufana la jerarquía de la iglesia católica en Jalisco) en el cerro del Tesoro, cerca de la capital tapatía. Quizá al gobernador González Márquez y a quienes con tanto fanatismo como el suyo defienden esa donación les resultaría útil atender al artículo 3 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público expedida en 1992:

El Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su autoridad sobre toda manifestación religiosa, individual o colectiva, sólo en lo relativo a la observancia de las leyes, conservación del orden y la moral públicos y la tutela de derechos de terceros. El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna. Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa”.

Evidentemente la entrega de una suma de dinero, del monto que fuese pero especialmente si asciende a la cantidad que González Márquez autorizó para sus amigos de la Diócesis de Guadalajara, constituye un gesto de favoritismo. Cualquier otra corporación eclesiástica podría considerarse con derecho a recibir un regalito similar para no padecer discriminación por parte del gobernador de Jalisco.

Con ese donativo, González Márquez confirma la subordinación que tiene respecto del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, el jactancioso patriarca de la iglesia católica en Jalisco. La proclividad de ese personaje para lucrar políticamente con el falseamiento de asuntos públicos se ha confirmado con las versiones distorsionadas que ha propalado acerca del asesinato de su antecesor, el arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo.

Así también, la construcción del llamado Santuario de los Mártires dista de ser un proyecto para favorecer al turismo en Jalisco. Se trata de una obra para respaldar a los segmentos más conservadores de la iglesia católica. Es decir, el gobernador González Márquez no solamente ha transgredido la Ley de Asociaciones Religiosas al destinar dinero público a una corporación eclesiástica. Además apoya, con recursos del Estado, a una de las facciones más retardatarias de la iglesia católica. Eso es jugar con fuego.

Los mártires a los que se pretende recordar con el presunto santuario no se distinguieron por sus obras piadosas, ni por contribución alguna a la doctrina de la iglesia católica. Se trata de fieles que se alzaron en armas contra el Estado mexicano con motivo de las restricciones al ejercicio de los ritos religiosos que impuso el gobierno de Calles a fines de los años 20 del siglo pasado.

El encono entre defensores y antagonistas de la iglesia católica constituyó una fase de auténticos desgarramientos en la sociedad mexicana hace ocho décadas. En ambas partes de ese diferendo hubo fanatismo y excesos, en ocasiones de notable violencia y arbitrariedad. Con la construcción del Santuario en Tlaquepaque el clero de Jalisco reanima esas discrepancias y lo hace de la peor manera, exaltando a personajes respecto de los cuales existen juicios históricos bastante contradictorios.

Los llamados mártires de Jalisco fueron víctimas pero, antes que nada, corresponsables de la conflagración social y política que anidó en ese y otros estados en los años de la guerra cristera. Entre la docena de militantes católicos que recientemente fueron beatificados y en cuyo honor se quiere erigir el nuevo monumento, destacan José Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza. El primero de ellos apuntaló en Jalisco uno de los bastiones más intolerantes y –literalmente– belicosos de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa. Gómez Loza lo respaldó y según diversos testimonios participó en acciones de violencia como el asalto, el 19 de abril de 1927, al ferrocarril que iba a la ciudad de México.

La historiadora Laura Campos Jiménez, en su libro Los nuevos beatos cristeros. Crónica de una guerra santa en México, relata que Gómez Loza respaldó a los sacerdotes José Reyes Vega, Jesús Angulo y Aristeo Pedroza así como al guerrillero Victoriano Ramírez, apodado “El Catorce”, que descarrilaron el tren a 7 kilómetros de La Barca, en Jalisco.

Al día siguiente, 20 de abril de 1927, El Universal Gráfico reseñó: “El criminal acto que hizo víctimas no sólo a la escolta, que se batió heroicamente, sino a una parte del pasaje, fue consumado por la gavilla capitaneada por los curas Vega, Pedroza y Angulo, el licenciado Loza y el cabecilla apodado ‘El Catorce’. La escolta sucumbió ante la superioridad numérica de los levantados y la fiereza de estos que hizo víctimas, en forma espantosa y con una crueldad subleva, a una parte del pasaje”.

Campos Jiménez explica: “La gavilla de cristeros que llevó a cabo este salvaje atraco, tuvo conocimiento de primera mano a través de Miguel Gómez Loza (ahora beato) que la sucursal Guadalajara del Banco de México, enviaría por ferrocarril una importante suma de dinero a México el citado 19 de abril, el cual habrían de asaltar y hurtar”.

Allí mismo se transcribe el testimonio del miliciano cristero Luis Rivero del Val: “Los cristeros se apostaron bien parapetados en ambos lados de la vía, dominando el convoy. El destacamento a cuyo cuidado iban los pertrechos se diseminó por todos los carros y ocupó las ventanillas, desde las cuales hicieron fuego incesantemente, sin importarles la seguridad del pasaje, el cual tirado contra el piso de los mismos carros, quedó expuesto a las balas de los atacantes. El combate duró casi tres horas, hasta que sucumbió el último hombre de la escolta, que dicho sea en su honor, se portó con fiera valentía. Una vez dominada la situación subieron los rebeldes al tren, se apoderaron de las armas, pertrechos y dinero que en él se conducían… posteriormente regaron los carros con el combustible de la máquina y les prendieron fuego”.

Lo hicieron con todo y muchos de sus ocupantes. El Universal Gráfico del 21 de abril informó: “Subieron los rebeldes sin escuchar a las mujeres que pedían piedad. Bajaron del tren los pasajeros que pudieron hacerlo, pero se quedaron los niños y heridos. Los asaltantes, sin miramiento alguno, regaron de chapopote los carros y les prendieron fuego, consumiéndose por completo y oyéndose en medio de la hoguera los gritos de quienes se quemaban vivos”.

La investigación de Campos Jiménez ofrece otros ejemplos de la saña de quienes luego serían beatificados por la iglesia católica. Seguramente de la otra parte también hubo excesos. Así fue, deplorable y absurdamente, la guerra cristera.

Esas cenizas son las que remueve el “santuario” de Sandoval Íñiguez. Esos abusos de los cristeros en Jalisco son los que respalda el gobernador Emilio González Márquez. El gobernador de Jalisco no solamente utiliza dinero público para respaldar una causa particular. Además a esa causa la singularizan la división y el odio entre los mexicanos.

trejoraul@gmail.com

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Contra la discriminación


Mural. 1 de abril de 2008

Puntos y contrapuntos

Por Pedro Mellado

La historiadora Laura Campos Jiménez, egresada de la Universidad de Guadalajara, presentó el pasado domingo 30 de marzo una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en la que acusa al Gobernador Emilio González Márquez de violar los derechos de las clases marginadas en Jalisco, de incurrir en discriminación contra las minorías religiosas, al donar 90 millones de pesos para la construcción del Santuario de los Mártires, y de fomentar la violación del Estado laico.

En la copia enviada a esta columna, argumenta: a).- “El Estado mexicano es laico y no podrá establecer ningún tipo de preferencia privilegio a favor de religión alguna. Tampoco favor o en contra de ninguna iglesia y agrupación religiosa” (Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, LARCP, Art. 3). En este caso, queda evidenciado que el Gobernador tiene especial predilección por favorecer económica y políticamente a la Jerarquía católica, excluyendo con esto a las demás asociaciones religiosas registradas ante la Secretaría de Gobernación”.

Agrega: b).- “Corresponde al Poder Ejecutivo federal, por conducto de la Secretaría de Gobernación, la aplicación de ley. Las autoridades estatales y municipales, así como las del Distrito Federal, serán auxiliares de la federación en los términos previstos en este ordenamiento las autoridades antes mencionadas no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni actividad que tenga motivos o propósitos similares” (LARCP, Art. 25). Emilio González Márquez, desde que fue Presidente Municipal de Guadalajara, asistió y participó, junto a obispos y sacerdotes católicos, en las jornadas de trabajo del simposio teológico del Congreso Eucarístico Internacional (en horario de trabajo) llevado a cabo las instalaciones de la UNIVA, en octubre del 2004.

Reseña: c).- “Las autoridades federales, estatales y municipales no intervendrán en asuntos internos de las asociaciones religiosas” (LARCP, Art. 25). De los fondos públicos, definitivamente, no se pueden financiar las labores de ninguna Iglesia en particular y promover ningún tipo de proselitismo religioso. Son dos ámbitos distintos. Cualquier reconocimiento o distinción especial a una religión determinada, viola la igualdad que debe haber en los distintos cultos, al poner algunos de ellos en posición privilegiada. Estas prácticas son anticonstitucionales, inmorales y discriminatorias.

Precisa: d).- “Las asociaciones religiosas son iguales ante la ley en derechos y obligaciones” (LARCP, Art. 6). El gobernante puede creer lo que sea, pero tienen la obligación constitucional de respetar y hacer aguardar lo que dicta nuestras leyes, reglamentos y la Constitución. Hacer lo contrario significaría poner en riesgo la estabilidad social, porque no se pueden confundir las creencias privadas con las funciones públicas. Simular el respeto al Estado laico y no tener relaciones igualitarias y equitativas con todas las iglesias, es una forma grotesca de discriminación.

Reflexiona: e).- “(Las asociaciones religiosas deberán) aportar bienes suficientes para cumplir con su objetivo”. (LARCP, Art. 7, Fracción III). En este sentido, el Gobernador quiere apoyar a una Iglesia -a la cual pertenece- con donativos millonarios para su financiamiento, en un acto de exclusión y discriminación para las asociaciones religiosas no católicas, dado a que la función del Estado no es financiar Iglesias.

 pedromellado@gmail.com

Una mirada histórica


Mural. 2 de abril de 2008

Puntos y Contrapuntos

Por Pedro Mellado

En la queja que presentó ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en contra del Gobernador Emilio González Márquez, a quien acusa de haber violado la Constitución General de la República y la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, al donar 90 millones de pesos de dinero público para la construcción del Santuario de los Mártires, la académica Laura Campos Jiménez argumenta las razones históricas por las cuales debería revertirse esa decisión del Mandatario estatal.

La cita de los siguientes párrafos es textual: El Santuario Cristero busca honrar a personajes que en los años 20 lucharon contra del Estado laico. Por ejemplo, Anacleto González Flores (1888-1927), uno de los pretendidos mártires que se venerará en el Santuario, fue un enemigo declarado de Francisco I. Madero y de la Revolución Mexicana.

Despectivamente, como “supina tontería”, Anacleto se refería al primero de ellos como el “enano de Parras”, mientras que a la segunda la consideraba como “Una verdadera orgía de cafres () La revolución es una ebria, y su embriaguez es de barbarie, de salvajismo, de retroceso a la edad de las cavernas“.

En dicha obra, que fue reeditada por el Ayuntamiento presidido por Emilio González (2004-2007), con un prólogo del Cardenal Juan Sandoval, González Flores definía a la que, según él, es la gran trilogía adversa al catolicismo: el protestantismo, que “hace esfuerzos desesperados por penetrar en todas partes, por llegar al corazón de las masas, por arrebatarnos a la juventud y por invadirlo todo”, la masonería y la revolución, que según él es una “aliada fiel” de las dos.

Anacleto González Flores (uno de los beatos cristeros recientemente elevado a los altares), llamaba a la escuela laica un “extremo de ignominia, de decaimiento y de postración”, a la cual deberían oponerse los padres de familia, y hablaba de la educación oficial como de la “perversión de alma de la niñez y de la juventud”.

Según el “mártir”, “…El contacto con la escuela laica, con los textos, con los alumnos, con los profesores, en fin, con la atmósfera envenenada de los establecimientos oficiales de instrucción, contrarresta todos los esfuerzos que se hacen en el templo, en el hogar y en cualquier parte para orientar a la niñez y a la juventud (). Y a pesar de esto, tranquilamente envían a sus hijos a las escuelas laicas”.

Esas son las ideas a las que se rinde culto en el Santuario, con el apoyo moral y material del Gobierno del Estado de Jalisco.

¿Qué sigue en la lógica de Emilio González Márquez? Si permitimos que siga utilizando el presupuesto de forma discrecional y no se para en seco la serie de abusos y violaciones que viene perpetrando en contra de la sociedad jalisciense, nos toparemos que en poco tiempo establecerá, con fondos públicos, salarios a ministros de culto católicos, financiamiento para promover eventos parroquiales, construcción de seminarios, instauración forzosa del catecismo en escuelas públicas (desde la óptica cristera y con crucifijos en las aulas de clase), cederá el canal 7 del Estado para programación religiosa, impulsará más libros para fomentar sus creencias y cuanta ocurrencia le venga en mente.

Hasta ahí las citas textuales tomada de la queja presentada ante la CEDHJ el pasado domingo 30 de marzo. La historiadora, egresada de la Universidad de Guadalajara, es autora del libro “Los Nuevos Beatos Cristeros. Crónica de una Guerra Santa en México”.

pedromellado@gmail.com

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