Crece el rechazo a la reforma del artículo 24 constitucional

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Daría paso a “un modelo confesional similar al franquista”

Señor director:

En relación con la reciente reforma del artículo 24 constitucional –aprobada el pasado 15 de diciembre por la Cámara de Diputados–, en donde se cambió el concepto de libertad de creencias y de culto por “libertad de religión”, me permito compartir algunas reflexiones.

La modificación –que el Senado aprobará o rechazará en febrero–, resulta en apariencia inocua; sin embargo, el problema radica en su interpretación. Me explico: el Episcopado Mexicano ha redefinido conceptos que gozan de aceptación para dotarlos de contenidos acordes con sus particulares intereses. En primer lugar, invoca los derechos humanos para recuperar privilegios; el principio jurídico de igualdad lo condiciona al reconocimiento de que su credo cuenta con mayor representatividad; admite la tolerancia siempre que sea selectiva: en los países donde es minoría pugna por un Estado laico y en donde es mayoría atropella los derechos de las demás confesiones, etiquetándolas peyorativamente como sectas.

Cuando los obispos y sus aliados hablan de libertad religiosa, el contexto es la enseñanza católica en las escuelas públicas y no la libertad de profesar el credo que cada uno juzgue conveniente. La añeja pretensión clerical de modificar el artículo 3º constitucional, cuyo texto vigente señala que “la educación que imparta el Estado será laica y, por tanto, se mantendrá ajena a cualquier doctrina religiosa”, es, de suyo, grave. Uno de los escenarios que plantean los opositores al Estado laico, es la inclusión de la catequesis como asignatura en los libros de texto gratuitos, lo cual obligaría a los profesores –religiosos o laicos– a impartir esta materia y a otorgar calificación y, en su caso, reprobar a todo aquel que se resista. Es claro que los niños pertenecientes a las minorías religiosas sufrirían, innecesariamente, el flagelo de la discriminación, la violación de sus derechos humanos y la deserción escolar a causa de un modelo educativo excluyente e intolerante.

Así, la jerarquía católica chantajea y exige al gobierno y al Congreso la restitución y ampliación de privilegios –que no de libertades–, entre los que se cuentan la instrucción religiosa en los “espacios públicos”, la posesión y control de medios de comunicación electrónicos y la participación de los ministros de culto en política electoral. Sobra decir que con tales pretensiones se pondrá fin al Estado laico y se dará paso a un modelo confesional similar al franquista.

Conviene recordar que la erosión del Estado mexicano tiene su origen en la subordinación del gobierno federal a la agenda político-religiosa que El Vaticano impulsa en nuestro país. En octubre de 2007, por citar un ejemplo,  Domenique Mamberti exigió al presidente Calderón “una plena garantía de libertad religiosa” y la “supresión de equívocos” en las normas vigentes en nuestro país”.

Los diputados que votaron a favor de dicha reforma (junto con los que se ausentaron del recinto legislativo, que convalidaron el golpe al Estado laico), traicionaron el legado de Benito Juárez y de los hombres de la Reforma: sus intereses personales y de grupo obnubilaron principios y pronto olvidaron que para establecer el Estado laico se pasó por guerras civiles y de intervención extranjera, ataques desaforados contra la tolerancia, reivindicaciones de la educación pública, lucha contra las inercias y los prejuicios históricos y el enfrentamiento a los poderes del clero y los terratenientes.

Por las razones citadas, exijo al Senado que dé marcha atrás a la precipitada aprobación que hiciera la Cámara de Diputados. En manos de la Cámara Alta se encuentra el destino de país que queremos heredar a nuestros hijos. La consolidación del Estado laico exige la defensa de la educación laica. Ante las pretensiones del clero y sus aliados por retomar el sometimiento de las conciencias, alcemos la voz: ¡No a la reforma del artículo 24 constitucional!

A t e n t a m e n t e

Laura Campos Jiménez

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Proceso, n. 1837, 14 de enero de 2012, sección Palabra de Lector.

Twitter:  @serhistoriadora               camposjmz@gmail.com

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6 comentarios

  1. jonadad said,

    enero 15, 2012 a 5:05 pm

    Ojalá que no seamos unos pocos los que tengamos el valor moral de defender la patria, sino que seamos todos.

  2. Eliseo Rivera P said,

    enero 17, 2012 a 6:10 pm

    Hay que preservar el Estado Laico, en toda su dimensión, por ser la única garantía de la paz social, en que se sustentan la libertad, la justicia y la igualdad entre los hombres y la propia sociedad mexicana.

  3. Eliseo Rivera P said,

    enero 18, 2012 a 4:17 pm

    SE DEBE INCERTAR EN EL ARTICULA 40 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA MEXICANA ; QUE MÉXICO ES UN PAÍS LAÍCO Y DEMOCRÁTICO. Y NO A LA REFORMA DEL ARTÍCULO 24 DE NUESTRA CARTE MAGNA. OJO SEÑORES SENADORES; ÉSTO ES UN CLAMOR POPULAR

  4. Antonio said,

    enero 21, 2012 a 11:36 am

    El amor y el respeto al prójimo en primer lugar, y a sus derechos en segundo lugar, en la justicia y en la verdad, es la vida, la libertad y la paz, entre los seres humanos, los pueblos y las naciones, en el mundo entero; esto fue predicado por Cristo Jesús, a quien nadie supera. Jesús mismo fue quien fundó el estado laico; tampoco laico significa, sin religión o sin Dios, o aconfesional, si no significa con religión o con confesión, tampoco lo contrario. Laico significa “del pueblo”, del griego laos = pueblo, y laico = del pueblo; basta ya de mentiras manipuladoras, la mentira nunca dará la paz, nunca nos traerá la libertad, nunca nos reconciliará.

    No creo en la prédica de mis obispos, quienes en los hechos practican lo contrario al Evangelio. Estoy convencido, sin embargo, que el único estado laico que nos dará la libertad y la paz anheladas es el estado laico fundado por Jesús, fundado en la verdad, en el amor, en la vida y en los valores del ser humano; y sobre todo cuando dijo: “DAR AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR…”.

    Soy católico, y pertenezco al movimiento eclesial Ad Gentes, en Ocotlán, pero creo que los sacerdotes deben permanecer en sus sacristías por respeto al Estado laico, y no influir en la educación ni en la política como lo han hecho desde tiempos del emperador Constantino en 313 d. C.

  5. enero 30, 2012 a 5:51 pm

    Ojo con esto que desean hacer con la Reforma…

  6. Antonio said,

    febrero 26, 2012 a 9:34 am

    No al totalitarismo confesional, ni al totalitarismo religioso, sino un definitivo sí al laico libre, como Jesús lo dejó.

    Afortunadamente, el cardenal Sandoval se largó de la arquidiócesis.

    Amor y paz en Dios a todos.”

    Antonio Ortega, laico comprometido
    Movimiento eclesial Ad Gentes, Oclotán


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