El nuevo libro de Carmen Aristegui


 

Por Laura Campos Jiménez

El pasado 28 de noviembre –en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara–, la periodista Carmen Aristegui presentó su nuevo libro, Marcial Maciel. Historia de un criminal, editado por Grijalbo.

La idea de escribir este libro, refiere la autora, “es que todo lo ocurrido en torno al caso Maciel no quede en el olvido o en el simple anecdotario […]. De eso trata este libro, de la reconstrucción de los más importantes capítulos que, a lo largo de décadas, dieron lugar a esta saga de crimen, complicidad, encubrimiento, mentiras y estulticia que ha llegado a los más altos niveles de la jerarquía y del mundo empresarial y mediático, así como a amplios espacios de la sociedad, tanto en México como en los diferentes países en donde la Legión tiene asentados sus reales (p. 32).

En su nuevo  libro, de 295 páginas, Carmen Aristegui recoge los testimonios de cinco ex legionarios que fueron sometidos a los abusos de Marciel Maciel: José de Jesús Barba Martin, Saúl Barrales, Arturo Jurado Guzmán, José Antonio Pérez Olvera y Juan José Vaca Rodríguez. “En la memoria quedará la firmeza moral del grupo de ex legionarios que decidieron emprender este camino, sabedores de tener casi todo en contra”, apunta la periodista (p. 18).

En total, son 17 las entrevistas que Aristegui presenta en su libro, en donde destacan los comentarios de Bernardo Barranco, Roberto Blancarte y Alberto Athié; éste último, como un sacerdote diocesano que “llegó hasta las últimas consecuencias, renunciando incluso a su ministerio sacerdotal” (p. 18).

En estas páginas se pueden leer los testimonios de tres de los hijos de Maciel: Omar, Raúl y Christian González Lara, y de Blanca Lara, madre de estos y pareja por décadas del controvertido religioso. Dentro de los argumentos de esta familia se incluyen las graves acusaciones de Omar y Raúl sobre abusos sexuales de su padre en contra suya. Se transcribe íntegra la entrevista que Carmen Aristegui realizó en su programa radiofónico Noticias MVS con la familia biológica de Maciel.

En la obra reseñada se encuentran los testimonios de Luis Garza Medina, vicario de la Legión (transcrito de una “grabación clandestina”), del periodista Jason Berry y del abogado Jeff R. Anderson, entre otros.

Cabe destacar que en los anexos de dicha obra, se encuentran una serie de documentos, algunos de ellos inéditos, que por su importancia y en el contexto de esta historia, explican por sí mismos el modus operandi de las altas esferas eclesiásticas respecto al “caso Maciel”.

 ¿Qué es “el caso Maciel”?

El periodista Miguel Ángel Granados Chapa, quien escribe el prólogo del libro, hace una interesante reseña:

“[...] Leyendo sus páginas se asiste a la mayor crisis de la Iglesia católica en el mundo contemporáneo, la de la pederastia clerical […]. Al revelar [Aristegui] el retrato del delincuente codicioso queda también al descubierto la naturaleza de la Legión, esa máquina de hacer dinero, cuyo patrimonio es una suerte de botín en disputa entre el Vaticano y los todavía no claramente frustrados herederos de Maciel (p. 15).

“¿Qué es ‘el caso Maciel’? Se trata de la doble vida del creador de la Legión de Cristo, que fue declarado modelo para la juventud por el papa Juan Pablo II […], cuando en los años cincuenta la noticia acerca del comportamiento perverso de Maciel había provocado una indignación sobre su conducta, emprendida por el Vaticano. De ella, sin embargo, quedó exonerado, no porque se le encontrara inocente de los cargos que se le imputaron, sino porque ya surtían efecto sus relaciones con la curia vaticana, alimentadas por la largueza con la que se conducía frente a ellos el ambiguo sacerdote, que procuraba proyectar una imagen de santa severidad y que era un dictador que imponía sus perversiones a quienes estaban obligados a callar y a los que hacía incurrir en pecados de los que el mismo pederasta los absolvía, y contra los cuales predicaba en sus homilías”, anota Granados Chapa (pp. 12-13).

A pesar de las  atrocidades en comento,  las víctimas de Maciel –escribe Granados Chapa– fueron “tildados de escandalosos, y sometidos al escarnio público que aumentaba el pesar que el abuso cometido en su contra les había generado.

“Maciel no fue nunca punido con la severidad que reclamaban sus inmorales conductas –la pederastia fue solo una de ellas–, pero perdió la imagen de santidad que lo aureolaba. Desde Roma misma, donde se le brindó apoyo e impunidad durante décadas, brotaron uno tras otro documentos que disminuyeron su poder y, finalmente, debieron admitir y condenar la doble vida de Maciel”, concluye el columnista  (p. 14).

Llamar a cuentas al más alto jerarca de la Iglesia católica: un paso impostergable

En la introducción del libro Marcial Maciel. Historia de un criminal, Carmen Aristegui hace un recorrido histórico, puntual e impecable, sobre el protervo perfil del fundador de los Legionarios de Cristo, así como de las redes de complicidades que le permitieron seguir cometiendo los dichos abusos:

“Joseph Ratzinger, como pocos en el Vaticano, ha tenido información directa, durante años, sobre las conductas criminales del fundador de los Legionarios de Cristo. Conoció lo que él mismo describió a principios de mayo como el sistema de relaciones que a Maciel ‘le permitió ser inatacable durante mucho tiempo’. Él sabe de primera mano de lo que está hablando. El caso Maciel, tan siniestro como prolongado, y otros ahora conocidos, coloca al pontífice en el delicado papel de juez y parte. Hoy como nunca, en los tiempos modernos, queda la puerta abierta para llamar a cuentas al más alto jerarca de la Iglesia. El desarrollo democrático de los países, los principios universales de los derechos humanos y la fuerza adquirida por las instancias de justicia internacional, hacen creíble la idea de que hoy por hoy se podría, y debería, enjuiciar a un sumo pontífice (p. 22).

“Hay otros hechos en los que se acusa a Joseph Ratzinger por encubrir y ocultar a sacerdotes que abusaron de niños y seminaristas. The New York Times ha documentado que Ratzinger, cuando era obispo de Munich, encabezó una reunión en enero de 1980, en la que se autorizó que un sacerdote pederasta, el padre Hullermann, fuera trasladado a la congregación de Essen en Alemania, en donde vuelve a tener contacto con otros niños. Pocos años después Hullermann es encontrado culpable de abusar sexualmente de menores en una parroquia de Bavaria. ¿Cómo responde hoy el pontífice de su propia conducta en aquellos años, eludiendo la justicia y la acción penal en contra del sacerdote?”, puntualiza Aristegui (p. 23).

Crisis en la Iglesia católica

Benedicto XVI, escribe la autora,  “vive una crisis de confianza y liderazgo sin precedentes, no sólo por los recientes escándalos de pederastia dentro de la Iglesia católica, sino por el fracaso para enfrentar los retos que el presente le impone a la humanidad y a la propia Iglesia (p. 23).

“El histórico comunicado del 1º de mayo de 2010 de Benedicto XVI –que significó la defenestración post mortem de Marcial Maciel– era trascendente no sólo porque reconocía las conductas execrables del fundador, sino que aceptaba de cierta manera la existencia de una red de silencio y complicidad que lo protegía: ‘Los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del padre Maciel, confirmados por testimonios incontestables, representan a veces auténticos delitos y revelan una vida carente de escrúpulos y de un verdadero sentimiento religioso […] El padre Maciel había sabido hábilmente crearse coartadas, ganarse la confianza, familiaridad y silencio de los que lo rodeaban y fortalecer su propio papel de fundador carismático’ (p. 19).

“Benedicto XVI terminó por caer en cuenta que una investigación seria sobre encubrimiento o complicidad lo haría topar con su propia figura y la de su antecesor, Juan Pablo II, quien resultó ser el más grande protector de Marcial Maciel (p. 20).

“La historia parecía haber terminado con la muerte del superior legionario en 2008, pero dio un vuelco y su caso tuvo un cambio cualitativo a la par de las condiciones que vive hoy la Iglesia en sus conjunto, sumida en una crisis de credibilidad por los escándalos revelados en distintas partes del mundo, y por un fenómeno de ‘encubrimiento masivo’, como lo llamara el ahora fiscal general de Massachusetts, Tomás Reilly. Esta expresión se refiere a la conducta institucional de la Iglesia católica al proteger a cientos de sacerdotes que habrían perpetrado abusos contra más de 1000 menores en la arquidiócesis de Boston desde 1940″, anota Aristegui.

Norberto Rivera (izquierda), Girolamo Prigioni y Marcial Maciel (1997).

Norberto Rivera (izquierda), Girolamo Prigioni y Marcial Maciel (1997).

Norberto Rivera: ¿Legionario de Cristo?

Roberto Blancarte, en la entrevista que le concede a Aristegui,  toca el tema del cardenal Norberto Rivera y su relación con el sacerdote Marcial Maciel y su congregación:

“Norberto Rivera es de los que, aunque no lo admita, se hizo cercano y estableció alguna complicidad con los Legionarios de Cristo. Los utilizó durante mucho tiempo, por ejemplo, para formar su departamento de medios de comunicación; seguramente estableció muchas relaciones y es cuando uno empieza a entender sus posiciones de defensa de cosas indefendibles. Era obvio en su caso. Está comprobado en sus declaraciones, lo dijo y lo siguió defendiendo. Y de hecho ahora mejor ya se calló […] En sus homilías sólo hay referencias muy vagas y ambiguas y hasta ahí. Más bien su verdadero trabajo ha sido tratar de deslindarse para que no le toque el lodo que está saliendo (p. 120).

“Ahora, los obispos y los arzobispos han dicho muchas mentiras, que ellos no se metieron a resolver problemas porque no era de su jurisdicción; lo cual es completamente falso. Cada obispo tiene control sobre lo que sucede en términos gubernamentales, legislativos y judiciales en su diócesis o arquidiócesis, así que todo lo que hicieron los Legionarios de Cristo en la arquidiócesis de México era responsabilidad del arzobispo de México” (p. 121).

“En el caso de los Legionarios es muy importante ligar a Marcial Maciel con su obra, con el modelo de congregación que tuvo y que existe todavía. No solo es su pederastia […]. Yo dudo que el entorno cercano a Maciel no supiera nada. Es prácticamente imposible”, concluye el doctor Blancarte (p. 117).

En relación al cardenal Rivera, a quien la autora señala como “uno de los más claros defensores de Maciel”, la periodista señala: “Llama la atención que el prelado no muestre ninguna intención de disculparse cuando menos ante aquellos a quienes ofendió. Al sacerdote Alberto Athié lo apartó de sus responsabilidades y llegó a echarlo prácticamente de su oficina cuando, siendo sacerdote, solicitaba que se investigará el caso Maciel” (pp. 28-29).

Conclusiones

Una de las conclusiones a las que llega la periodista Carmen Aristegui en su documentado libro, es la perseverancia en la búsqueda de la justicia de muchas personas:

“Después de años de denuncias, y en virtud de una situación ya crítica para la Iglesia, un tramo de verdad se impuso y con ella el triunfo del pequeño gran grupo de personas –varias de las cuales prestan su testimonio para este libro– quienes hasta el final sostuvieron una postura de denuncia […] Con el caso Maciel, la biografía del pontífice alemán permanecerá por siempre marcada por una larga estela de claroscuros y acciones contradictorias, de una voluntad que pareció verdadera, pero que no tuvo la fuerza para culminar la tarea. Como sea, queda aquí para los lectores la fascinante y siniestra historia del sacerdote mexicano. Ésta, la de Marcial Maciel. La historia de un criminal” (p. 33).

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La revista “El Búho”,  en su edición de febrero,  reproduce mi reseña sobre el libro de Carmen Aristegui

 
 
 

 

El búho, año 12, n. 126, febrero de 2011

 

 

La reseña que escribí sobre el libro de la periodista Carmen Aristegui apareció publicada en la revista cultural “El Búho”, editada por René Avilés Fabila, correspondiente al mes de febrero de 2011 (año 12, n. 125, pp. 53-55).

Comparto dicho ensayo en archivo pdf:

El Búho, n. 126, febrero de 2011

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Pd. El doctor José Barba Martin, quien fue uno de los presentadores del libro Marcial Maciel. Historia de un criminal en la FIL, me hizo favor de enviar su ponencia. Comparto con ustedes las interesantes reflexiones de uno de los protagonistas de este doloroso capítulo: el “caso Maciel”.

Presentación del libro de Carmen Aristegui. Doctor José Barba Martin

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Solidaridad con Carmen Aristegui

Desde este espacio, un abrazo solidario a la periodista Carmen Aristegui. Su regreso a MVS Noticias, después de la incalificable censura de la que fue objeto, es un triunfo para la libertad de expresión y una congratulación para millones de mexicanos se sintieron agraviados por acciones que se creían ya superadas en nuestro país.

El verdadero rostro del cardenal Sandoval


 

Por Laura Campos Jiménez

El pasado 17 de marzo, durante la presentación del libro “El verdadero rostro del cardenal”, el arzobispo Juan Sandoval Iñiguez reconoció que al interior de la Arquidiócesis de Guadalajara se han presentado casos de pederastia sacerdotal, aunque, matizó, “sólo han sido cinco o seis en nueve años los implicados entre más de mil sacerdotes en funciones, además de que ya se les castigó en el seno de la Iglesia católica”.[1]

El cardenal Sandoval, ante dichas revelaciones, refirió que “el porcentaje [de abusos sexuales del clero] es bajo”, y pidió a sus fieles que los casos de acoso de parte de sacerdotes hacia menores deben ser denunciados ante las oficinas del arzobispado para investigarlos, en lugar de acudir a la autoridad civil.

Sandoval: protector de pederastas

El arzobispo tapatío -cabe recordarlo- en lugar de reprobar los escándalos de abuso sexual en los que se han visto involucrados diversos clérigos de la Iglesia católica, ha considerado que se debe comprender y perdonar a los curas que incurrieron en esa falta, “puesto que el hombre es débil y está expuesto a fallar”.[2]

Al tocar el tema de los abusos sexuales del clero, el purpurado omite hablar sobre la reparación del daño perpetrado a las víctimas y la necesaria acción de la justicia; en cambio, invita a sus feligreses a entender “que los ministros de la Iglesia son seres humanos que en determinado momento de su vida pueden dar la espalda a Dios y fallar […] pero deben ser comprendidos”.[4] Recuerda que en Guadalajara “hay un centro de atención que atiende a los sacerdotes que tienen problemas, de estos y de otros, para rehabilitarlos”.[5]

El “centro de atención” al que el prelado hace referencia, es en realidad una clínica para rehabilitar sacerdotes pederastas y atender sus adicciones, conocido como “Casa Alberione”. En este lugar –de acuerdo a la periodista Sanjuana Martínez– se hospedan durante tres o seis meses presbíteros de más de dieciséis países. El cardenal suele acudir con regularidad. Celebra misas y supervisa el funcionamiento ‘terapéutico’ del lugar:

La Casa Alberione es un búnker cercado [...] Dirigida por el purpurado, se trata de una clínica para sacerdotes pederastas denominada “Centro de Adicciones [...] El refugio para los curas con “problemas de conducta”, que está ubicado en la calle Pemex número 3987 de la colonia Vista Hermosa, cuenta con instalaciones de cinco estrellas y personal especializado.[6]

Sandoval, en una carta pastoral de 2002 titulada “Escándalos en la Iglesia”, encomia y justifica la existencia de la “Casa Alberione”:

En esta Iglesia de Guadalajara, a los sacerdotes que caen en una situación de pecado y de escándalo, en esta o en otra los campos de la espiritualidad, la medicina y la psicología, en una casa fundada aquí para ayudar a sacerdotes que padezcan depresión o cansancio y aquellos que caigan en conductas indebidas”,[7]

¿Cuántos sacerdotes pederastas habrán pasado por la clínica dirigida por el cardenal Sandoval Íñiguez? No es posible saberlo. Los curas que pasan por la Casa Alberione, al ser dados de alta por el arzobispado, vuelven a ser colocados en otras capillas, en otros estados o países, cuantas veces sea necesario, todo para salvar el buen nombre de la Iglesia católica y para evadir la acción de la justicia.

El caso del sacerdote Heladio Ávila

En la presentación del libro “El verdadero rostro del cardenal”, el tema de la pederastia clerical salió a relucir cuando el arzobispo tapatío declaró que “cuando se le comprueba a algún sacerdote que comete esa falta (pederastia), aquí en la Arquidiócesis se le suspende. Es un castigo mucho muy grande, porque ya no puede ejercer el ministerio…”.[8] Esta advertencia, contrario a la anterior aseveración, es falsa y forma parte del característico doble discurso de Sandoval: en la arquidiócesis de Guadalajara se mantiene en activo a sacerdotes pederastas, a quienes se protege -en una acción de complicidad- de la acción de la justicia.

Cura Heladio Ávila Avelar

Cura Heladio Ávila Avelar

Uno de los casos más conocidos, es el del sacerdote Heladio Ávila Avelar, vicario en la parroquia “La transfiguración del Señor”, perteneciente a la arquidiócesis de Guadalajara, quien fue sentenciado por el delito de violación en agravio de tres niños, de ocho, nueve y diez años de edad, respectivamente, en julio de 1996.[9]

El expediente del caso relata con detalle los abusos de Ávila: “…los menores de edad fueron invitados por el sacerdote a tomar clases de piano y una vez en la casa parroquial, Ávila jalaba a alguno de ellos hacia una de las habitaciones, donde llevaba a cabo el atentado sexual en su contra.”.[10]

El párroco ofrecía fruta y dulces a los niños a cambio de lo que les hacía, con el fin de que “no dijeran nada”. Sin embargo, sus familiares se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo cuando uno de los menores habló y los padres se entrevistaron con el acusado. El sacerdote aceptó ante los padres de las víctimas haber abusado sexualmente de los niños, arguyendo que “los menores se lo pidieron”,[11] y amenazó que si lo denunciaban mandaría a matar a los niños o cuando menos los iba a desaparecer. Entonces uno de los padres decidió llamar a la policía para detenerlo.[12]

El cura Ávila, al ser aprehendido, reconoció los hechos ante el Ministerio Público, mientras que los padres de los menores adviriteron a esa instancia judicial que “no eran las únicas víctimas del delito, sino que hay más, cuyos padres no acudieron a denunciar”.[13]

En su declaración ministerial, el sacerdote Heladio Ávila confesó que anteriormente había realizado ataques similares en agravio de niños “en otras poblaciones”, donde “estuvo asignado, pero nunca antes había tenido problemas”.[14] Estas afirmaciones quedaron asentadas en el expediente 16862/96 del juzgado undécimo de lo criminal.[15]

En su defensa, la arquidiócesis de Guadalajara adujo que el cura Ávila estaba mal de sus facultades mentales. Esta argucia, refiere Carlos Fazio, es “el socorrido recurso de declarar ‘enfermo’ a un violador, o inimputable, es decir, una persona que no tiene capacidad de un querer o entender”.[16]

El sacerdote en comento fue sentenciado a 15 años, cuatro meses de cárcel, siendo suspendido de sus funciones eclesiásticas.[17] No obstante, Heladio Ávila sólo purgó tres años en prisión. El 13 de agosto de 1999 salió de la cárcel de Puente Grande, en Jalisco.[18] La periodista Sanjuana Martínez refiere que dicha libertad fue concedida “gracias a la intervención de sus superiores eclesiásticos”,[19] quienes le enviaron de nuevo a la “Casa Alberione”.

Al salir del penal, el Cardenal Sandoval Íñiguez ya esperaba al sacerdote, a quien restituyó de inmediato al frente de una nueva parroquia. A partir del año 2000, Ávila Avelar prosiguió celebrando misas y confesiones bajo la protección del arzobispo tapatío. En el Directorio Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara del año 2006, aparecía como clérigo en funciones de una parroquia de Tlaquepaque, en Jalisco.

Cuando un reportero entrevistó al cura Ávila, tiempo después de los hechos delictivos, y le preguntó si había estado mal de sus facultades mentales cuando abusó de los menores, éste respondió: “No, no fue cierto. Fui conciente. Sé que mi conducta no fue buena. Mi conducta hace daño…”.[20]

 El cardenal Sandoval nunca ha denunciado a ningún cura pederasta. Si el sacerdote Heladio Ávila fue procesado penalmente, no lo fue por la intervención del arzobispo tapatío, quien conocía de su tendencia paidófila, sino porque los padres de las víctimas acudieron a las instancias judiciales en lugar de los tribunales eclesiásticos. Si el arzobispado de Guadalajara conocía de los abusos sexuales del citado clérigo, como hasta aquí se ha documentado, es entonces cómplice de las agresiones perpetradas a los menores, por haber tolerado a este religioso al esconderlo y cambiarlo de parroquia.

En el caso de los seis sacerdotes pederastas, el cardenal Sandoval está en la obligación de denunciarlos ante la autoridad civil, porque de lo contrario incurriría en el delito de encubrimiento.

La ropa sucia se lava en casa

El 10 de abril de 2002, el arzobispo de Jalapa, Sergio Obeso, en el contexto de la la LXXIII Asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), pronunciaría una frase que daría la vuelta al mundo. Interrogado sobre la posibilidad de que la Iglesia católica mexicana hablara de los casos de abusos sexuales del clero de manera pública, expresó: “La ropa sucia se lava en casa”.[21]

El obispo Renato Ascencio, de Ciudad Juárez, aceptó abiertamente que los casos de pederastia cometidos por sacerdotes y religiosos son juzgados por las autoridades eclesiásticas en sus tribunales y bajo sus propias “penas”: “No nos corresponde estar entregando a nuestros hijos a la autoridad civil; nos toca juzgarlos según nuestras leyes”.[22] Explicó que “así como un padre no entrega a la justicia civil a un hijo que ha cometido un delito, los obispos no tienen la obligación de entregar a las autoridades a los sacerdotes infractores”. [23]

El arzobispo Luis Morales, de San Luis Potosí, reiteró que “no corresponde” a los jerarcas católicos denunciar a los sacerdotes pederastas. Las aseveraciones de los prelados fueron interpretadas por algunos especialistas como la reivindicación –por parte de los obispos–, de un “fuero especial” eclesiástico para encubrir delincuentes.[24]

Conclusiones

¿Por qué el cardenal no acepta ninguno de los cientos de casos de pederastia clerical? La periodista Sanjuana Martínez explica con precisión esta interrogante:

Cuando el cardenal reconozca el primer caso de uno de sus sacerdotes y lo denuncie a las autoridades policiacas tendrá que empezar a pagar la reparación del daño a las víctimas que claman justicia y verdad, algo que no está dispuesto a hacer. La Iglesia de Estados Unidos ha desembolsado más de dos mil millones de dólares en compensaciones a las más de cien mil víctimas de cinco mil sacerdotes. La Iglesia católica de México ni un solo centavo.[25]

 Estas acciones, sin duda alguna, nos revelan el “verdadero rostro del cardenal”.


NOTAS

[1] Milenio, 18 de marzo de 2010.

[2] El Universal, 17 de abril de 2002, p. 16ª.

[3] Ídem

[4] Ídem

[5] Ídem

[6] Jorge Zepeda Patterson et. al., Los intocables, Planeta, México, 2009, pp. 14-15.

[7] Ídem,  p. 48.

[8] http://elrespetable.com/item-lamenta-pederastia-pide-ver-a-buenos-sacerdotes

[9] El Occidental, 11 de julio de 1996, p. 14ª.

[10] Siglo 21, 12 de julio de 1996, p. 21.

[11] Ídem

[12] El Occidental, 12 de julio de 1996, p. 14ª.

[13] Siglo 21, 12 de julio de 1996, p. 21.

[14] Ídem

[15] Ídem

[16] Carlos Fazio, En el nombre del Padre. Depredadores sexuales en la Iglesia, Océano, México, 2004, p. 241.

[17] Cambio, n. 45, 21 al 27 de abril de 2002, p. 14.

[18] Ídem

[19] Sanjuana Martínez, Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical, Planeta, México, 2007, p. 53.

[20] Carlos Fazio, op. cit., p. 242.

[21] El Universal, 11 de abril de 2002.

[22] La Jornada, 13 de abril de 2002.

[23] Ídem

[24] Fazio, op. cit., p. 245.

[25] Zepeda, op. cit., p. 49.

 

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El Estado laico y la libertad de creencias


José Paoli (izquierda), Jorge Carpizo, Luis R. González, María de los Ángeles Moreno y Roberto Blancarte.

Por Laura Campos Jiménez

El pasado 21 y 22 de abril, se llevó a cabo el seminario “Estado laico y libertad de Creencias”, organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y el movimiento “Ciudadanos en defensa del Estado laico”, cuya sede fue la Antigua Escuela de Jurisprudencia, en la Ciudad de México.

El análisis y las conclusiones de este seminario, giraron en torno a la necesaria consolidación del Estado laico en nuestro país, la realidad actual del laicismo mexicano y sus recientes embates por parte del conservadurismo y la Iglesia católica institucional. Entre los participantes a dicho evento, destacó la presencia de legisladores, académicos y periodistas:

María de los Ángeles Moreno (Senado); Pablo Gómez (Senado); Pedro Joaquín Coldwell (Senado); Roberto Blancarte (Colmex); Bernardo Barranco (Sociólogo de las religiones), Jorge Carpizo (UNAM); Octavio Rodríguez Araujo, (UNAM); Arnaldo Córdova (UNAM); Pablo Salazar (UNAM); Miguel Ángel Granados Chapa (Periodista); entre otros.

Fueron moderadores: Beatríz Pages, Rodolfo Echeverría, Luis Raúl González y Héctor Fix.

 

Leer las ponencias y conclusiones del seminario

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Historia y laicismo en México


Dra. Patricia Galeana

Por Patricia Galeana

La cultura de la intolerancia religiosa se estableció en México desde la conquista española. En España el Estado se había cohesionado en torno de la religión católica, con la expulsión de musulmanes y judíos. La Inquisición se erigió para perseguir al que pensara diferente. La alianza entre la corona española y la iglesia católica se selló mediante el establecimiento del Regio Patronato.

La iglesia, como aliada del imperio español, condenó a la insurgencia; excomulgó a sus miembros y se negó a reconocer la Independencia, hasta quince años después de consumada. Los papas Pío VII, León XII, Pío VIII y Gregorio XVI siguieron increpando al pueblo de México, para que aceptara el dominio español, hasta 1836. Después, el Pontificado se negó a firmar un concordato con los gobiernos mexicanos, no obstante que todas sus Constituciones, desde la de 1814, la federalista de 1824 reestablecida en 1847 y las dos centralistas (1836 y 1843), establecían un Estado confesional e intolerancia religiosa y por tanto reconocían a la iglesia como un poder constitucional.

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En dos décadas se acentuó la deserción de la feligresía católica


 

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2010/03/29/

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La Jornada Jalisco, 29 de marzo de 2009, p. 3.

En dos décadas se acentuó la deserción de la feligresía católica

Por Juan Carlos G. Partida

En 1950, el 98.21 por ciento de las personas mayores de cinco años en México declaró ser católico, mientras que en el año 2000, el 88.73 por ciento dijo profesar este credo, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). En Guadalajara, por su parte, entre 1980 y 1990, un total de 189 mil 381 personas dejaron de profesar la religión católica, de manera oficial, de acuerdo a la historiadora Laura Campos Jiménez.

“Datos extraoficiales señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo y han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. A este respecto, y siendo menos conservador, el propio cardenal Sandoval afirmaba en 1997, que ‘para el año 2000 podría haber 30 por ciento de mexicanos no católicos’”, dice la especialista en su ensayo El cardenal Sandoval, la indiferencia religiosa y el Estado laico en México.

“En este texto planteo, desde mi punto de vista, cuál es el móvil de la jerarquía eclesiástica en su pugna contra el Estado laico mexicano: la desbandada religiosa, el secularismo actual y la pérdida de influencia y poder en la sociedad contemporánea”, agrega.

Campos Jiménez dice que a nivel nacional, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha reconocido que tan sólo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos, son practicantes (el 6.7 por ciento de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social.

En el ensayo trata de presentar las razones por las que ha crecido la deserción de fieles católicos. Un fenómeno reconocido desde hace varios años por el propio Sandoval Íñiguez, quien afirma que los jóvenes de estas generaciones “crecen como paganos”, al carecer de formación religiosa.

“Ante tales aseveraciones, resulta discutible el hecho de que el arzobispo de Guadalajara no presente ninguna autocrítica o análisis imparcial en donde ofrezca respuestas claras sobre los orígenes del “indiferentismo religioso” que, como él mismo reconoce, se vive en la actualidad, sin asumir, por otro lado, algún grado de responsabilidad ante tal situación”, dice la historiadora por la Universidad de Guadalajara.

Explica que el “indiferentismo religioso” y “desbandada religiosa” caminan en un mismo sentido. Y luego ejemplifica: En América Latina, de acuerdo a cifras publicadas por la CEM, alrededor de 12 mil personas abandonan cada día las filas de la iglesia católica. De 1970 a 1990, 40 millones de latinoamericanos dejaron de ser católicos.

Dinosaurios, sotanas y matrimonio

La cascada de datos continúa en el trabajo de la especialista, quien afirma que no obstante que la grey católica decrece porcentualmente, es un hecho que la jerarquía católica en México está imposibilitada para atenderla personalmente.

“En primer lugar, porque la mayor parte de la citada feligresía, tiene escaso o ningún interés en acercarse a los clérigos para ser formada en la fe que dice tener. Por otra parte, quienes sí tienen ese interés (el 6.7 por ciento de la población), no alcanzan a ser atendidos dado el insuficiente número de sacerdotes (13 mil 380 en México), cuestión, por otro lado, que no parece tener solución porque las vocaciones sacerdotales no crecen a la par de la supuesta demanda del pueblo católico”.

Un dato revelador es que el promedio de edad de los sacerdotes en activo es de 57.3 años en promedio, lo que agrava sin parar el déficit actual. No se trata entonces sólo de la indiferencia religiosa, sino de la propia imposibilidad de la jerarquía eclesiástica “que sigue viendo, de manera inevitable, el éxodo de fieles a otras alternativas religiosas”.

Campos Jiménez también señala el mito que significa el retiro sexual al que deben someterse los sacerdotes, pues en el país existen “cerca de dos mil curas católicos casados, y el hecho de que la CEM no sabe que hacer con ellos y con el problema colateral que este hecho representa”.

“Hoy, alrededor de 90 por ciento de las mujeres que abortan y toman la píldora anticonceptiva, son católicas. La escasez de curas, el colapso del sacerdocio en muchos países y los escándalos sexuales suscitados al interior del clero, han causado desencanto en grandes sectores de la sociedad.

 

Por la “libertad religiosa”

La historiadora se muestra extrañada que la jerarquía católica mexicana, pese al evidente estado descrito en el anterior contexto, continúe su abierta intervención en política, con la participación por supuesto de los propios políticos.

“Aunque un amplio sector de la sociedad se pronuncie en desacuerdo con esta injerencia y perciba que la actual estrategia episcopal (apoyada en el gobierno federal y en los medios de comunicación que tradicionalmente están a su servicio), sea un continuo y sistemático ataque al Estado laico, con lo cual estaría buscando la forma de recuperar los privilegios que la élite jerárquica disfrutó sin contrapesos hasta la época de la Reforma en el siglo XIX”.

Considera que ante tal panorama, la jerarquía católica enfoca sus cabildeos, negociaciones, alianzas y ex comuniones para lograr que el artículo 24 constitucional sea modificado, en el apartado sobre libertad de creencia y culto para suplirlo por el de libertad religosa.

Ello permitiría introducir la educación católica en las escuelas públicas, subvención estatal para los ministros de culto y para sus actividades litúrgicas; la operación de capellanías militares en las instalaciones castrenses, el control directo de medios de comunicación electrónicos, entre otros pliegos petitorios.

“La jerarquía católica pretende trasladar el culto, la instrucción religiosa y el confesionario a las escuelas públicas, ante su evidente fracaso en el terreno de la catequesis en nuestro país y la consiguiente desbandada religiosa, como atinadamente lo reconocen el cardenal Sandoval y los obispos mexicanos en su conjunto”, concluye la historiadora.

La Jornada Jalisco, 29 de marzo de 2010, p. 3 (haga click).

Ensayo: El cardenal Sandoval, el indiferentismo religioso y el Estado laico en México (haga click)

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El Informador, 30 de marzo de 2010, p. 2B (haga click).

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La influencia decreciente de Juan Sandoval

                                                                                                                                                                                                

Por Juan Carlos G. Partida

Pasada una de las épocas principales de la Iglesia católica durante el año, queda muy claro que la crisis de esta agrupación cristiana en Jalisco está en severa caída libre porque ni sus muy tradicionales representaciones del vía crucis logran recuperar el fervor de antaño, perdido en el paganismo de las nuevas generaciones que con tanta tristeza reconoce el cardenal San Juandoval Iñiguez. 

Los datos de las unidades de Protección Civil de que no se reunieron más de 25 mil asistentes durante los llamados días santos en la Judea en Vivo que se realiza en San Martín de las Flores, son un síntoma que no puede ocultarse. Máxime cuando se trata de un hecho que cada año es más notorio ante la baja de espectadores. 

“Yo no ví, pero yo sé que van muchos. No te creas, a la mejor fue un canchanchán de Protección Civil y tú le creíste”, dijo el purpurado cuando se le cuestionaron los motivos de la baja afluencia, una respuesta muy al estilo científico de la Iglesia católica y su reconocimiento siglos después de comprobado de que la tierra si es redonda o que gira alrededor del sol. 

Ante la evidencia de cómo baja la feligresía, lo que no quiere decir que disminuya la fe en Jesús como el representante trinitario del poder divino, lo mejor es irnos a datos oficiales de otros canchanchanes. Por ejemplo en 1950, el 98.21 por ciento de las personas mayores de cinco años en México declaró ser católico, mientras que en el año 2000, el 88.73 por ciento dijo profesar este credo, de acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). 

En Guadalajara, por su parte, entre 1980 y 1990, un total de 189 mil 381 personas dejaron de profesar la religión católica, de manera oficial, de acuerdo a la historiadora Laura Campos Jiménez, una estudiosa  de la Arquidiócesis que preside San Juandoval. 

“Datos extraoficiales señalan que cerca de 28 millones de mexicanos han desertado de las filas del catolicismo y han optado por otra confesión religiosa o han dejado de ser creyentes. A este respecto, y siendo menos conservador, el propio cardenal Sandoval afirmaba en 1997, que ‘para el año 2000 podría haber 30 por ciento de mexicanos no católicos’”, dice la especialista en su ensayo El cardenal Sandoval, la indeferencia religiosa y el Estado laico en México.

Campos Jiménez dice que a nivel nacional, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha reconocido que tan solo 7 de los 89 millones de mexicanos que dicen ser católicos, son practicantes (el 6.7 por ciento de la población), de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Mexicano de Doctrina Social.

“Ante tales aseveraciones, resulta discutible el hecho de que el arzobispo de Guadalajara no presente ninguna autocrítica o análisis imparcial en donde ofrezca respuestas claras sobre los orígenes del “indiferentismo religioso” que, como él mismo reconoce, se vive en la actualidad, sin asumir, por otro lado, algún grado de responsabilidad ante tal situación”, dice la historiadora por la Universidad de Guadalajara.

Explica que el “indiferentismo religioso” y “desbandada religiosa” caminan en un mismo sentido. Y luego ejemplifica: En América Latina, de acuerdo a cifras publicadas por la CEM, alrededor de 12 mil personas abandonan cada día las filas de la iglesia católica. Esto se representa al recordar que de 1970 a 1990, 40 millones de latinoamericanos dejaron de ser católicos.

Si la curia jalisciense insiste en querer ignorar lo que es tan evidente y que se ha mostrado no solo en las judeas, sino en celebraciones tan importantes como las peregrinaciones a las parroquias de San Juan de los Lagos, Zapopan o Talpa, es evidente que no llegarán a ningún lado y permitirán que la deserción y la decepción por la propia actuación de los miembros de la Iglesia y sus dirigentes, crezca con resultados aún más trágicos para quienes viven de la fe ciudadana.

Por eso extraña que aún ante el evidente desencanto, ante la influencia cada vez menos trascendente de la Iglesia sobre sus supuestos seguidores, aún continúen teniendo potestad sobre los anquilosados políticos jaliscienses sin importar color partidista o filiación personal. Por algo será que aún temen a las ex comuniones dictadas desde la vena de los intereses terrenales.

http://elrespetable.com/item-la-influencia-decreciente-de-juan-sandoval

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Entregan reconocimiento al historiador jalisciense José María Muriá


Por Juan Manuel Rivas

Guadalajara, Jalisico (15/02/2010).- El día de ayer en sesión solemne del Ayuntamiento de Guadalajara en donde estuvieron representantes de los tres Poderes de Gobierno, el presidente municipal Aristóteles Sandoval hizo entrega del reconocimiento con la medalla Ciudad de Guadalajara al historiador José María Muría, quien agradeció a las autoridades locales el que le hayan tomado en cuenta para este reconocimiento representativo de los jaliscienses.

“En estos momentos, aquí en el corazón de Jalisco y ante la luz tapatía del atardecer que siempre hecho de menos en mi andar por el mundo no puedo menos que recordar también a unos pocos que ya se han ido y mucho les quedé a deber”, mencionó José María Muriá después de haber recibido el mencionado reconocimiento.

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Perfil


José María Muriá nació en 1942, en la Ciudad de México, pero desde joven ha radicado en Guadalajara. Estudió Historia en la Universidad de Guadalajara (UdeG) y es doctor por El Colegio de México. Ha sido investigador, director de archivos, profesor de diversas instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), político, articulista en diversos periódicos y es autor de una gran cantidad de libros, algunos dedicados al Estado.

Es fundador de la revista Estudios Jaliscienses y de 1991 a 2005 fue presidente de El Colegio de Jalisco. En 2007 fue nombrado maestro emérito por El Colegio de Jalisco y ha recibido diversos reconocimientos en el país.

Fuente: El Occidental, 15 de febrero de 2010

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